A todo repique

Fiesta de ciegos en las Llamadas

La comparsa Balelé es ejemplo de inclusión; desfilaron por 18, y lo harán el 7 de febrero.

Balelé, un motivo de orgullo para el candombe. Foto: Martín Graña
Balelé, un motivo de orgullo para el candombe. Foto: Martín Graña

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Diego Sandoval no quería salir de su casa. Nada lo motivaba. Lo único que lo mantenía en pie eran sus hijas. Un ACV lo dejó ciego hace cuatro años, y perdió el trabajo. No pegaba una hasta que Silvia Iroldi le contó sobre Balelé, y lo arrastró a un ensayo de esta comparsa integrada por ciegos, personas de baja visión, síndrome de down, y sobrevivientes de cáncer.

"El grupo me cambió la vida. Me devolvió el alma al cuerpo porque me estaba quedando", dice Diego mientras espera que sus compañeros dejen la cháchara y agarren los tambores.

Llegó a Balelé hace unos meses sin orientación ni movilidad. Le consiguieron un bastón y lo incentivaron para que empezara la rehabilitación en el Cachón.

Diego tocó en varias comparsas antes del ACV, pero esta etapa es distinta. "Siento mucho más la lonja y el tambor así, sin ver. Es muy profundo y difícil de explicar". Está feliz porque volverá a salir en las Llamadas tras 8 años.

Los domingos se los toma para él y son el mejor día de la semana. "De lunes a viernes es otra la historia y no la quiero contar". En Balele su alma se cura de a poco. "La música, sea cual sea, es buena para el espíritu y eso te eleva".

Los 45 integrantes de esta comparsa nacida en abril de 2015 coinciden en el poder energético del piano, chico y repique, pero sobre todo en la vibra del grupo humano. "A todos nos ha cambiado la vida, incluso personas que no tienen ninguna discapacidad llegan a Balelé y dicen, opa, esto es otra cosa. Yo lo necesito porque me conecta con la plenitud de la vida", expresa Silvia Iroldi, ciega desde los 30 años.

Balelé, un motivo de orgullo para el candombe. Foto: Martín Graña
Foto: Martín Graña

Ella iba cada febrero al desfile de Llamadas y miraba desde la vereda. Se movía al ritmo del candombe pero jamás imaginó que lo viviría de adentro. Le daba mucha vergüenza, y después de que perdió la visión producto de un glaucoma congénito, con 30 años, eliminó por completo esa chance de su mente. Balelé le cayó del cielo. Hoy bailar al ritmo del tambor por la calle es único para ella: "la vibración sube desde el piso, empieza a crecer y explota en el pecho. Es muy fuerte la emoción".

Silvia es testigo del poder sanador de la comparsa. Llega cruzada o con angustias al ensayo, y cuando la cuerda de tambores se abre, y todos pasan, la catarsis es inmensa.

Un Picasso.

El proyecto inicial consistió en armar un taller de danza para mujeres en la Unión Nacional de Ciegos. Las primeras clases que dio la profesora Paula Trías fueron a base de intuición y corazón. Sus alumnas deben tocarla para poder seguir y aprender los movimientos del candombe.

Paula llevó varias propuestas de nombres y las primeras 15 mujeres del taller votaron "Balelé", que significa "fiesta de negros". Calzó perfecto porque coincide con el espíritu de la comparsa: "hay algarabía, baile, alegría y ganas de hacer. Es una fiesta de ciegos", según la docente.

Paula arrimó a referentes de Candomberos Unidos a los ensayos, y ellos dijeron, esto se tiene que mostrar. Así que en 2016 surgió la posibilidad de debutar en Las Llamadas como invitados. "Vi el material que tenían, que podían hacerlo y dije, si me cubren atrás, arranco", confiesa la profesora.

Balelé, un motivo de orgullo para el candombe. Foto: Martín Graña
Foto: Martín Graña

Ese primer desfile fue "un Picasso" para Paula. "Me voy de este mundo dejando algo que me gustó". Está tan comprometida con la causa que sus aguinaldos van a parar a Balelé.

"No puede quedar ningún ciego afuera por no tener plata. Si su pensión es pequeña igual tienen derecho a estar". Hoy la comparsa se financia gracias a rifas y a otros miembros como Paula, porque aún no tienen sponsors.

En sus zapatos.

Sacarles el bastón es la tarea más difícil. "Para ellos es su vida, y necesito darles la confianza suficiente para que sepan que estoy ahí y nada malo les va a pasar", comenta Paula. Cuando a Silvia le contaron que se bailaba sin bastón, y con guías a su lado que marcaban el camino, dijo, ni hablar. Y casi descarta sumarse. "Estar a la intemperie y sin referencias es muy osado. A muchos les da miedo, y no todos pueden superarlo. Descubrí que la contrapartida a ese temor es empezar a sentir mucha seguridad, mejorar tu postura corporal porque la danza te pide orden, bailar en línea, e incluso cambia tu actitud".

Se quitó este símbolo de las personas ciegas adrede y con un fin más amplio: que el público no perciba de entrada la discapacidad visual, que ésta quede en segundo plano, y hacer del show lo central. "Lo que importa es el espectáculo y lo que se transmite con el baile", opina Silvia.

Paula es una gran motivadora. Transmite fuerza, seguridad y ganas. Es candombera de alma pero no baila en la comparsa; se limita a ir, venir, fijarse si llevan agua, y tener todo bajo control porque su mirada es clave para "que se queden tranquilas". Termina cada desfile como si le hubiesen dado una paliza. Se acerca a cada bailarina y les dice cosas bonitas para que se rían y saquen la cara seria.

La paciencia y dedicación de la docente tienen una explicación. "Tuve un tumor en la silla turca (base del cráneo) y pasé por una etapa de baja visión. Viví los mismos miedos que puede atravesar cualquiera de ellos. Las vueltas de la vida me hicieron caer acá", relata Paula. Eso sí, cuando las cosas no se hacen bien, se ligan algún rezongo, porque se quiere dar un show de calidad: que se vea y suene impecable ."Nos parece bien que sea así de exigente porque no buscamos que se diga, para ser cieguitos bailan bien, sino que guste el espectáculo, y que luego salte, ah, mirá, resulta que hay gente con una discapacidad", concluye Silvia.

Los ojos de los artistas durante el desfile

Las irregularidades de las calles, la necesidad de mantener la línea y postura entre los miembros de Balelé hizo que los bastones se sustituyeran por guías. Van al costado de las bailarinas y detrás de los tocadores. "Lo acompaño, no lo llevo porque no es un objeto. Soy los ojos del artista para que mantenga un orden, y tenga la certeza de que no se va a tropezar ni caer", cuenta Zulma, guía de Diego, uno de los cuatro tocadores ciegos.

El lenguaje usado durante el desfile es clave para que salga bien: no existe el aquí, o allá, sino derecha, izquierda, delante o detrás.

Balelé, un motivo de orgullo para el candombe. Foto: Martín Graña
Foto: Martín Graña

Zulma se ubica detrás de Diego, coloca las manos en su cadera, y le da un toquecito hacia la derecha o la izquierda, para que sepa hacia qué lado moverse a fin de mantener la línea, y conservar la distancia con sus compañeros. Si le da toque en el medio de la espalda, Diego sabe que debe avanzar. Le habla poco así se concentra en el sonido.

La guía de las bailarinas se para a la izquierda o derecha y está encargada de relatar lo que sucede alrededor: hay mucha gente, te saludan, te aplauden, hay niños, ahora hay cámaras, te van a sacar una foto.

"18 de Julio me pareció súper amplia, no llegaba nunca hasta el público, y mi guía me decía, seguí, más adelante", cuenta Silvia.

Las bailarinas son parte de la piel de Paula Trías. "Las pongo cerca del público para que sientan el calor y les cuento qué veo: más arriba, enfrente tuyo está la grada, saludá, hay gente mayor. Les digo que agradezcan porque no hay mejor jurado que el público".

Distintas formas de inclusión candombera

Carla tiene síndrome de down, baila muy bien, le encanta el candombe y no había encontrado un lugar donde mostrar su talento hasta que llegó a Balelé. Pero esta comparsa promueve la inclusión también desde la integración de personas videntes. Es el caso del tocador Leo Jaureguy, que termina cada desfile a los abrazos y con lágrimas en los ojos. Cuando uno de sus compañeros ciegos toca suave, Leo intenta motivarlo: un poquito más de fuerza, dale, te están mirando, les dice. "Ese aliento es como una inyección", asegura. Gabriel Seara hizo su debut como jefe de cuerdas en Balele. La primera meta fue lograr que se aflojaran para conseguir la movilidad y postura deseada. "El ciego suele estar tenso y para tocar el tambor tenés que relajarte", dice. El desafío se duplicó porque Gabriel eligió el toque del Cordón, el estilo más rápido que existe en candombe. "Es complicado pero lo han hecho muy bien y lo disfrutan". Paula está en todos los detalles. Apronta un vestuario especial para Las Llamadas porque "es lindo estrenar algún traje esa noche, le da una ilusión diferente", afirma Silvia.

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