Maldonado

Una hipnosis pasada por agua

“Punta del Este te hipnotiza” inauguró la temporada de eventos estivales y se hizo bajo lluvia.

El tercer "Punta del Este te hipnotiza" se hizo junto a Bethel Models en la Fundación Atchugarry. Foto: Ricardo Figueredo
El tercer "Punta del Este te hipnotiza" se hizo junto a Bethel Models en la Fundación Atchugarry. Foto: Ricardo Figueredo

La invitación a la Fundación Pablo Atchugarry estaba hecha para las 19:30, pero la tormenta alteró los planes del Bethel Model Glam y el show de hipnosis masivo de Tusam se retrasó más de una hora.

El jueves 27 de diciembre cayó mucha agua y obligó a que el certamen de belleza a beneficio de la Fundación Ecuestre de Maldonado se pospusiera varios minutos. "Paramos la lluvia", dijo a Tusam Eunice Castro, conductora del evento que inauguró la temporada estival, al ver que amainaba.

Tres de las quince modelos hicieron su primera aparición, y sin que mediara introducción, Eunice disparó: "Punta del Este te hipnotiza" y se apersonó Tusam en la pasarela improvisada en medio del jardín de Pablo Atchugarry.

La música se apagó, el ilusionista argentino se concentró, y cuando su cuerpo estuvo bien rígido, alguien lo colocó sobre dos sillas, le puso una escultura de hierro pesada encima y le pegó con un yunque al grito de "más fuerte, más fuerte".

Al cesar los aplausos, un hombre del público lanzó, "sabés cómo le debe de quedar el pecho". Tusam no oyó, se retiró serio y sin hacer comentarios. El show de moda continuó.

Lluvia concentrada.

Había 30 sillas de madera sobre el escenario techado que esperaban ser ocupadas por los espectadores a las 21:06. Subía el que quería. Primero lo hicieron los curiosos en malón, y de a poco se sumaron los más desconfiados. Una hora después de esa hipnosis masiva, Tusam contó a El País que "hace tiempo" para que "lo más rezagados se animen".

No son cobardes, "es una experiencia nueva, no todos entienden qué es la hipnosis". Por eso explica la dinámica antes: la persona no pierde la conciencia ni se duerme, si no estaría desmayada. Es un trabajo de a dos.

El tercer "Punta del Este te hipnotiza" se hizo junto a Bethel Models en la Fundación Atchugarry. Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo

Una señora sube al escenario algo temerosa pero solo quiere un lugar donde sentarse. "Estoy cansada de estar parada". Es que las sillas de la platea están mojadas. Tusam procura ejercer control mental entre los 30 que nos animamos a ser hipnotizados pidiendo que inhalemos y exhalemos. "Imaginen un bosque con un río, un árbol y una casa", dice. Hace una cuenta regresiva de 10 a 0, y manda a que toquemos el piano, luego que elijamos el instrumento que hubiésemos querido aprender en la niñez.

Mientras recrea una pelea en la selva, y cómo los extraterrestres llegan en naves espaciales a buscarnos, se oyen ruidos intensos. Podría confundirse con un estado de concentración extrema, pero no, son las gotas que golpean en el techo de chapa que cubre el escenario y dan cuenta que la tormenta reenganchó.

Tusam nos convoca a bailar a la cuenta de tres. Algunos abrimos los ojos sin haber logrado concentrarnos, otros respiran relajados, y solo tres siguen al pie de la letra su indicación. Salen del trance y no queda nadie en la platea. La lluvia los corrió y el desfile continúa como puede.

Control mental que se lleva en los genes

Tusam cumplió 45 años y 35 de profesión. Tomó conciencia de semejante trayectoria mientras ordenaba unos papeles viejos. Encontró el primer recibo de sueldo que recibió, con 9 años, de un canal, por una aparición como artista de variedades. "Lo enmarqué", dice Tusam hijo, aunque no recuerda cuál era el monto, ni qué hizo con ese dinero. Él es la segunda generación de hipnotizadores, y dejó de ser Tusam Junior cuando falleció su padre y mentor, Tusam, 19 años atrás. "Mi viejo instaló un formato y me lo enseñó como herramienta, pero no se imaginó que yo seguiría". Aunque eso, era fácil sospechar que pasaría. Bastaba con observarlo cuando con 5 años sentaba a sus amiguitos en el living de su abuela y jugaba a hipnotizarlos. A los 14 años tenía un segmento en los shows de su padre, a los 16 participaba de conferencias de control mental para dejar de fumar, y a los 18 empezó a dictarlas solo. La primera vez que Tusam padre vio a su hijo desde la platea le comentó todo lo que podía mejorar. "Sé que le gustó, pero esa data me la tiraba mi mamá, se le cae la baba, me decía". Se considera afortunado por haber podido trabajar en familia y no le pesan las comparaciones. "Soy el hijo de Tusam con orgullo". Lo que más extraña de su padre son "los momentos de laboratorio, estar en una mesa con aparatos, pensar qué hacer o bajar ideas a tierra".

"No me quiero ir del planeta sin ser padre"

Cumplió 45 años el 3 de agosto y algo le hizo un clic. "De chico me imaginaba a esta edad con cuatro hijos, pero miro para atrás y mi vida fue otra: los viajes, el amor por mi carrera, aunque tuve parejas, conviví y estuve a punto de casarme dos veces". Tusam dice que no anda con un cronómetro en la mano, ni tiene un reloj biológico que lo apure, pero "no quiero irme de este planeta sin ser padre".

Así que si no consigue pareja estable pronto, está decidido a subrogar un vientre. Hizo las averiguaciones pertinentes y lo haría en el sur de Florida porque está "recontra aceitado y allí tienen mucha experiencia". Conocía el tema porque vivió muchos años en Estados Unidos, pero decidió hablar con Flavio Mendoza y Marley para que le contaran de primera mano cómo vivieron la situación.

"Tengo relación con los dos, la experiencia es muy buena, aunque es diferente porque ellos son gays, tienen su pareja, yo no, pero muchos hombres y mujeres heterosexuales me escribieron para contarme que tenían el mismo problema". Se imagina "malcriador y cuida" como padre, aunque no hayan sido así con él. "Mis viejos me han contenido mucho, pero me han dejado aletear y curtirme. A los 9 años terminaba el colegio, venía a Punta del Este y pegaba afiches, barría el escenario. Mi viejo tenía dos o tres asistentes, pero igual me hacía trabajar. Repartía volantes a la mañana, almorzaba, agarraba otros mil volantes y gorlereaba toda la tarde, y después hacía el show", recuerda.

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