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El combate de los irreductibles granjeros japoneses contra el aeropuerto de Tokio

Vista desde el cielo, la granja de Takao Shito parece atrapada entre las pistas y vías de circulación. Este granjero japonés se niega a abandonar sus tierras, para disgusto del aeropuerto de Tokio-Narita.

El granjero japonés que planta cara al aeropuerto de Tokio
El granjero japonés que planta cara al aeropuerto de Tokio (VEA EL VIDEO)

"Nos acostumbramos al ruido", comenta el hombre de 68 años, visitado por la AFP en su finca, a la que se accede principalmente atravesando túneles que pasan por debajo del aeropuerto.

"Estas parcelas han sido cultivadas por tres generaciones de mi familia desde hace casi un siglo, mi abuelo, mi padre y yo mismo. Quiero seguir viviendo aquí", insiste.

Su batalla, junto a un puñado de otras familias, ya cumplió varias décadas.
Narita, segundo aeropuerto de Japón, con 40 millones de pasajeros y 250.000 vuelos por año, ha provocado controversia desde que se anunció el proyecto de su construcción, en 1966.

En aquella época, militantes y agricultores, entre ellos el padre de Shito, protestaron vivamente contra su construcción. Las manifestaciones se volvieron violentas y murieron tanto manifestantes como policías, pero fue necesario que pasara mucho tiempo para que las autoridades se excusaran por su responsabilidad por estas muertes.

"No es una cuestión de dinero"
El aeropuerto fueinaugurado finalmente en 1978. Pero, la oposición no cesa y se logró impedir la construcción de una segunda pista hasta 2002.

Poco a poco, Takao Shito ha visto a los propietarios ceder sus parcelas a los responsables de Narita, entre ellos algunos que arrendaban sus terrenos a su familia.

Pero él nunca cedió, argumentando que esta tierra es la base de su sustento y se amparó bajo la ley sobre el territorio agrícola japonesa.

El aeropuerto no tuvo otra opción que modificar el trazado de su segunda pista, que esquiva su explotación agrícola y rodea una de sus parcelas.

Actualmente se proyecta una tercera pista en Narita para poder recibir cada vez más viajeros, un flujo que aumentará sensiblemente con la Copa del mundo de rugby 2019 y los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

La granja de Shito no está amenazada en este caso, pero el aeropuerto choca con la resistencia de otros agricultores, a pesar de los sonidos molestos permanentes y las promesas de indemnizaciones financieras.

"Para nada se trata de una cuestión de dinero", subraya el sexagenario, quien viste camisa azul y pantalón de faena, intentando ignorar los aviones que despegan y aterrizan con el ruido ensordecedor de sus motores.

"Yo practico agricultura bio, sin pesticidas. No puedo trasladar la tierra ni lograr los mismos resultados en otro lugar", explica el granjero, que cuenta con 400 clientes en Tokio y alrededores.

Batalla judicial
"Me entretengo cosechando verduras aquí, tienen un gusto diferente. Es mi vida", confía. Si bien el entorno no parece el ideal, los análisis de la calidad del aire y del agua revelan que los niveles de contaminación no son superiores a los registrados en otras partes.

Actualmente se encuentra sumido en cinco procesos judiciales diferentes contra el aeropuerto de Narita, que recientemente le ganó un 'round' importante.

Contactados, los gestionarios de Narita rechazan decir si prevén expulsarlo, a pesar de esta victoria judicial. "Determinaremos nuestras futuras acciones consultando a nuestros abogados y a las diferentes partes concernidas", respondieron lacónicamente ante preguntas por escrito de la AFP.

Takao Shito es sometido a veces a controles de identidad por parte de los servicios de seguridad. "Sin embargo, ellos saben quién soy", suspira.

Él cuenta con el apoyo de los militantes, que fueron a testimoniarle su solidaridad en una audiencia reciente en el tribunal de Chiba. Algunos incluso reclaman la destrucción del aeropuerto, con la finalidad de que la región recupere su pasado agrícola.

"El modo de vida de Shito hace que no se interese por el dinero, eso choca más que nunca con las aspiraciones de la gente de hoy", afirma Nobuharu Ito, de 71 años, quien comenzó a defender esta causa hace más de cuatro décadas, cuando era estudiante.

"Cuando el gobierno dice y hace algo, la mayoría acepta o cede sin plantear preguntas", lamenta Takao Shito. Pero, "el gobierno debería tener consideración con los habitantes de aquí".

En cualquier caso, no tiene la menor intención de renunciar. "Quiero que el mundo entero sepa que hay un granjero aquí en este lugar. Quiero que la gente lo sepa", insiste.

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