EFECTIVO EN POLÍMERO

Billetes de plástico seguirán ganando terreno en Uruguay

Se imprimirán otros 15 millones de $ 50 y una tirada idéntica de $ 20.

Billetera. El nuevo y colorido billete de $ 50 ya aparece en billeteras de uruguayos desde hace algunos meses. Foto: Darwin Borrelli.
Billetera. El nuevo y colorido billete de $ 50 ya aparece en billeteras de uruguayos desde hace algunos meses. Foto: Darwin Borrelli.

Desde setiembre de este año, diez millones de billetes de sustrato de polímero con una denominación de $ 50 circulan en la plaza local. El nuevo “papel moneda” sorprendió a los uruguayos por su textura plástica y su renovado diseño, que homenajea los 50 años del Banco Central del Uruguay (BCU).

Pero vendrán más billetes fabricados con esta tecnología que se utiliza desde hace muchos años en otros países y que surgió en Australia en la década de 1980: se imprimirán otros 15 millones de $ 50 (en este caso con un diseño similar al actual) y 15 millones de $ 20, un poco más pequeños que los anteriores. No se descarta que otras emisiones, de denominación superior, puedan ser licitadas por el BCU en el futuro.

Uno de los mayores expertos a nivel mundial en esta tecnología es el costarricense Javier Andino, quien como miembro de la compañía CCL, que fabrica el sustrato para cerca del 90% de los billetes plásticos que se imprimen en el mundo, brinda apoyo y soporte a los bancos centrales en la evaluación del desempeño del producto, acciones preparatorias para la introducción de la tecnología, y asesoramiento sobre reciclaje y gestión de riesgos.

“No es que el Uruguay entra tarde en esto, sino que estamos en una tendencia alcista de la tecnología. Tenemos países como Canadá que se fue con toda su serie de billetes al polímero. Recientemente el Banco de Inglaterra anunció los billetes de 5, 10 y 50 libras, y en 2020 van con el de 20 libras”, explicó Andino en entrevista con El País.

“Eso quiere decir que poco a poco el sustrato ha ido tomando un espacio en un mercado que ha sido predominantemente del algodón (porque los billetes comúnmente conocidos como ‘de papel’ son en realidad de algodón). Los bancos centrales, de acuerdo a experiencias propias o de otras instituciones, están tomando la decisión. Por supuesto que la decisión del Banco del Uruguay es innovadora. Ya hay algunos países en la región, como Paraguay, con dos denominaciones. Y está Chile que tiene tres. También hay una experiencia en Brasil. En Centroamérica tenemos países que lo han utilizado. Y en Norteamérica están México y Canadá”, agregó el experto.

Cambios tecnológicos.

Los billetes fabricados con sustrato de polímero tienen muchas ventajas, aunque también presentan desafíos con respecto a la tecnología, informó el experto consultado por El País. No son aceptados por las buzoneras automáticas de depósito y necesitan de una tinta especial para que puedan quedar “entintados” en el caso de una explosión de cajero; aunque por ahora, por tratarse de circulante de baja denominación, están al margen de este fenómeno delictivo.

“El papel es un material más poroso y el polímero impermeable y por ende más liso. Muchas veces lo que hay que hacer (para el caso de las buzoneras de depósito) son leves ajustes en el sistema de transporte mecánico, no es complicado”, asegura Andino.

“En otros países funcionan muy bien en buzoneras y aparatos de venta de alimentos o de parking. Se han encontrado incluso algunas ventajas, porque el billete de polímero produce menos polvo que el algodón, con lo cual los equipos requieren menos mantenimiento a lo largo del tiempo”, agregó el asesor de CCL.

El Banco Central del Uruguay dijo que este nuevo instrumento es hasta tres veces más durable que el actual y, por su textura, más identificable para personas de baja visión. Además, posee un sistema de seguridad que lo hace más difícil de falsificar. Según el BCU, la cantidad de billetes apócrifos solo equivale al 0.01% de la emisión que está en circulación.

“El billete es impermeable, por lo que la humedad y la suciedad no le ingresan. No se ensancha como el billete de algodón. El de polímero dura en promedio tres veces más que el de algodón, según estudios hechos por nosotros y por los propios bancos centrales de los diferentes países”, agregó Andino.

TECNOLOGÍA

Mayor durabilidad y difíciles de falsificar

Javier Andino, asesor de CCL. Foto: Darwin Borrelli.
Javier Andino, asesor de CCL. Foto: Darwin Borrelli.

Algunos bancos centrales usuarios de billetes de polímero, como es el caso de Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda, México y Canadá, han realizado estudios sobre el impacto ambiental y han concluido que tienen una baja carga contaminante y que son fácilmente reciclables. Si bien el sustrato de polímero como el que se empleó para la impresión de los billetes uruguayos de $ 50 es un derivado del petróleo, el material registra un menor impacto al comparar su desempeño ambiental (tomando en cuenta desde la adquisición de las materias primas para su fabricación hasta la destrucción del billete que es retirado de circulación), incluyendo toxicidad humana, reducción de capa de ozono, agotamiento de agua y agotamiento de minerales, entre otros.

El circulante plástico se destaca por tener una durabilidad y resistencia considerablemente mayor al papel de algodón (material tradicional en los billetes, que no son de pasta de celulosa). Los impresos en polímero duran hasta tres veces más que los tradicionales.

Seguridad.

La tecnología incorpora características no disponibles en los billetes tradicionales, que la hacen mucho más segura. Junto a los elementos de seguridad convencionales (impresión en relieve, tinta con cambio de color, microimpresiones, registro perfecto, etcétera), la inclusión de ventanas transparentes con diseños complejos dificulta significativamente los intentos de falsificación.

Debido a su superficie no porosa, los billetes de polímero son impermeables al agua, por lo cual no retienen humedad, requisito básico para el crecimiento y acumulación de bacterias.

Destacan por su limpieza respecto a los billetes de algodón y son más higiénicos al pasar de mano en mano, trasladando menos bacterias, hongos y virus; sobre todo, cuando se trata de billetes de baja denominación que circulan más rápidamente en el transporte público, los pequeños comercios y la venta callejera.

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