GASTRONOMÍA

Dos checos escaparon de la rutina de su país abriendo un café en Uruguay

Tomas y Ladislav son los dueños de che.co.ffee, un café que ofrece especialidades gastronómicas checas, además de una serie de actividades culturales muy bien recibidas por uruguayos y extranjeros.

che.co.ffee
Tomas y Ladislav llegaron al Uruguay en 2015 y dos años después abrieron su cafetería. 

Al caminar por la calle Ellauri, a pocas cuadras del shopping de Punta Carretas, uno se puede topar con un café en el que, en la puerta de entrada, una persona está preparando algo en una especie de parrilla. Al acercarse ve que se trata de un bizcocho enrollado en un palote que es cocinado directamente sobre el fuego.

El trdelnik –así se llama– es el producto estrella de che.co.ffee o “la cafetería de los checos”, como también se la conoce. Sus dueños son Ladislav Jelinek (37 años) y Tomas Navrátil (38), una pareja de checos que en 2015 decidió patear el tablero y lanzarse a la aventura.

“Yo trabajaba desde hacía 12 o 13 años en un banco y sentí que se me quemaba la cabeza. Necesitaba hacer un cambio. Un día salí y dije ‘voy a vender pan’, no voy a hacer nada mentalmente”, recordó Ladislav. La reacción no sorprendió a Tomas porque era algo que venían hablando desde hacía tiempo. Querían salir de República Checa, descansar de la rutina y ampliar el horizonte.

Pero si lo iban a hacer, lo querían hacer bien. ¿Qué significaba eso? Irse lo suficientemente lejos como para que no fuera fácil volver, por eso desecharon mudarse a España, una de las dos opciones manejadas. La otra siempre fue Uruguay, “porque es un país chico, donde se mezclan las culturas, y queda lejos, o sea que no nos permite volver dentro de dos meses”, explicó Ladislav.

En febrero de 2015 llegaron a Montevideo, pensando primero en visitar el país para tantear cómo era la cosa. “Fuimos a Brasil y a Argentina, luego a Uruguay, nos gustó y nos quedamos. La idea era estar seis o siete meses. Teníamos el pasaje de vuelta, pero nunca tomamos el vuelo de regreso”, contaron.

De Uruguay, lo que más sabían tenía que ver con el presidente de ese entonces, José Mujica. “Sabíamos que era conocido por tener un auto pequeñito, que vivía en una casa normal y no en un palacio”, apuntó Tomas, quien por ser cocinero también conocía otro de nuestros rasgos distintivos: la carne uruguaya.

“En el mundo no se habla mucho de Uruguay, pero en República Checa sí se habla, aunque acá casi no hay checos. Vinieron entre las guerras mundiales, pero después ya no”, detalló Ladislav en un perfecto español que ambos aprendieron al llegar a Uruguay, si bien habían intentado estudiar algo previamente en República Checa.

El trdelnik es el plato estrella, pero hay más

che.co.fee es el único lugar en el que por el momento se puede encontrar gastronomía checa en Uruguay. Por eso es muy visitado por los pocos checos que hay en el país, además de por extranjeros y uruguayos que se sorprenden, entre otras cosas, con el trdelnik. Se trata de una masa casera hecha con manteca, canela, nueces, azúcar, leche, huevos, vainilla y levadura, que se deja leudar y luego se enrolla en un palote que va a fuego directo. Lo que queda es un bizcocho dulce al que se rellena con nutella casera, algo que, por sugerencia de los propios clientes, se puede cambiar por dulce de leche. Tomas confiesa que lo prefiere con el dulce uruguayo, “pero un toque”, aclaró. Se prepara todos los días de tarde y los sábados todo el día; cuesta $ 100. Otra especialidad es el medovnik, que es un pastel de miel con nuez que sale $ 220. También se cocina el pan checo, un pan grande al que se le coloca comino especialmente traído de República Checa. Tomas destacó que las materias primas uruguayas son muy buenas, sobre todo la manteca y la leche. Vale aclarar que el café ofrece lo mismo que cualquier otro café de Montevideo, lo checo es solo parte del menú.

Hacia el café.

Arribaron a Montevideo y alquilaron un apartamento chico sin un plan estricto sobre los próximos pasos a dar. Al poco tiempo se dieron cuenta de que en Uruguay era imposible instalarse sin trabajar y que sus ahorros se le iban a terminar en breve.

Ladislav tuvo suerte y en dos meses comenzó a trabajar en el Café Brasilero, en Ciudad Vieja. En ese mismo barrio Tomas consiguió trabajo poco después, en un hotel boutique, que al tiempo cambió por el restaurante Foc de Punta Carretas. Allí estuvo dos años.

“Nos sirvió mucho la experiencia, nos ayudó un montón a aprender español y cambió totalmente la situación. Ya estábamos económicamente bien. Pero no viajamos por América Latina como pensábamos, sino que empezamos a trabajar y entonces éramos empleados. Nos dimos cuenta de que teníamos que trabajar un año para recién tener licencia”, recordaron entre risas.

Ahí cayeron en la cuenta de que estaban volviendo a lo mismo que los había alejado de su lugar de origen: la rutina. “Tampoco era la idea salir de nuestro país e ir a otro para trabajar, trabajar, trabajar. Dijimos ‘¿qué hacemos?: ¿volvemos ahora que ya tenemos la experiencia?, ¿viajamos un poco y volvemos? o ¿intentamos volver a los planes que tuvimos siempre?’ Entonces pensamos ‘¿qué tal si abrimos algo acá en Uruguay?’”, contaron.

Ya sabían que el área gastronómica estaba muy desarrollada en Uruguay, sobre todo en el rubro de las cafeterías. Así que decidieron buscar un lugar. Pero antes que nada, a manera de despedida porque sabían que les esperaban meses de duro trabajo, hicieron un viaje relámpago a República Checa para visitar a familiares y amigos.

A la vuelta, sin definir aún si montarían un restaurante o una cafetería, encontraron el local de Punta Carretas y el sueño comenzó a tomar forma. “Empezamos a armar una cafetería con muy poca plata. Había que cambiar totalmente el lugar en más o menos un año. Cuando ganamos un poco de dinero, lo invertimos en cambiar el local”, acotó uno de sus dueños.

che.co.ffee se inauguró el 10 de noviembre de 2017 y desde entonces ha ido creciendo en popularidad y actividades: desde cenas típicas y eventos culturales hasta clases de idiomas.

Ladislav y Tomas ya saben que quieren quedarse en Uruguay, matizando trabajo con algunos viajes por América porque ese sueño no se abandona. Suelen tomarse algunos días para recorrer la costa uruguaya (la conocen desde Colonia al Chuy) u otras zonas del país (han visitado Lavalleja y Treinta y Tres). Pero son viajes breves y con retorno pactado porque “la gente nos quiere ver en che.co.ffe, así que tenemos que estar siempre”, señalaron con orgullo.

Cena checa en tres pasos con reserva previa

Una vez al mes, che.co.ffee se transforma en un restaurante para albergar Cocina Checa, una propuesta de cena a la que se concurre con reserva previa. Entrada, plato principal y postre típicos de República Checa a $ 890 por persona es lo que ofrecen Ladislav y Tomas.
Lo empezaron a hacer al poco tiempo de abrir y, gracias al boca a boca, se transformó en todo un éxito.
Asiste público de todo tipo, varios descendientes de checos o búlgaros que quieren volver a los sabores de la infancia. Por lo general son unas 30 personas que los llevan a estar cocinando toda la semana. “Es agotador”, dicen, pero también es muy satisfactorio porque reciben comentarios del tipo “esto es mi abuela”.

Talleres de idiomas, curso de barista y más

Cuando Tomas y Ladislav alquilaron el local de Punta Carretas vieron que tenía un salón extra que no quisieron desaprovechar. Entonces empezaron a ofrecer el espacio para actividades complementarias al café. Una de ellas son las clases de español, que de mañana dicta la misma profesora que les enseñó a ellos. Concurren alemanes, brasileños, estadounidenses. “Se crea como un circuito de gente de todos los países del mundo, nos apoyamos entre nosotros”, señalaron. A eso han sumado talleres de conversación de francés e italiano, a los que en breve se agregarían los de portugués e inglés. También hay un curso de barista (café), dictado por un uruguayo que tiene una escuela en Argentina. Y han ofrecido cursos de manualidades, como el de coronas navideñas. Además, che.co.ffee está presente en ferias gastronómicas, como Pop Up.

De lunes a domingo

che.co.ffee está ubicado en Ellauri y Gregorio Suárez. Abre de lunes a sábados, de 10 a 21 horas, y los domingos, de 16 a 21 horas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados