Una explosión de energía llamada Yaron Herman

Recital. Con su singular estilo el pianista llega a la Zitarrosa

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FERNANDO MANFREDI

Con su estilo energético y personal Yaron Herman, el notable pianista de jazz israelí se presenta esta noche, como solista, en la sala Zitarrosa, la misma en la que actuara antes.

En su anterior visita Herman había logrado cautivar a un público mayoritariamente joven con su muy particular forma de hacer música. Que se trata de un gran pianista, no hay duda, que posee buena técnica salta a la vista. Pero lo más importante es su capacidad escénica: le bastan su sola presencia y el instrumento para focalizar la atención del público.

Como un torbellino, dispara sus ideas sobre el teclado y crea universos sonoros a partir de minúsculas ideas que crecen y se transforman en progresiones polifónicas que siempre alcanzan su climax y concluyen en el punto exacto con una lógica casi matemática.

El pianista utiliza lo que él mismo denomina "real time composition", un método de creación que redunda en un concierto magistral en piano solo. Apartado del instrumento Herman parece un tipo tranquilo que pese a las limitaciones idiomáticas, busca comunicar sus ideas por medio de un discurso fluido que convierte a su presentación en una reunión de amigos.

Pero apenas se instala frente al teclado, el artista suelta sus demonios interiores y los lanza en desbocada catarata creativa. Su potencia energética es tal que es imposible mantenerse ajeno a este hombre considerado una de los grandes de la música mundial.

Herman aprendió a tocar el piano a los 16 años de la mano de Opher Brayer, famoso por su método de enseñanza basado en la filosofía, las matemáticas y la psicología, algo que de acuerdo a lo señalado se condice con lo que el israelí despliega en escena. Al cumplir la mayoría de edad, Yaron ganó el premio Rimon en la categoría "Joven talento". Al año siguiente, viajó a Boston para integrarse a la Berklee College School of Music.

Circunstancialmente, cuando regresa de los Estados Unidos a Tel Aviv, se detiene en París y conoce en una jam session a unos músicos que de inmediato lo contratan. La Ciudad Luz se transformó desde ese momento en su patria de adopción.

Esa fogocidad que los montevideanos conocen fue la esencia de su estilo desde siempre. A los 21 años, graba su primer disco Take 2 to know 1 acompañado en la batería por su amigo Sylvain Ghio. Esta fórmula no habitual sorprende y recibe de la prensa, una crítica unánime y auspiciosa.

Sin hacer uso de los elementos habituales como marketing y promociones, Herman logra con cada intervención, poner la prensa parisina a sus pies.

Reconoce y no oculta sus referenciales influencias: Paul Bley, John Coltrane, Lennie Tristano o incluso Bach, en lo más notorio. Pero las canciones tradicionales de sus orígenes y la música pop de su generación, también lo marcan y le sirven de fuente de inspiración, por allí asoman claras alusiones a Björk, o los Beastie Boys, por sólo citar ejemplos.

Con 27 años ha consolidado una carrera que parece no tener techo y convocado a un público heterogéneo y que supera fronteras imaginarias, donde credos, razas y naciones se mezclan, como se unen en su música todas las tendencias.

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