CIENCIA

Ellos cuentan mejor

Nuevos estudios arrojan que la capacidad numérica de muchos animales supera a la de los humanos.

Foto: Shutterstock
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Todas las noches, durante la temporada de apareamiento, la rana túngara macho de América Central se apropiará de una zona para presentar su espectáculo en el estanque local y pasará incesantes horas transmitiendo su esplendor al mundo.

Esa rana de color café lodo es apenas del tamaño de una nuez pelada, pero su canto es prolongado y dinámico, con un tono largo que va haciéndose grave seguido de un chasquido breve, vibrante y armónicamente denso.

A menos que un macho competidor comience a cantar cerca: entonces es probable que la primera rana añada dos chasquidos al final del sonido largo. Si su rival responde igual, el macho A incrementará a tres chasquidos. Ambos aumentarán la cantidad hasta que lleguen a su límite respiratorio a los seis o siete chasquidos lanzados con rapidez.

La lucha por la superioridad acústica de las ranas las drena energéticamente y las pone en riesgo de atraer a depredadores como los murciélagos. Sin embargo, los machos no tienen más opción que seguir la cuenta de la competencia, por la sencilla razón de que las túngaras hembras están haciendo lo mismo: escuchan, cuentan y finalmente se aparearán con el macho con la mayor cantidad de chasquidos.

Los científicos descubrieron que detrás del sorprendentemente sofisticado sentido numérico de las ranas hay células especializadas que se localizan en el mesencéfalo anfibio y que llevan la cuenta de las señales sonoras y los intervalos entre ellas.

"Las neuronas están contando el número de pulsos emitidos a un tiempo apropiado y son altamente selectivas", dijo Gary Rose, biólogo de la Universidad de Utah. Si el tiempo entre los pulsos se descuadra por solo una fracción de segundo, las neuronas no se disparan y el proceso de conteo se interrumpe.

"Fin del juego", dijo Rose. "Igual que en la comunicación humana, en la que un comentario inadecuado puede dar fin a toda una conversación".

La historia del ábaco neuronal de la rana es solo un ejemplo del vasto, antiguo y versátil del sentido numérico en la naturaleza, un talento explorado a detalle en un reciente volumen temático de la revista Philosophical Transactions, de la Royal Society B, editado por Brian Butterworth, un neurocientífico cognitivo del University College de Londres, C. Randy Gallistel de la Universidad Rutgers y Giorgio Vallortigara de la Universidad de Trento, en Italia.

Los científicos descubrieron que los animales de todo el espectro evolutivo tienen un agudo sentido de la cantidad, capaz de distinguir no solo lo grande de lo pequeño o lo más de lo menos, sino entre dos y cuatro, cuatro y diez, cuarenta y sesenta.

Las arañas tejedoras, por ejemplo, llevan un conteo de cuántas presas envueltas tienen en su telaraña. Cuando los científicos eliminan experimentalmente las provisiones, las arañas pasan tiempo buscando los bienes robados, proporcionalmente a cuántos objetos distintos les quitaron, en lugar de a qué tan grande era la masa total de presas.

Los peces pequeños se benefician de vivir en bancos, y cuanto más numeroso el grupo, las probabilidades de un pez de escapar de sus depredadores son estadísticamente mejores. En consecuencia, muchos peces en cardumen son excelentes evaluadores de recuentos relativos.

Las olominas, por ejemplo, tienen una llamada relación de contraste de 0,8, lo que significa que pueden distinguir de un vistazo entre cuatro y cinco olominas u ocho y diez. Si se les da la oportunidad nadarán hacia el grupo de peces más grande.

El pez espinoso discrimina aún más: con una relación de contraste de 0,86, es capaz de distinguir entre seis y siete de sus semejantes, o entre 18 y 21: un poder comparativo que muchas aves, mamíferos e incluso humanos no podrían vencer fácilmente.

Entre parientes.

Los chimpancés llevan puntuaciones sociales, son guerreros episódicos y también ninjas de los números. Se les puede enseñar a asociar grupos de objetos con números arábigos correspondientes hasta el número nueve y a veces más allá: tres cuadros en una pantalla de computadora con el número tres, cinco cuadros con el cinco y así sucesivamente. Pueden ponerlos en orden.

La memoria numérica que funciona en los chimpancés jóvenes es sorprendente: si se muestra una distribución aleatoria de numerales en una pantalla por solo 210 milisegundos —la mitad de un parpadeo— y luego se cubren los números con cuadros blancos, un chimpancé joven al que se le enseñaron los números tocará los cuadros de manera secuencial para indicar el orden ascendente de los números escondidos.

No te molestes en tratar de hacer esto, dijo Tetsuro Matsuzawa, primatólogo de la Universidad de Kioto, en una reunión científica en Londres en la que se basó la edición temática de la revista, "No puedes".

Según se ve, la propiedad cerebral en los humanos que alguna vez se dedicó a la memoria numérica se ha empleado, en los seis millones de años desde que nos diferenciamos de los chimpancés, a favor de propósitos más elevados, como la capacidad de juzgar si una oración como la siguiente es verdadera: "No hay un campo vectorial tangente continuo que no desaparezca en las esferas dimensionales pares".

Stanislas Dehaene, psicólogo de la Universidad de París, y sus colegas presentaron evidencia de escáneos cerebrales de matemáticos profesionales que prueba que el circuito neuronal para el pensamiento matemático avanzado es una elaboración del sentido numérico arcaico que compartimos con otros animales.

Es diferente de nuestras vías lingüísticas ordinarias, aún cuando ese desafío relacionado con las matemáticas incluya palabras en lugar de números —como la afirmación verdadera que se apuntó antes—.

Sin embargo, nuestra numerosidad innata difícilmente garantiza un dominio de las matemáticas y a veces puede funcionar en nuestra contra. Los psicólogos Rochel Gelman de la Universidad Rutgers y Jennifer Jacobs Danan de la Universidad de California en Los Ángeles estudiaron qué tan a menudo la gente educada calcula porcentajes erróneamente.

Escuchamos que el precio de algo subió un 50%y luego se redujo un 50% y concluimos, de manera reflexiva pero equivocada: "Muy bien, estamos como cuando empezamos". Nuestro sentido numérico natural suma y resta números completos, chasquidos y olominas, pero aborrece de verdad las fracciones y así nos ha llevado por un mal camino.

Evolución - Ellos son más rápidos en la memoria.

Los chimpancés jóvenes superan a los humanos en la memoria numérica. De acuerdo con los investigadores, los millones de años de separación evolutiva hicieron que la concentración se disipara.

Arcaico - Un sentido de números compartido.

La elaboración del sentido numérico, explican los expertos, es compartido con otros animales de manera arcaica han arrojado escáneres cerebrales. La evolución no garantiza mejores matemáticas.

Supervivencia - Las cifras tienen relación.

En los peces está relacionado con las probabilidades de escape de un depredador, en las arañas con la cantidad de presas en la tela y eso se repite en varias especies. Los numeros sirven para sobrevivir.

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