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Cosas que hacen los vegetarianos cuando nadie los mira

Según una encuesta británica, uno de cada tres come carne cuando se emborracha, y el 86% abandona la dieta.

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Los déficits de hierro, calcio y vitamina B12 son los más frecuentes.

Bajo los efectos del alcohol hay quienes dilapidan fortunas, engendran hijos o se pelean con sus mejores amigos. Inmersos en alguna parte de ese lábil gradiente que va de la risa fácil al coma alcohólico, otros cometen errores más mundanos: pierden la billetera o dejan el auto estacionado en algún lugar ajeno al recuerdo de la resaca del día después. Incluso están otros que, desinhibidos por la bebida, se lanzan a hacer aquello que jamás harían estando sobrios. Dentro de estos últimos, algunos deciden tirar por la borda todos los frenos morales autoimpuestos y entonces..., bueno, comen carne.

Una hamburguesa, una salchicha o un poco de panceta se cuentan entre los deslices de las noches de copas de uno de cada tres vegetarianos que comen carne cuando se emborrachan, según revela una encuesta realizada sobre 1789 vegetarianos por el sitio británico VoucherCodesPro. Es más, de los que aceptaron infringir su propia norma alimentaria estando ebrios, el 34% reconoció que comía carne cada vez que tomaba de más en una salida nocturna.

El resto se dividía entre un 26% que cometía esa transgresión con bastante frecuencia, un 22% que incurría en esa falta raramente y el 18% que lo hacía en forma ocasional. Pero más allá de la frecuencia, un rasgo en común es que la amplia mayoría de los vegetarianos que comían carne estando ebrios lo ocultaba a sus seres queridos.

"Hay estudios que muestran que el 43% de los ex vegetarianos dicen que es muy difícil ser puro", comentó Mónica Katz, médica especialista en nutrición y autora del libro Más que un cuerpo. "El alcohol, al igual que la marihuana, desinhibe el consumo y el deseo, por eso en situaciones de consumo de alcohol los vegetarianos -así como las personas con trastornos compulsivos, obesidad o bulimia- pierden el control que mantienen férreamente si no consumen sustancias desinhibidoras", agregó.

¿Qué comen los vegetarianos en sus noches de zozobra? Los ingleses, según muestra la encuesta, prefieren el kebab (39%), las hamburguesas (34%), la panceta (27%), el pollo frito (19%) y las salchichas de cerdo (14%). En el ámbito local, los gustos son otros: "En el grupo de amigos, uno era vegetariano y una noche en una previa lo descubrimos comiendo a escondidas las empanadas de carne que su mamá había preparado para el domingo -cuenta Facundo Suárez, omnívoro de 35 años-. Y una amiga de mi mujer, también vegetariana, nos confesó que cada tanto se daba atracones con panchos".

Ser vegetariano no es fácil. Eso es lo que muestra un estudio realizado por The Human Research Council -una ONG abocada al estudio de cuestiones relacionadas con el proteccionismo animal-, que basándose en el estudio de las conductas alimentarias de 11.000 norteamericanos halló que el 86% de las personas que habían adoptado una dieta vegetariana finalmente decidió volver a incluir carne dentro de su alimentación, y lo mismo ocurrió con el 70% de los que habían optado por el veganismo.

Éticos vs. saludables

Una conclusión interesante del estudio, que destacan sus propios autores, es que estas conductas alimentarias restrictivas tienen más chances de persistir en el tiempo entre quienes las adoptan por cuestiones éticas o morales, y no entre quienes abrazan el mundo vegetal por motivos de salud. "Los ex vegetarianos y ex veganos que adoptan la dieta a una edad mayor son más propensos a mencionar la salud como motivo de haberse hecho vegetarianos o veganos, y adoptan esa forma de alimentación más rápido que quienes siguen siendo vegetarianos o veganos -escribió Jack Norris, director ejecutivo de Vegan Outreach, organización que forma parte de The Human Research Council-. Esto parece algo predecible: cuando uno toma una decisión para mejorar su salud, habitualmente empieza fuerte, pero rápidamente la abandona."

Norris señala como principal diferencia entre quienes se mantienen firmes en no comer carne y quienes ceden con el tiempo el hecho de que entre los primeros esa conducta es vivida como parte de una identidad que va más allá de una cuestión de salud, y cita los resultados de otro estudio previo cuyas conclusiones coinciden con las suyas: "Los vegetarianos éticos pueden experimentar sentimientos de convicción más fuertes y consumir menos productos animales que los vegetarianos de la salud, y pueden mantenerse vegetarianos por más tiempo".

Ahora bien, si hacemos foco en los aparentes beneficios para la salud de eliminar la carne de la dieta, vale la pena recordar el más reciente consenso sobre el tema de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN): "Si bien es cierto que la población que adopta una alimentación vegetariana ha demostrado tener menos riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, dislipidemias e incluso cáncer, otros patrones alimentarios que incluyen pequeñas cantidades de pescado o carnes rojas magras también parecen ofrecer una protección significativa contra esas mismas patologías".

Como contrapartida, la SAN afirma que mientras que los ovolactovegetarianos no son una población de riesgo, ya que con los derivados de animales que agregan a su dieta suplen perfectamente la carencia proteica que una alimentación basada exclusivamente en vegetales les pudiera ocasionar, hay que poner un cuidado especial en los veganos, "dado que existen nutrientes cuya carencia es potencialmente preocupante en este tipo de alimentación".

Los reducitarianos y la culpa

Volviendo al estudio inglés, un dato no menor es que el 69% de los vegetarianos que comían carne estando borrachos admitió ocultar esos deslices. Después de todo, ser vegetariano o vegano se construye sobre una restricción -no comer carne o productos de origen animal-, cuya violación implica quedar afuera (aunque sea transitoriamente) de esos colectivos.

La culpa y la presión social son dos factores detrás de esas mentiras, concluyó Hank Rothgerber, psicólogo social de la Universidad Bellarmine, Estados Unidos, que realizó estudios que muestran que cuando la gente habla sobre la cantidad de carne que consume no siempre dice la verdad. Las mujeres, halló, tienden a mentir más que los varones, pues sienten más culpa ante el consumo de carne animal, y a la vez son más sensibles a la presión social negativa en torno de ello. De hecho hay estudios que muestran que las mujeres comen menos cantidad de carne en presencia de hombres "deseables".

"Cuando se trata de consumir carne, creo que nuestra obsesión por la perfección y la pureza nos dificulta el poder realizar un cambio sustentable y significativo", opinó Brian Kateman, presidente de la Reducetarian Foundation, al ser consultado por The Huffington Post en relación con la encuesta británica. "Pequeños cambios pueden producir grandes impactos, no es todo o nada. Es tonto dejar de lado los beneficios de todas las comidas sin carne y, en su lugar, hacer foco en las ocasionales comidas que incluyen carne."

Los reducitarianos -que se identifican con imágenes de vacas, cerdos y pollos atravesados por una flecha descendente- proponen una estrategia más factible y menos rígida para lograr la reducción del consumo de carne animal dentro de una sociedad. "Reducitarianismo es la práctica de comer menos carne -puede leerse en www.reducetarian.com-. Es atractiva porque no todo el mundo es capaz o tiene ganas de seguir una dieta completamente libre de carne."

Los reducitarianos son parientes de los flexitarianos, que se definen como personas cuyas dietas están basadas en los vegetales, pero "de manera ocasional" consumen algunos productos de origen animal. ¿Qué diferencia a unos de otros? Cuestiones de marketing, podría decirse; aunque en todo caso lo que comparten ambos es que libran a quienes buscan reducir su consumo de carne -por salud, para reducir el impacto ambiental de la cría de ganado o por lo que sea- del estigma de ese ocasional pancho comido a escondidas.

"¿Por qué debemos criticar al creciente número de individuos que come carne ocasionalmente, digamos, unos 5 kilos de carne al año, cuando muchos de nosotros comemos mucho más en hamburguesas? -se preguntó el reducitariano Kateman-. La diferencia entre 100 kilos al año y 5 kilos es mucho más grande que entre 5 kilos y cero".

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