COMPORTAMIENTO

Cómo conversar con los hijos sobre pornografía

El primer acceso a contenidos pornográficos se da cada vez más temprano.

Padre hablando con su hijo adolescente. Foto: Shutterstock
Expertos recomiendan hablar directamente con los niños y adolescentes, sin caer en prácticas de vigilancia a escondidas. Foto: Shutterstock

Una investigación reciente de la Universidad de las Islas Baleares estableció que el primer acceso de niños y jóvenes a contenidos pornográficos se da a los 8 años y que al menos uno de cada cuatro varones se ha iniciado en este consumo en internet antes de los 13.

El estudio, denominado Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales y elaborado a partir de casi 2.500 encuestas a jóvenes de entre 16 y 29 años en España, determinó que el promedio de edad de inicio en el consumo son los 14 años entre los hombres y de 16 años en las mujeres.

El psicólogo, sexólogo y psicoterapeuta Ruben Campero explicó que “lo porno es básicamente un discurso que tiene múltiples estéticas, que construye sexualidad, la inventa”. Y precisó: “La produce en el imaginario planteando una división: una sexualidad que es más pública, más normal, y un tabú que debe permanecer silenciado. De ahí es que la pornografía trae lo supuestamente deseado, lo que habita en un más allá de los territorios discursivos donde se supone que uno puede habitar una sexualidad más permitida socialmente”.

En este sentido, Campero recordó al filósofo español Paul Beatriz Preciado quien dijo que el porno es una “pedagogía de la sexualidad”, dado que “enseña a tener relaciones sexuales”.

En la actualidad, muchos expertos señalan al fácil acceso a la tecnología y a internet como la principal responsable de la infantilización de la pornografía. “La pornografía no es la excepción: está ahí y la consumo”, acotó Campero a El País.

Pero la pregunta que surge entonces es: ¿por qué sienten la necesidad los niños y adolescentes de consumir estos contenidos?

Los motivos de consumo son muchos, a juicio de Campero, pero no siempre son eróticos: puede ser simple curiosidad. “Ha habido muchos cambios en lo que es la sacralización del cuerpo y la intimidad; la intimidad es un espectáculo y la pornografía ahora es más accesible”, explicó.

Alerta.

Fanny Berger, psicoterapeuta gestáltica, indicó que, más que buscar señales, hay que mirar con una mirada amorosa y respetuosa a los hijos. En el mismo sentido, Campero afirmó que solo es cuestión de prestar atención. “Darnos cuenta es simplemente tratar de escuchar y no desde una actitud adulta paterna o materna, sino desde el amor, del interés. No es solo una cuestión de vigilancia”, explicó.

Si un niño pasa muchas horas en las redes entonces hay que prender las alarmas, como la luz amarilla de los semáforos. “Así como sabemos adónde van, conocemos a los papás del compañero al que visitan y demás, hoy los padres tenemos que saber por qué sitios del espacio cibernético anda el niño”, desarrolló Berger.

En este sentido, la experta aclaró que no se trata de control a escondidas, sino de crear vínculos de confianza en el día a día, que se sostengan en una comunicación directa de padres e hijos.

“No me gusta que se cree ese clima en que el menor deja la computadora descuidada y el padre revisa o se descubren las contraseñas. El control desde el miedo no funciona. Lo ideal es plantearle al niño que como se lo quiere y desea proteger, entonces se quiere tener conocimiento de qué hace para cuidarlo y apoyarlo”, explicó.

Impactos del consumo en los más chicos

La investigación Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales de la Universidad de las Islas Baleares determina que los impactos de la pornografía son “mucho más importantes” en los hombres que en las mujeres, tanto por la frecuencia de uso como por los efectos buscados o por las consecuencias sobre las relaciones interpersonales. Según los autores, el consumo de pornografía “produce impactos destacados sobre la imagen de los hombres y de las mujeres, así como un aumento de la vulnerabilidad a las prácticas no normativas o de riesgo, como el consumo de prostitución. Otra de las conclusiones es que un 24% de los jóvenes no cree que mirar pornografía tenga ningún efecto negativo.

Hiperestimulación.

Berger expuso que suelen haber dos polaridades entre los niños y adolescentes que consumen pornografía. Por un lado, los que se aíslan, son retraídos, no quieren ir a la playa o les da vergüenza alguna parte de su cuerpo (ya sea hombre o mujer); y, por otro, los que hablan mucho de sexo. Entre los primeros es común que usen la pornografía como una máscara, como un disfraz hacia el exterior: “Soy retraído y como no puedo abrirme al mundo exterior me abro a la pornografía”, ejemplificó. En el otro extremo están los jóvenes y niños hiperestimulados: las niñas que quieren vestirse “como mujeres”, los varones que miran a las niñas y “hablan todo el tiempo de las partes íntimas”.

Así lo puntualizó Berger: “Decir que tu hijo está consumiendo pornografía por esto o por lo otro es un todo, siempre hay que ver los detalles y no significa que uno más uno sea dos”.

Y añadió: “Un niño que consume pornografía se está hiperestimulando y la pregunta es para qué. ¿Qué le pasa que no tiene amigos, que no hace deporte, que no pinta? La curiosidad existe pero no podemos consumir pornografía como forma de saciarla o canalizar energía”.

Medidas.

¿Qué hacer cuando se descubre que un hijo consume pornografía? “Lo que un padre nunca debe hacer es enojarse, retar al niño, cuestionarlo o hacerlo sentir culpable”, estipuló Berger.

Campero, por su parte, sostuvo que el castigo, la sanción o la humillación son formas de violencia. “No son actos pedagógicos ni de cuidado. Los límites son importantes, pero hay que prestar atención al estilo, a las formas vinculares y emocionales desde donde se los pone”, dijo.

En este sentido, el sexólogo recomendó que no hay que tomar a la pornografía como un “cuco”, lo que genera más paranoia y se polarizará la discusión familiar. “No ayuda hacer sentir al hijo que es atacado por un enemigo del cual debe defenderse”, afirmó.

Los expertos proponen, entonces, alejar a los chicos de los dispositivos, entendiendo lo que les pasa, pero mostrándole que hay otras actividades que permiten el crecimiento. La sugerencia es esta: hablar con los hijos, preguntarles porqué y para qué consumen pornografía, con el objetivo de desentrañar el tema sin gritar, sin retar, sin insultar, sin despertar culpa. “Hay que hacer preguntas conductoras para entender lo que está pasando y luego estimular otras cosas como que haga deporte, que salga a jugar”, explicó la psicoterapeuta.

Joven mirando su computadora en la cama. Foto: Shutterstock
Internet y la tecnología móvil han reemplazado a las revistas eróticas. Foto: Shutterstock

Además, se considera oportuno realizar una consulta a un profesional para ir más allá y determinar si el niño o adolescente recurre a la pornografía porque está aburrido o hay problemas de relacionamiento que se deben atender en familia.

Ambos profesionales coinciden en la importancia de la educación en general y en la educación sexual en particular. “Es un hacer muy amplio que va por el lado de la educación sexual integral en términos familiares como del sistema educativo formal. Sobre esto hay mucha discusión y surge una gran pregunta: hay interés por el niño o simplemente buscan volver a las certezas de que la familia y los hijos transcurran sin dar demasiados problemas”, interpeló Campero.

Y concluyó: “Debemos conversar sobre sexualidad. Lo mejor que podemos hacer es no tener dobles o triples discursos”.

Uno de cada 4 ve porno antes de los 13 años

Al menos uno de cada cuatro varones se ha iniciado en el consumo de contenidos pornográficos en internet antes de los 13 años y el primer acceso se adelanta a los 8 años, principalmente por el fácil acceso a través de la tecnología móvil. “El nuevo porno es muy agresivo”, dijo el coautor de la investigación Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales, Lluís Ballester, de la Universidad de las Islas Baleares. Los motivos que llevan al consumo de pornografía entre los varones son principalmente la masturbación (62,4%), para responder a la curiosidad (45,4%) y para aprender sobre sexo (33,1%). Ellas consumen en su mayoría para responder a la curiosidad (34,7%), mientras que un 25,3% lo hace para masturbarse y un 17,4% para aprender sobre sexo. Por otra parte, el consumo de pornografía es ocasional o semanal.

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