HISTORIAS

La bendición de la casa propia llegó a ocho familias del barrio Santa Eugenia

Ocho familias recibieron las llaves de un nuevo comienzo; jóvenes misioneros hicieron posible esta solución habitacional que se extenderá a 50 para fin de año

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Flor de Lis Ramos, alias La Abuela, y su hijo Rogelio en su nueva casa. Foto: F. Flores

Le dicen la Abuela pero su nombre completo es Flor de Lis Ramos. El 24 de abril es su cumpleaños y quiere que sus siete hijos, 18 nietos y cinco bisnietos lo celebren con ella. “Mirá este frente”, dijo sentándose en la puerta de su nueva casa y en su nuevo jardín. “Cuando llegué a este barrio, hace 31 años, vivía en un ranchito de chapa y de cartón y ahora haber recibido esto es una gran bendición”, relató a El País.

La Abuela, quien camina con bastón pero va de un lado a otro de su nueva casa para mostrarla con orgullo, vive con su hijo Rogelio. Muestra la cocina que también es comedor, el baño con ducha e inodoro y los dormitorios que tienen para cada uno. Ya todo está ordenado, equipado y decorado. Son una de las ocho familias que ayer recibieron una casa contenedor en el barrio Santa Eugenia en Bañados de Carrasco gracias a la colaboración del grupo de jóvenes Cirineos de la Parroquia Stella Maris y empresas y benefactores de la zona.

El proyecto no se queda acá: para fin de año habrá 50 casas.

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Interior de la casa de La Abuela y Rogelio. Foto: F. Flores

Compromisos.

En el asentamiento irregular de Santa Eugenia viven 209 familias; la mayoría de ellas lo hace en máximas condiciones de precariedad. Muchos de los vecinos se dedican a sacar tierra del bañado y a preparar turba para la venta.

El año pasado se logró levantar 38 “cobijos”, unos depósitos de tres metros por tres metros que sirvieron para dar una solución habitacional urgente.

Son corrientes las inundaciones y los problemas eléctricos –La Abuela recordó que una vez casi se electrocuta arreglando unos cables– y los niños sufren de asma y parásitos. El baño es otro tema. Rosana, jefa de hogar que ayer recibió las llaves bendecidas por el cardenal Daniel Sturla, contó que para bañar a sus hijos –Nicolás, Mario, Axel, Ludmila, Romina y Dylan–, calentaba seis veces el agua en un balde de pintura de 20 litros con un sun. “Vivir acá no es fácil, pero lo principal es ser prolijos; no demostrar decadencia”, afirmó.

Después de los cobijos se quiso hacer más. O, mejor dicho, dar más.
Por fin de año el padre Juan Andrés “Gordo” Verde comprometió a Rodolfo Deambrosi, presidente de la Fundación Don Pedro, y a Gustavo Segovia, director de Multi Container, entre otros, para la donación de los contenedores: un gran espacio que puede tener dos o tres dormitorios, según se hagan las divisiones; todos cuentan con baño.

No obstante, Deambrosi puso una condición: él daba los contenedores y los materiales necesarios para su equipamiento si las familias realizaban ellas mismas las tareas de acondicionamiento. Pero no lo hacen gratis. Él les paga un sueldo. La empresa de Segovia, por su parte, brinda asesoramiento. La intención es que, no solo sean dueños y constructores de su vivienda, sino que adquieran habilidades para el mercado laboral.

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El cardenal Daniel Sturla bendijo las llaves y a los presentes. Foto: F. Flores

Familias beneficiadas.

 Además de La Abuela y Rosana, ese compromiso fue asumido por Michael y Lupe, padres de Santino y Zoe; Patricia y Lalo, padres de Alexander y Eva; Isabel, madre de Romina; Javier y Natalia; padres de Brandon, Zaira y Emily; Alberto; y Viviana, madre de Brian, Brenda y Francesca (recién nacida). Todos ellos son los dueños de los primeros contenedores ubicados en el corazón del barrio Santa Eugenia que, aunque se piense que fue nombrado por la mártir cristiana del siglo III, lo fue por una vecina que daba todo por los demás.

En 2020, los jóvenes Cirineos y los vecinos construyeron la capilla que está a la entrada del barrio, más o menos a 200 metros de los contenedores. Pero hace más años que están en el lugar con otras actividades, por ejemplo, un oratorio para niños para jugar y tener catequesis. En la capilla se da apoyo escolar a 30 niños los martes y a 60 niños los sábados; también se imparten clases de alfabetización para adultos. El año pasado, con la irrupción de la pandemia por el nuevo coronavirus y la pérdida de ingreso de muchas familias del barrio, se entregaron canastas semanales y se organizó una olla popular que sigue en funcionamiento y que, una vez por semana, se extendía a 600 platos de comida caliente para personas en situación de calle.

Ayer en Santa Eugenia los vecinos reunidos cerca de sus casas nuevas agradecieron y recibieron la bendición. Y todos a coro gritaron lo que siempre les dice el Gordo Verde: “Hasta el cielo no paramos”.

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