HISTORIAS

Agustín Serrano, el campeón de jiu-jitsu que ha desobedecido todos los límites

Agustín Serrano sufrió amputaciones a los 2 años; eso no le ha impedido destacarse en las artes marciales en el exterior

Agustín Serrano
Agustín Serrano, de 28 años

Los dos contrincantes están de pie. Se miran a los ojos. Pero pronto están en el suelo en una lucha frenética. Solo habrá un vencedor: aquel que se valga de estrangulaciones o luxaciones y someta al otro. Agustín Serrano, de 28 años, cree que tiene una ventaja por sobre su rival: el está amputado a la altura de la rodilla y sabe cómo potenciar el uso de sus brazos y usar los muñones para realizar técnicas con una libertad que no tiene su contendiente en jiu-jitsu. A veces gana y otras pierde; a veces ha salido campeón en Uruguay y en el exterior, pero Agustín no deja de entrenar y competir. “Hay que tener rebeldía”, dijo.

Adrenalina en el cuerpo.

Agustín no tiene ningún recuerdo de su vida previa al diagnóstico de púrpura meningococica fulminante. Tenía tan solo 2 años cuando un médico les dijo a sus padres que la única alternativa para mantenerlo con vida era amputarle las piernas por debajo de la rodilla y varias falanges de los dedos. Una consecuencia de esta enfermedad es que el meningococo genera necrosis hemorrágicas en varios órganos.

Pronto empezó a usar prótesis y nunca usó silla de ruedas. Él nunca se vio como discapacitado aunque, por supuesto, “a veces” se “lo recuerda la sociedad”. Jugaba al fútbol, al básquetbol y al tenis y hacía natación. Pero hace ocho años que conoció el jiu-jitsu en un club de su barrio y adoptó lo que para él es una pasión.

“Nació un estilo de vida en el que me fui formando como atleta. Logré muchos compañeros y amistades que solo el deporte te puede dar”, relató.
No entrena ni compite con las prótesis. Para Agustín es más cómodo así. Nunca peleó contra otro discapacitado. A los pocos meses ya participó en su primera competencia en el Chuy. “Puede ganar”, recordó. Eso lo motivó a seguir entrenando. Desde entonces, viajó a Argentina, Brasil, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Rusia. “Siempre fui una persona muy competitiva. Siempre tuve esa adrenalina”, señaló.

Dos claves: rebeldía y competitividad. Agustín sabe que eso siempre lo ha impulsado. Tanto así que a los 11 años, tras una operación –mientras crecía tenían que retocarle los muñones porque el hueso continuaba alargándose estirando la piel–, el médico le pidió que ocultara las prótesis con pantalones largos. Como Agustín lo desobedecía; entonces, se lo sugirió a su madre. Y siguió sin hacer caso.

“Me dijo que no podía andar de short en la calle. Claramente no entendía nada. A cada consulta iba con el short más corto que tenía para pelearlo nomás”, se río.

Agustín Serrano
Agustín Serrano en competencia

Una revelación.

El anterior fue uno de esos momentos en los que la sociedad le recuerda que la realidad está plagada de limitaciones. Pero también pasa por otros en los que siente que, a pesar de la enfermedad en la infancia, sus secuelas, las prótesis y los dolores, es un privilegiado.

La primera vez que se dio cuenta fue al conocer a quienes se convertirían en sus compañeros en la selección uruguaya de quad rugby, una combinación entre básquetbol, rugby y hockey sobre silla de ruedas para personas con muy poca movilidad. Los jugadores habían visto algunos videos de él peleando en Rusia y lo invitaron a una práctica. Llegó caminando con las prótesis puestas.

“Ellos pensaron que yo usaba silla de ruedas y cuando caí caminando fue un choque para ellos. También lo fue para mí porque no conocía su discapacidad. Cuando fui a saludar a uno con la mano, el muchacho no podía usarla. Nunca había visto algo así. Terminé saludando a todos con un beso en el cachete porque no quería pasar de nuevo por eso. Al final de las tres o cuatro primeras prácticas me iba siempre llorando porque no podía creer lo privilegiado que era con respecto a ellos. Sus limitaciones a mí nunca se me pasaron por la cabeza. Seguí yendo, no solo porque me hice amigos nuevos, sino porque veía cómo se superaban a través de la cabeza”, contó a El País.

El jiu-jitsu es un arte marcial (de origen japonés pero la variante brasilera es muy popular) de lucha cuerpo a cuerpo y, como tal, puede ser considerado agresivo. Agustín cree que hay que tenerle “respeto”, sobre todo por la amplia posibilidad de lesiones: desde un desgarro en el pecho como le pasó durante una pelea hasta fracturas. Pero si tiene que decir cuál es el más violento entre el jiu-jitsu o el quad rugby, no duda que sea el último. “Básicamente son autitos chocadores. Es ir y darte”, ilustró. El jiu-jitsu también es un sistema de defensa.

Agustín Serrano
Agustín Serrano en competencia

Lo que se viene.

Agustín entrena de día en Lagomar y trabaja de noche en su local de hamburguesas en Pinar. Es padre de una niña de 4 años. Está esperando que la pandemia pase (o, por lo menos, ceda) para retomar las competencias en el país y en el exterior. También para ayudar a otros discapacitados en Montevideo, una invitación que le hicieron hace poco pero que todavía no ha podido concretar.

“Hay mucha gente que está guardada sin saber cuáles son sus propios límites”, dijo sobre aquellos que no se animan a practicar un deporte. “Hay millones de amputados en el mundo pero es la personalidad la que logra hacer los cambios”, reflexionó.

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