ENTREVISTA

Alejandro Corchs: “Detrás de cada dolor hay un sentido y propósito en la vida”

El escritor presentó su último libro titulado “La medicina del amor”

Alejandro Corchs. Foto: Darwin Borrelli
Alejandro Corchs. Foto: Darwin Borrelli

El día que su psicóloga le dijo que no podría ayudarlo más y le recomendó que se acercara a un grupo de indios norteamericanos para que lo guiaran, Alejandro Corchs pensó que la mujer estaba loca.

Tenía 25 años y estaba en un estado de búsqueda existencial constante para poder sanar una herida profunda: sus padres desaparecieron durante la dictadura militar, cuando él tenía un año y nueve meses, y lloró su asesinato nueve meses sin cesar. El hastío del sufrimiento lo motivó a buscar una salida, y la encontró en la senda espiritual, más precisamente con el Camino Rojo.

“Me di cuenta de que yo era víctima y no me lo merecía, me revelé ante eso y armé una revolución interior. No tenía sentido atacar a otro por el dolor que sentía, pero necesitaba encontrar el sentido de por qué estaba vivo si habían asesinado a mis padres cuando yo era un bebé”, cuenta Alejandro Corchs.

El escritor y periodista presentó El regreso de los hijos de la tierra: la medicina del amor, y cerró una saga de cuatro libros autobiográficos con miras a mostrar que “hay suficiente lugar debajo del sol para todos, que cada dolor tiene un sentido y que la injusticia parte de nosotros cuando no salimos a buscar para qué nos ocurrió el dolor”.

-En el libro manifestás “la intención de compartir la experiencia con el lector como si fuera un amigo que cuenta su vida”, ¿no temiste ante tanta exposición?

-Sí, toda la vida trabajé en medios de comunicación y sabía lo que era, pero la pureza de la intención me hizo atravesar mi cuidado individual en pos del grupal. El libro es un regalo de abrir el alma y contar la vivencia sin ningún filtro, confiando en esa intimidad.

-¿Por qué pararte desde ese lugar?

-Porque me parecía muy importante hacer que los desaparecidos fueran personas de carne y hueso, familia, y no una cuestión impersonal. Quería traer la magia a la realidad cotidiana. El precio más caro lo habían pagado mis padres, el mío era salir a la exposición y no fue algo ingenuo o inocente, sino sabiendo lo que entregaba.

-¿A quién va dirigido este libro?, ¿solo personas espirituales podrían entenderlo?

-No, va dirigido a todos aquellos que les dé curiosidad porque justamente quiere mostrar que existe otra manera de vivir, y no responde a un camino espiritual en particular, sino a descubrir que hay suficiente lugar abajo del sol para todos, y que cada dolor en la vida tiene un sentido. Cuando encontré eso y me di cuenta de que no era solo conmigo dije, tengo que dejar testimonio de esto, no para convencer a la gente de que haga lo mismo que yo, pero sí mostrando que hay un propósito detrás del dolor: se puede buscar a través de la manera que cada uno quiera.

-¿En qué momento apareció en vos esa búsqueda?

-La búsqueda existencial la tuve siempre pero a los 25 años mi psicóloga me dijo, ‘hasta acá llegué, no te voy a poder ayudar más’. Yo era súper exitoso hacia afuera, era hacia adentro donde necesitaba ayuda. Me dijo, ‘te van a ayudar los indios’, y yo pensé que se había vuelto loca. Hoy, 18 años después, fui por lana y volví trasquilado. Soy realmente un rebelde, no un creyente.

-¿Adónde te llevó?

-Me dijo que su supervisor de terapia conocía indios norteaméricanos muy serios que me iban a ofrecer una ceremonia de retiro y ayuno en medio de la naturaleza y eso me ayudaría a reparar las heridas. Le contesté, ‘wow, ¿cómo funciona?, es increíble’. Yo sabía que ella era cristiana, que tenía un camino distinto al mío pero pasados seis meses me di cuenta de que no tenía otra puerta donde tocar, así que pensé, ‘voy a probar’. Los libros autobiográficos nacieron porque encontré la ayuda que necesitaba en un lugar donde no esperaba, y dije, ‘la gente tiene que saber que existe el Camino Rojo’.

-¿Recordás tu primera ceremonia?, ¿cuánto sanaste?

-Es un proceso, no fue una sola vez. Los libros relatan todo eso para que sea en una cuerda de intimidad seria: si querés saber, acá está contado cómo lo vivencié. Hoy observo cosas de 15 años atrás desde otro lugar y con una interpretación distinta, pero es auténtico porque está relatado con el mismo sentimiento que lo experimenté en el momento. Me di cuenta narrando autobiografías que lo único original que será eterno es escribir con el sentimiento de ese momento.

Alejandro Corchs. Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

-¿Qué tan sanadora es la literatura?

-Aunque en los libros hablo mucho de mí, todo mi proceso literario está basado en ayudar al nosotros, no tiene la intención del mí. Y la literatura me sirve mucho para resignificar mi lugar en las experiencias respecto a los demás.

-¿La medicina es el amor, tal como indica el título de tu último libro?

-Es la única medicina que no tiene contraindicaciones, las demás dependen del momento, el paciente, y la dosis.

-En varios pasajes del libro recordás a tu abuelo, él fue quien te crió, ¿se te aparecía su imagen en momentos de angustia?

-Él había fallecido cuando empecé mi recorrido espiritual. Somos un milagro porque un montón de personas nos ayudaron a que estemos hoy acá, de algunas sabemos nombres y apellidos, como mi abuelo. Digo milagro porque tuvieron que dar más allá de lo que se imaginaban y hacer de tripas corazón en momentos difíciles: eso lo hace una mamá, un papá, pero también otro montón de personas. A todos les pongo nombre, pero mi abuelo sería una buena síntesis de todos.

-Tus padres desaparecieron cuando tenías un año y nueve meses, y lloraste nueve meses sin parar, ¿es algo que recordás?

-No, es un cuento familiar que luego vivencio por medio de las ceremonias, y voy a recuerdos anteriores incluso. Pero al comienzo era solo un recuerdo de un relato familiar: no me podían sacar a la calle y si veía una mujer rubia me desesperaba porque mi mamá tenía ese color de pelo.

-¿Te costó volver a conectar con el llanto?

-Sí, aparte lo busqué. Había perdido la fluidez con el agua en los sentimientos y eso provocaba que todo fuera hacia la ira y el enojo. Una vez que reparé el contenido, fue un gran trabajo reconstruir el mecanismo de la fluidez con las lágrimas, y que las emociones fueran hacia otro lugar. Celebro haberlo conquistado.

-¿Pudiste reconociliarte con la historia de tus padres en algún punto?

-En algún punto no, totalmente.

-¿Gracias al Camino Rojo?

-Es una suma de todo porque si no ponés lo que hace falta adentro tuyo, la mejor ceremonia igual no te va a reparar.

- ¿El nacimiento de tus hijos también ayudó a sanar?

-Ahí están los verdaderos maestros. Digo esto porque la pureza de todos los recién nacidos y su mirada nos cuestiona y nos da la oportunidad de reparar esa parte de lo que no tuvimos ni recibimos. Hay muchos cuentos en este libro dedicados a ese tema. Ahora, Hitler y los asesinos de mis padres también fueron bebés recién nacidos. Hay que ver cómo construimos esta fábrica de psicópatas, e identificar que el 95% de los grandes genocidas recibieron violencia extrema en su primera infancia. Yo también y no me transformé en eso, pero como sociedad tenemos que poder hacer algo para reparar y transformar el modo de recibir la vida.

-¿Qué pretende dejar el libro?

-Un testimonio con respeto para dar a conocer que existe otra manera de vivir. La comparto porque estamos encerrados en esta estructura de supervivencia que consiste en creer que no hay suficiente lugar abajo del sol para todos: eso es una construcción humana, no es la creación que lo hace. La injusticia la hacemos nosotros cuando no salimos a buscar el para qué nos ocurrió el dolor.

Un ejemplar de Corchs por sábado

El 1° de junio saldrá con El País el primero de los 12 libros de la “Colección Alejandro Corchs, para vivir un presente en paz”. Se canjean con un cupón + $170.

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