SOLIDARIDAD

Ilse Kasdorf: una vida por los niños

Homenaje a la fundadora de Aldeas Infantiles Uruguay a un mes de su fallecimiento.

Ilse Kasdorf. Foto: Archivo El País
Ilse Kasdorf. Foto: Archivo El País

Nací en Montevideo el 22 de febrero de 1921. Mi padre era un ingeniero alemán, mi madre, vienesa. Me eduqué en el Colegio Alemán y mi lengua materna es el alemán. Cuando era adolescente, un joven amigo de mi padre, el doctor Lorenzo, me permitió que lo acompañara en una de sus visitas de rutina a una dependencia del Consejo del Niño (…) Comencé a visitar asociaciones y agrupaciones dedicadas a la protección de niños, pero no encontraba en ellas lo que yo buscaba. Yo misma no sabía definir claramente qué era lo que buscaba”, así relataba Ilse Kasdorf el comienzo de su historia.

El 18 de mayo de 1959, en un consultorio odontológico, Kasdorf, bibliotecaria de 38 años, leyó en una revista un artículo sobre Hermann Gmeiner y la creación de las Aldeas Infantiles SOS en Austria. “¡Esto es lo que yo tengo que hacer!”, pensó en ese momento. Un pensamiento la asaltó: “¿Hay algo más prosaico, aparentemente menos propicio para que allí se cumpla un sueño? […] Si Gmeiner lo estaba logrando en Europa, ¿no podría hacerse esto mismo aquí en América? ¿Y no podría hacerlo yo, aquí, en el Uruguay?” Al día siguiente, la joven consiguió la dirección de Gmeiner y le escribió. Más tarde, relató: “Le confesé que no tenía dinero ni experiencia ni relaciones, pero sí mucho entusiasmo y espíritu de lucha. Él me contestó: ‘Si usted tiene entusiasmo y si es luchadora, ¡comience desde ya! En cuanto tenga su asociación fundada y un terreno, ayudaremos desde aquí’. En el sobre había fotos, folletos y los estatutos de su organización”.

Ilse viajó a Alemania y Austria. Gmeiner le enseñó una de sus aldeas en Viena. “Hoy es un gran día para esta obra. Con usted, mi Asociación de Aldeas Infantiles SOS europea se hará internacional porque usted lleva e introduce mi idea en su país, en otro continente”, narró Ilse sobre lo que le dijo el médico en ese entonces.

A su retorno tenía por delante una gran tarea. “Cuando regresé a Uruguay me formulaba esa pregunta: ¿Cómo involucrar a la gente en una tarea que es mucho más que un mero trabajo?”. Comenzó a difundir su cometido en la prensa nacional para dar a conocer el proyecto y lograr apoyos. “Explicaba que lo pequeño podía convertirse en grande y lo grande en grandioso. Así comenzaron las primeras colaboraciones”, afirmó.

Muchas personas comenzaron a entusiasmarse con la propuesta, pero aún faltaba lo más importante: el predio. “Durante año y medio me dediqué a bombardear tenazmente al Consejo Departamental de Montevideo y al Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social. ¡La constante gota horada la piedra!”

En 1960 obtuvo los estatutos de la Asociación Uruguaya de Aldeas Infantiles SOS y, dos años después, obtuvo un terreno junto al Parque Lecocq en Montevideo.

“Cuando iba a mirar la obra, veía varias casas alzándose entre los árboles y el verdor. Sonreía y los obreros me miraban como si estuviese loca. En mi tiempo libre disfrutaba de ir a imaginarme las casas que iban a surgir. Y así surgieron”. Un trabajador del Parque Lecocq le confesó tiempo después: “Vengo a pedirle disculpas. ¡Nos reíamos tanto de usted! Se apoyaba en el alambrado y miraba, y miraba… ¡y no había nada! ¡Creíamos que estaba loca!”, relató años más tarde.

La toma de posesión del predio se realizó el 31 de agosto de 1962. Ese día se plantaron un ceibo y un limonero, “símbolo de todo lo fructífero, de una vida útil al hombre”.

Las primeras casas llevaron los nombres de Austria, Alemania y Dinamarca. Más tarde llegarían la casa Rotary, Suiza, EE.UU., Río de la Plata, Ombú y Noruega. En la década de 1980 se inició la construcción de la Aldea de Salto en un predio cedido por la intendencia departamental. Se inauguró en 1985, año en que también se obtuvo un predio en Florida. En 1990, al mismo tiempo que Uruguay ratificaba la Convención sobre los Derechos del Niño, abrió sus puertas la Aldea de Florida, la más reciente.

En las últimas décadas, los servicios de Aldeas Infantiles SOS Uruguay se han transformado y diversificado para brindar más y mejores respuestas a niños, niñas, adolescentes y sus familias y garantizar su derecho a la vida familiar y comunitaria. Sin embargo, el legado de aquella mujer enérgica e ilusionada sigue intacto.

Hoy la despedimos con profundo dolor pero con gran admiración y agradecimiento por su visión, su entusiasmo y su incansable trabajo por los niños, las niñas y los/as adolescentes uruguayos/as. Saludamos a su familia, a sus amigos y a todos y todas quienes la apoyaron e hicieron posible que Aldeas Infantiles SOS Uruguay se hiciera realidad.
“Nunca sentí orgullo por lo que he hecho. Solo siento agradecimiento”, decía Ilse.

Los testimonios fueron obtenidos por Pablo Vierci para la publicación de La segunda oportunidad. Aldeas Infantiles SOS: 50 años de servicio en Uruguay.

* Presidenta del Consejo Directivo de Aldeas Infantiles.

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