MUNDIAL DE NATACIÓN

La abuela uruguaya se trajo cuatro medallas de Corea del Sur y cuenta algunas anécdotas

Margarita Kemayd, de 80 años, tuvo una excelente participación en el Mundial de Natación de Corea del Sur.

Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso
Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso

Margarita Kemayd, la abuela salteña de 80 años que participó en el Campeonato Mundial de Natación que se realizó en Corea del Sur entre el 9 y el 18 de agosto pasado, volvió a Uruguay con las valijas un poco más pesadas que cuando partió: se trajo, además de muchas anécdotas y amistades nuevas, cuatro medallas.

La uruguaya ganó la medalla de oro en la prueba de aguas abiertas, otra por el cuarto puesto en 400 metros libres, otra por el séptimo puesto en 200 metros espalda y otra por su sexto lugar en los 100 metros libres. Una de sus nietas, de los 14 en total que tiene, la acompañó y registró todo para el documental que está realizando, llamado Mi abuela al Mundial.

Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso
Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso

Kemayd contó a El País que a pesar de que se había preparado mucho para la competencia de aguas abiertas, donde finalmente ganó el oro, no esperaba tremendo resultado: “Cuando me inscribí para el mundial, los tiempos mínimos que pedían para aguas abiertas eran bajísimos. Yo tenía que bajar 20 minutos para llegar. Finalmente bajé 22 minutos y gané”.

Y añadió: “Me entrené muy bien, pero igual ese día no podía creerlo. Cuando llegué no sabía ni qué tiempo había puesto, ni si había ganado, no sabía nada”.

La nadadora contó como anécdota que durante la estadía le costó mucho acostumbrarse a la diferencia horaria.

“Había 12 horas de diferencia con Uruguay y yo no me acostumbro, me cuesta y esa noche antes de la primera competencia casi no dormí. Me acosté a las 21 horas y a las 00.30 ya estaba como si fuera plena mañana. Al otro día teníamos que llegar antes de las 8 al lugar”, recordó.

El idioma no fue una barrera.

La deportista salteña volvió enamorada de Corea del Sur: “Fue toda una sorpresa, es un lugar tan lindo. La gente es tan buena, atenta, educada. Es un país maravilloso, con una tecnología bárbara, una belleza natural. Me quedé con ganas de ver más, porque fui exclusivamente para nadar y hay pila de cosas que no conocí”.

Además, Kemayd contó que con el resto de los nadadores se generó “una amistad muy linda”. Y el idioma no fue una barrera, aunque no precisamente porque esta abuela sepa hablar en coreano: “Yo hablaba en ‘tarzán’, me entendía con la gente por señas, más que mi nieta que sabe hablar inglés a la perfección. Porque el inglés de los coreanos es pésimo. Pero a las señas nos entendíamos y nos atendieron muy bien”.

Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso
Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso

Respecto al mundial, resaltó que los coreanos fueron “muy meticulosos” y que hubo “cosas que en otros lados no pasan”, como, por ejemplo, que antes de competir “te miran hasta las uñas: no podés tener las uñas largas, te miran si tenés alguna heridita, te toman la presión, una cantidad de cosas. Es un tiempo largo que se toman ellos con cada uno de los competidores, pero tienen una organización perfecta”.

La abuela no para y ya tiene otro sueño.

A Kemayd le gustó el agua toda su vida, pero recién comenzó a competir de grande: de pequeña solo nadaba en el río con sus amigas y recién cuando se casó, a los 22 años, comenzó a ir al Club Remeros de Salto. Con las actividades de algunas de sus hijas comenzó a involucrarse con la natación y cuando estaba por cumplir 60 años fue testigo de la creación de la liga máster para mayores. Comenzó a nadar profesionalmente: “Empecé a competir y también a corregir cosas: hasta el día de hoy hay cosas para corregir”.

Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso
Margarita Kemayd. Foto: Juan Martín Alonso

Esta abuela no para: una vez terminado el mundial pasó unos días en Tokio junto a su nieta y antes de volver a Montevideo hizo una parada turística por Nueva York.

Sigue entrenando hasta dos veces al día y aunque por ahora es solamente un sueño que imagina despierta, ya tiene en mente su próxima meta: competir en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

"De alguna manera voy a ir a Tokio"

Margarita Kemayd ya sueña con su próximo viaje y entrena, porque quiere competir en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020: “De alguna manera voy a ir a las olimpiadas de Tokio, quiero ir”, dijo.

Desde que volvió de Corea del Sur no para: entrevistas en la televisión, en los diarios, invitaciones en embajadas y el reconocimiento de su familia y de los uruguayos en general.

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