COMPORTAMIENTO

Se puede aprender a debatir y tener razón siempre, en tan solo cuatro clases

Las técnicas de la argumentación están al alcance de todos, solo es cuestión de proponerse aprenderlas y practicar.

Debate
En las clases se juntan políticos y gerentes de empresas con liceales. 

"A mis alumnos les digo siempre que no puedo prometer que todo el mundo salga hablando como (Winston) Churchill, pero lo cierto es que todos mejoran mucho”. Así recibe Ismael Linares a los alumnos del curso Argumentación y Debate de Palabrart, una escuela de oratoria por la que han pasado varios políticos, sea a través de los cursos abiertos como de clases particulares.

Esta noche estarán frente a frente dos candidatos presidenciales que seguramente se habrán preparado mucho en las técnicas de oratoria. ¿Cómo se puede debatir mejor?

A clase.

En las clases abiertas se puede encontrar hasta la jerarquía de edil o diputado; más arriba de eso contratan clases particulares. Lo que llama la atención de los alumnos es que, en los cursos grupales, se topan con gente de todo tipo. “En la misma clase se encuentran con un liceal, un chofer de ómnibus, un gerente de una multinacional o un periodista… la asistencia es variadísima”, detalló.

Eso se debe a que en todos los ámbitos de la vida saber argumentar y debatir es fundamental. Lo que Linares les ofrece a los estudiantes es descubrir “la magia escondida del lenguaje para tener razón siempre”, algo que, según sostiene, los niños aprenden enseguida.

“Por un lado está la realidad y, por el otro, la magia de la palabra; son cosas diferentes. Una no tiene nada que ver con la otra. Por ejemplo, uno más uno es dos y es muy fácil preguntar ‘¿siempre?’. Qué pasa si yo tomo un país como Tanganica, lo uno con Zanzíbar y conforman Tanzania. Ahí uno más uno fue uno. Más allá de la realidad, jugando con la palabra se consigue que la otra persona quede dudando si uno más uno siempre es dos”, argumentó.

El profesor confesó que los alumnos, al comienzo, desconfían un poco del concepto de tener razón siempre, pero cambian de opinión al final del curso. “Encuentran que las técnicas de debate también son una forma muy linda de pensar, incluso a veces les sirven para poner a prueba sus propias convicciones”, dijo.

Experto en la palabra desde muy joven

“Empecé escribiendo discursos cuando era muy chico, tenía 16 o 17 años. Y ahora hace 10 años que me dedico a dictar cursos de oratoria y de todo lo que tenga que ver con la palabra, la argumentación o el debate”, contó Ismael Linares, director y docente de Palabrart. Es contador público y exoficial del Ejército.
Los números dicen que, al año 2018, lleva más de 200 cursos dictados, más de 2.000 alumnos recibidos y 500 discursos preparados. Los cursos se dan en forma permanente durante todo el año en clases de entre 15 y 20 personas. Entre sus alumnos hay varios políticos, pero no da nombres. Apunta que los más conocidos prefieren tomar clases particulares. Actualmente, los dos cursos que se brindan son Oratoria y Argumentación y Debate. Linares también ha dado clases en el exterior: en Chile y en Cartagena de Indias (Colombia). En palabrart.com, se puede acceder a cursos, videos, materiales online y seminarios.

Para todos.

Cualquiera de nosotros puede alcanzar un nivel de debatiente, según Linares. “No lo lograrán ni siquiera por una virtud mía ni del curso; el tema es que la oratoria es una disciplina que se mejora rápido. Vas a un profesor malo e igual salís hablando bastante mejor porque se progresa rápido. No es como saber tocar el piano, que requiere de mucho tiempo. Los nervios se pierden rápidamente”, sostuvo.

En un curso básico de cuatro clases, Linares se compromete a enseñar cómo “hackear el idioma” y hacer que juegue a favor de uno. “Lo primero que se enseña es la técnica debatística, en la que se muestra cómo devolverle los ataques al oponente o cómo arrinconarlo”, explicó.

La segunda clase está dedicada a la técnica argumentativa “que libera al orador de la responsabilidad por lo que ha afirmado y que, además, dificulta la respuesta por parte del oponente o lo deja absolutamente sin respuesta posible”.

En la tercera clase se enseña la técnica refutativa, que consiste en varias herramientas que permiten “refutar con elocuencia cualquier cosa que pronuncie el oponente”.

Finalmente, en la cuarta clase, se aprende a ser ágil al recurrir a técnicas sacadas “debajo de la manga” y a encarar un debate de manera que, por ejemplo, el oponente se contradiga.

Para todos los casos se utilizan casos de la vida real y se hacen prácticas guiadas en clase. “Se ven ejemplos de todo tipo: políticos, empresariales, domésticos, laborales… la idea es que la misma técnica se pueda aplicar a cualquier rubro, a cualquier situación”, apuntó Linares.

El docente aclaró que aprender los pasos básicos no depende tanto de la habilidad de la persona, sino de su objetivo. “Te pueden contratar para una clase de una hora o capaz que hay una persona que está tres meses preparando un debate y después, aunque pierda las elecciones, sigue interesado en tomar más clases”, explicó.

Linares contó que impartió un curso para la Suprema Corte de Justicia destinado a los defensores de oficio que insumió unas cinco clases. “Fueron bastante largas y profundas”, recordó.

En cualquiera de los casos, Linares señaló que se trabajan las habilidades de los alumnos. “Hay personas que ya tienen alguna virtud y con otras habrá que disimular algún defecto. No hay ningún requisito previo para hacer el curso”, destacó.

Como complemento se ofrece el libro La Argumentación, de Editorial Planeta, escrito por el propio Linares. En él, el autor propone aprender a argumentar y debatir “de un modo desafiante, competitivo y con una dosis de humor importante para vencer verbalmente al adversario”.

Linares cuenta además con otros tres libros escritos con muchas de las técnicas que utiliza para sus cursos en Palabrart: Cómo hablar en público sin miedo y de una forma atractiva, Cómo lograr humor con la palabra hablada y Cómo convertirse en un líder irresistible.

El próximo curso de Argumentación y Debate presencial comenzará en enero. Si se lo necesita antes, se lo puede contratar de forma particular. También existe la posibilidad de cursarlo online, al igual que el de Oratoria y, en ese caso, son cursos gratuitos. Los presenciales (en Araúcho y Maldonado) son pagos.

Además, Palabrart ofrece el Gimnasio de Oratoria con el objetivo de darle continuidad a las prácticas de los exalumnos mediante los comentarios que Linares realiza sobre las prácticas de cada orador.

“A fines de los 90 los debates era malos”

Ismael Linares prefiere no pronunciarse sobre las características de los presidenciables Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou en sus roles de debatientes. Considera que no le corresponde. Sí se siente libre para analizar el nivel actual de argumentación y debate en Uruguay a nivel general. “Si lo comparo con algunos años atrás, hubo un lapso entre finales de la década de 1990 y comienzos de 2002 que los debates y los oradores eran realmente malos. Ahora, desde el punto de vista técnico, están ganando calidad. Esto no quita que uno, cuando ve un debate, diga ‘pero, ante este ataque, ¿cómo no le respondió esto? ¡Estaba cantado!’. Pero bueno, mirarla de afuera siempre es mucho más fácil”, señaló.
Contrario a lo que se piensa, “que todo el mundo note y diga que sos un gran orador es más bien una desventaja”, afirmó Linares.
“Se dice que Julio María Sanguinetti es un gran orador y que Jorge Batlle era un tipo más bien gauchesco. Sin embargo, basta entrar a YouTube para ver que los discursos de Batlle tienen muchas más vistas que los de Sanguinetti”, advirtió.
Según su experiencia, que se diga que Sanguinetti es un buen orador “no le hace mucho honor a su profesor de oratoria porque no se puede notar que haya una técnica por detrás, que la persona está tomando clase”.
En el caso de José Mujica, “más allá de que sea o no un gran orador, cualquiera que haya estudiado oratoria ve que ahí hay técnicas. Una muy simple es estirar las frases al final. ¿Viste que cuando te dejan un mensaje en la contestadora los últimos tres números no se escuchan? Ese es un defecto de oratoria, lo primero que te dice el profesor es ‘no seas un locutor porque perdés credibilidad, pero estirá las frases al final para que la gente te entienda fácil sin necesidad de hacer fuerza’. Eso se aprecia tanto en Batlle como en Mujica”, destacó.

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