Eme de mujer

Tiempo de disfrutar

Las vacaciones compartidas dejan enseñanzas para toda la vida. En esta nota nueve lecciones que aprendí tras diez veranos con amigas: de aceptar las diferencias a entender que el tiempo no vuelve atrás.

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Las vacaciones son "un tiempo de no acción, de fluir, de dejar pasar".

Las vacaciones son el momento de diversión y distensión del año. Sin embargo, salir de vacaciones también es el momento de realizar aprendizajes y muchas veces salir de nuestra zona de confort para aprender a desenvolvernos en ambientes diferentes.

El psicólogo Alejandro de Barbieri explica que la palabra vacacionar proviene de “vacatio”, que quiere decir tiempo de vaciarse y recomienda aprovechar este momento para dejar atrás la tensión vivida en el período anterior y llenarlo con nuevas y productivas experiencias que sirvan para el crecimiento y enriquecimiento personal. Las vacaciones son un momento especial para todas las edades y vale que dejen enseñanzas.

Desde muy chicas las jóvenes comenzamos a vacacionar con amigas. A los casi 26 años, han sido 10 los veranos que he compartido con ellas en balnearios del este y algún que otro viaje. Como lo define una amiga: "Las vacaciones son una secuencia de diversiones", pero además de eso son una oportunidad de conocernos a nosotras mismas y a los de nuestro alrededor.

Estas son algunas de las enseñanzas que se pueden aprender en diez años de vacaciones con amigas:

1. Somos diferentes. Ser diferente de tus amigas te enriquece, porque de esa manera aprendés de ellas. No tenés que vestirte igual, pensar igual, hacer las mismas actividades, sino sería muy aburrido. Es bueno cuando tenés la oportunidad de ver cosas nuevas y aprender.

2. No debemos juzgarnos las unas a las otras. El valor de la amistad muchas veces reside en aceptarnos con nuestros defectos y virtudes, sin juzgar, porque en el futuro nosotras podemos estar en los zapatos de la otra y cuando juzgamos solo le hacemos daño al otro.

3. Debemos disfrutar de los momentos. Ese atardecer, esa salida, esa noche, esa playa no va a volver a estar de la misma manera porque el tiempo no vuelve atrás. A medida que crecemos tenemos actividades y vidas diferentes, y eso, de una manera u otra, no nos hace coincidir tanto.

4. Cuidarse las unas a las otras es una prioridad. En el verano estamos más expuestas a los peligros, algo en la bebida, un descuido nocturno o salir sola puede terminar en una desgracia, por lo que es importante cuidarse las unas a las otras. Si vemos que alguien está actuando raro con alguna no debemos dejarla sola bajo ningún concepto.

5. Es importante hablar las cosas cara a cara. Cuando en un grupo son muchas y están conviviendo siempre surgirán roces o habrán cosas que nos fastidiarán de los otros, pero hablar por detrás o no cotejar los rumores solo dañará la amistad.

6. Todo es mejor cuando se hace en equipo. Nuestras vacaciones entre amigas puede que sea la primera vez que trabajemos en equipo con nuestros iguales, sin la mirada de un padre. Es un momento de aprender que las cosas no se hacen solas y debemos colaborar.

7. Respetarse es la base de cualquier relación. Si no hay respeto de los espacios, de los momentos, y no se comprende que las vacaciones son de todas las cosas no funcionan.

8. No podés ser la mejor amiga de todas. En los grupos grandes se entiende que no sos mejor amiga de todas. Con algunas tenés más intereses en común, más confianza, más años y eso hace que seas más cercanas.

9. El tiempo no vuelve atrás. Algunos de los recuerdos más lindos de tu vida se formarán en las vacaciones.

Para qué sirven las vacaciones


Alejandro de Barbieri da cuenta para qué sirven las vacaciones. "Es tiempo de vaciarse, de vaciar lo que está lleno, lo que está completo, a full como decimos con glamour. Es un tiempo de no acción, de fluir, de dejar pasar, de hacerse tiempo para perder el tiempo", explicó en su columna semanal de Eme de mujer.

"Viktor Frankl habla del vacío existencial, y podríamos decir que existen dos formas de enfrentarlo: una es escapar de él, por lo tanto de uno mismo. Esto ocurre cuando es vivido como un vacío negativo, amenazador; un vacío que uno quiere llenar con actividades, para no enfrentarnos a lo que debemos hacer, a la voz de nuestra conciencia. Pero existe otra forma de enfrentarnos al vacío: transformarlo en vacío fértil, un hacer sin hacer, un tiempo donde uno aprende a ser sin hacer. Sería un vacío positivo, lleno de silencio, de contemplación, de vivencias", remarcó. "Alimentamos la forma de enfrentar el vacío invirtiendo en vivencias y no en cosas. Es un tiempo de no hacer nada, sin obligaciones. Aprender a ser sin hacer; porque si solo somos lo que hacemos, ¡qué pobres somos! ¡Qué pobre existencia aquella que se define solo por el hacer!

Leé este y otros artículos sobre las vacaciones en Eme de Mujer.

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