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Azúcar riesgoso

Estudio liderado por un uruguayo demostró su impacto en la salud de niños.

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Foto: Archivo.

Una investigación liderada por un científico uruguayo logró reducir 20% el colesterol y 40% las grasas de 50 niños obesos quitando únicamente el azúcar de su dieta. En concreto, se centraron en un tipo de azúcar, la fructosa. La razón fue que con ella son endulzadas las bebidas colas más populares del mundo y los jugos de fruta.

Alejandro Gugliucci, investigador de la Universidad de Touro de California, en Estados Unidos, dijo a El País que los resultados demuestran que se ha subestimado el impacto de los azúcares sobre los altos niveles de sobrepeso y obesidad, por lo que su combate no puede estar solo en controlar el consumo de calorías.

El trabajo se difunde al tiempo que los grandes productores de azúcar de Estados Unidos reaccionan por las nuevas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la ingesta de compuestos dulces. La semana pasada la OMS redujo a la mitad el consumo de azúcar considerado saludable para la población. Si antes sugería un máximo de 12 cucharaditas al día, pasó a aconsejar no ingerir más de 6 por cada jornada. El Consejo Internacional de Asociaciones de Bebidas criticó la medida, asegurando la “falta de evidencia científica” de los estudios publicados por la OMS.

NO TAN DULCE.

El azúcar de mesa está compuesto por dos tipos de azúcar: glucosa y fructosa. Cuando el cuerpo recibe esta última desde los jugos de frutas, las bebidas colas o las energizantes, el órgano que está encargado de procesarla es el hígado.

Las células del hígado son las únicas capaces de metabolizar la fructosa. Como consecuencia de este proceso, se sintetiza grasa que se puede acumular en este órgano hasta llegar a formar el denominado “hígado graso”.

Gugliucci explicó que el hígado del hombre, a lo largo de la historia, no fue preparado para ingerir la cantidad de azúcar que consume el ser humano en la era moderna.

“El hígado no evolucionó en los últimos 100.000 años”, indicó el especialista, cuyo trabajo demandó cinco años de estudio y tres millones de dólares. Ese hígado se preparó para consumir de 16 a 20 gramos de azúcar al día, lejos de los 72 que ingiere un adolescente promedio en los países desarrollados.

“Estamos viendo en los niños niveles de grasa en el hígado que son similares a los de un adulto que tiene cirrosis” (enfermedad causada por el consumo crónico de alcohol), comentó Gugliucci.

Estudios previos han demostrado que tener un hígado graso está asociado con otra patología conocida como “hipertrigliceridemia” y que se caracteriza por la concentración elevada de sustancias grasas en la sangre. Juntos, potencian el riesgo de diabetes y de patologías cardiovasculares.

Por eso, para Gugliucci, bajar (o eliminar) el consumo de fructosa evita la acumulación de grasa en el hígado y, en consecuencia, las condiciones que llevan a la diabetes y alteraciones del corazón y las arterias.

“Es el hilo de la madeja”, resume. “¿Qué fue lo que vimos en el estudio? Que en solo 10 días les bajaba el azúcar en la sangre, les mejoraba la presión, les bajaba el colesterol malo, les subía el colesterol bueno, le cambiaba la insulina. O sea, (se revertían) todos los factores que creemos que son producidos por la grasa hepática”, puntualizó el especialista uruguayo.

Una precisión no menor en cuanto al trabajo de los científicos es que ninguno de los 50 niños africanos y latinoamericanos que participaron del estudio bajó de peso. El objetivo de los técnicos fue demostrar que solo eliminando la fructosa de la dieta ya se obtenían avances en el organismo.

Si bajaban de peso, apuntó Gugliucci, podían cuestionar que los resultados se debían a eso y no a la disminución del azúcar.

A su vez, aclaró que la fructosa no cumple ninguna función importante para el cuerpo humano. “Podríamos vivir sin comerla, no es un azúcar esencial”, expresó.

El consumo de azúcares también genera afecta la salud bucal. Según un informe de la Universidad de la República del 2013, el 57% de los jóvenes entre 15 y 24 años tiene caries, al igual que el 50% de las personas entre 35 y 44 y el 82% de los adultos entre 65 y 74 años. Es la enfermadad crónica más común en el planeta afectando al 80% de la población mundial, es decir, 5.400 millones de personas.

Efectos

“Yo, por ejemplo, desde hace unos años eliminé el azúcar completamente”, admitió el investigador. “Cuando empecé a ver estos datos -no podíamos hablar porque no había terminado el estudio- dejé el azúcar y perdí peso, me mejoró la presión arterial y el colesterol”, contó.

El experto consideró que con el azúcar se dará una batalla internacional similar a la que se dio con el tabaco. Llevaron años de estudios hasta que la evidencia científica demostró su impacto sobre la salud.

En la misma línea, indicó, si las personas que quieren adelgazar acompañaran la reducción de calorías quitando el azúcar de sus vidas (dejar bebidas colas y cambiar los jugos por frutas naturales) la reducción del peso sería notoria y “no habría tantos gimnasios”.

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