UN RELOJ QUE NO ES MÍO

Hijo de David Fremd publica relatos íntimos sobre la vida del comerciante

Rafael Fremd revive la memoria de su padre para que su asesinato en Paysandú no sea el único recuerdo

un reloj que no es  mío
Un 8 de marzo de 2016, David Fremd fue asesinado en Paysandú frente a su negocio “La Popular”, en avenida España y Guayabos

"Mi padre es conocido por su forma de morir pero quería que la gente conozca su forma de vivir”. Esa fue la motivación de Rafael Fremd para que cuatro años después del asesinato de su padre, David Fremd, reuniera 20 relatos cortos en un libro que describe su personalidad y su humor: desde su gusto por el chorizo de mezcla casero, el día que probó la nieve, hasta la transformación de su anillo de matrimonio en dos para que su esposa recuperara el que había perdido y así celebrar 25 años de casados.

Quizá el cuento más revelador es el que cierra la colección de Un reloj que no es mío. Allí, Rafael escribe: “Mi viejo no respetaba Shabat. No ayunaba en Ion Kipur. No sabía hablar en hebreo. No comía kosher. No se ponía tefilín. Y ni siquiera estoy seguro si creía en Dios. Aun así fue el judío más judío que he conocido”.

Un 8 de marzo de 2016, su padre fue asesinado en Paysandú frente a su negocio “La Popular”, en avenida España y Guayabos. Un hombre llamado Carlos Omar Peralta lo acuchilló y dijo que era un “enviado de Alá” y que un maestro de 35 años que hasta ese momento estaba a cargo de varios niños en una escuela del ámbito rural. Más tarde fue procesado por homicidio especialmente agravado, odio hacia las personas por actos religiosos y lesiones personales, tras entenderse que el motivo del crimen fueron las creencias religiosas de Fremd.

El hecho sacudió a la sociedad sanducera. Se organizó una marcha de 10 mil persona por el centro de la ciudad en repudio del crimen.

Los titulares del momento definieron al padre de Rafael como “el comerciante judío asesinado” o “el empresario víctima de un homicidio antisemita en Paysandú”.

Y, sin embargo, Rafael aclara que no era un hombre ortodoxo, pero sí vivía según valores religiosos: “La forma de criar una familia, de relacionarse con los demás, el sentido de comunidad; no era religioso pero dedicaba mucho tiempo a la organización de las fechas como el Día del Perdón o Pésaj (Pascua judía) para invitar a otros. Le gustaba lo que significa la música, la comida, la familia, la comunidad”.

La reducción de la vida de su padre al título de “comerciante judío asesinado” inquietó a Rafael desde ese momento. Así empezó a escribir textos que compartía con sus familiares y amigos por las redes sociales, en los que contaba anécdotas, “salidas graciosas”, reflexiones y recuerdos “para completar su memoria”.

Otros les respondían con historias que no conocía porque habían sucedió antes que él naciera.

un reloj que no es  mío
Rafael Fremd tiene 33 años

El cuento que da nombre al libro ya lo había publicado hace dos años en Facebook. Este dice al inicio: “Desde hace unos años uso un reloj que no es mío. Es el reloj que usaba mi papá. Insisto en que no es mío porque él nunca me lo regaló. En realidad, fue un regalo que le hicimos con mi madre y mis hermanos en la primera década del 200. Por momento me olvido que lo llevo puesto. Pero cuando soy consciente de que lo llevo en la muñeca izquierda cambio de postura: enderezo la columna; y con el cuerpo, mi actitud. Me recuerda a papá. Pero sobre todo, me recuerda sus mayores enseñanzas”.

La idea del libro nació hace un año. Rafael tenía unos 30 relatos pero eligió solo 20 luego de recibir el apoyo del periodista y escritor argentino Marcelo Birmajer, quien le marcó “problemas de puntuación y temas de verbos” y le hizo una primera edición al material que le había mandado sin compromiso por correo electrónico. Rafael cree que los 20 relatos “se defienden solos”, es decir, los puede leer cualquiera sin saber quién es ese David que en esas páginas habla de fútbol, prepara el asado con destreza, se baja del auto bajo lluvia para ayudar a una anciana a cruzar la calle, enseña fotos de sus hijos a sus proveedores en las reuniones de trabajo o es el bromista del barrio hasta que en un Día de los Inocentes tuvo que probar su propia medicina. “Las historias hacen reír y hacen pensar. Eran justas con la descripción de mi padre”, comentó Rafael.

A una semana del lanzamiento de Un reloj que no es mío, Rafael ha recibido muchos comentarios; inclusive una carta de un expresidente que no quiso identificar. Pero el mensaje que más lo conmovió fue un audio de tan solo 33 segundos por WhatsApp: “Me puse a leer el libro con mis hijos grandes. Los dos se coparon tanto que al tercer cuento me pidieron para leerlo ellos y en el cuento nueve me pidieron hacer un parate para que les quede para otro día seguir leyendo. El impacto del libro fue hermoso. Te felicito”.

Rafael nunca había pensado en esa posibilidad hasta escuchar que sus cuentos podían interesarle a niños. “Me pareció increíble”, afirmó. Y añadió: “Me escriben con una mezcla de emoción, risa y llanto. Gente que no conozco; gente que dice que le hubiera gustado conocer a mi padre. Estoy absolutamente sorprendido. Cada comentario que me llega es un mimo”.

Cada vez que a Rafael le asalta alguna inquietud, dice que mira el reloj puesto en su muñeca izquierda. “Los problemas se achican, redimensiono los enojos, revalúo los deseos y hasta dudo de mis certezas y preguntas”, escribió en las primeras páginas.

El libro puede ser adquirido por la web unrelojquenoesmio.com. Su costo es $ 490; más $ 150 para envíos a Montevideo y $ 200 para compras desde el interior del país; también hay opciones de pick-up en Montevideo y Paysandú. Todo lo recaudado es donado a Educación Responsable, una fundación pionera en el desarrollo de la inteligencia emocional y social y de la creatividad en centros educativos desde preescolar hasta secundaria.

Rafael quiere seguir así el ejemplo de su padre: una persona que era generosa con los demás y que no divulgaba sus ayudas. “Después de su muerte nos enteramos que ayudaba a muchos. Quise hacer lo mismo que él”, dijo a El País. Es por eso que Rafael insiste en uno de los textos que, si bien su padre no era ortodoxo, “era el judío más judío” que ha conocido en sus 33 años por muchas razones pero, fundamentalmente por una: “Papá era judío cuando priorizaba a su familia frente a cualquier cosa”.

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