ALUNIZAJE

Se busca promotora para el módulo lunar: el cuento del tío que usó la hazaña del Apolo 11

Meses después del alunizaje, apareció un aviso tentador en los clasificados que ofrecía trabajo a mujeres, pero resultó ser una estafa 

módulo lunar
NASA

Corría el año 1969. Nancy tenía 23 años, un hijo recién nacido y un marido que se acababa de quedar sin trabajo. En ese entonces, el único medio para buscar ofertas laborales eran los clasificados, por lo que compró el diario y comenzó a leer las decenas de avisos que habían a lo largo de las páginas. No tardó mucho en encontrar un llamado que se adecuaba a su perfil y, aunque no se especificaba en qué consistía exactamente el trabajo, Nancy se bañó, se aprontó y decidió ir hasta el lugar indicado.

La dirección la llevó hasta una casona antigua ubicada en Bulevar España y Libertad. En el interior, las paredes estaban tapizadas de afiches y fotos del módulo lunar Apolo 11 de la NASA, que hacía tan solo unos meses había llevado en su interior a los hombres que pisaron la Luna por primera vez.

En la casa había cientos de mujeres que también se habían interesado en el aviso y, según recuerda Nancy, todas salían de allí con una sonrisa. Los dos hombres que la entrevistaron le contaron en qué consistía el trabajo: le dijeron que iban a traer, por intermedio de la Embajada de Estados Unidos, una réplica del módulo lunar que había llegado a la Luna el 20 de julio de ese mismo año. La idea era llevar el módulo a los 19 departamentos del país, para que las personas pudieran visitarlo por dentro. La función de Nancy era, como le dijeron en ese entonces, ser “azafata” (o promotora), por lo que se encargaría de recibir a todo el público que se acercara hasta el módulo y guiarlos por el lugar y explicarles su funcionamiento.

“El sueldo que me prometieron era muy importante y me dijeron, enseguida, que estaba contratada. Lo único que debía hacer era pagarles a ellos, lo que hoy en día serían $2.000, que se utilizarían, supuestamente, para comprar el uniforme”, contó Nancy a El País. En ese momento ella no tenía el dinero encima y, si lo hubiera tenido, confiesa, tampoco se los hubiera dado. “Primero tenía que consultarlo con mi marido porque teníamos un hijo chico. Me dijeron que igual podía llevar el dinero otro día”, contó.

Cuando llegó a su casa lo primero que hizo fue llamar a su madre y contarle, con alegría, que había conseguido un trabajo. Pero su madre, lejos de alegrarse, se preocupó. “Le conté, contentísima, el empleo que había conseguido, pero se puso muy nerviosa. Le pareció raro el sueldo y el trabajo, por lo que decidió llamar a una amiga de ella que trabajaba en la embajada”, contó Nancy.

Tras realizar varias averiguaciones, resultó que el supuesto trabajo era un engaño. “La amiga averiguó en la embajada y era mentira: no existía la réplica del módulo y menos que menos iba a venir a Uruguay. Lo que hacían era estafarte y se quedaban con los $2.000. Después, pensándolo bien, me resultó raro que te insistieran tanto en la disponibilidad horaria, lo que me llevó a pensar si no habría otra cosa más detrás”, recordó.

Al otro día, los estafadores fueron detenidos y enviados a prisión. “No sé si fue la embajada que mandó la policía o quién, pero lo que sé es que el otro día cayeron”, dijo. Nancy no recuerda qué era lo que pedían en el aviso de trabajo pero sí recuerda que no se hablaba en ningún momento de un módulo lunar. “Si hubieran puesto eso, tal vez no hubiera funcionado la estafa”, recordó hoy, 50 años después de aquel hecho.

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