Nació en Montevideo (1953) pero vive en París desde hace treinta años. Formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes, Sergio López resolvió a comienzos de la década del 70 radicarse en Madrid: sin embargo, poco después cambió de idea cuando el régimen franquista consideró "políticamente tendenciosa" una de sus exposiciones en España. Pasó entonces a residir en París sin saber una palabra de francés y allí vivió tres primeros años de dura adaptación al nuevo medio, pero a partir de su incorporación a talleres escenográficos en la capital francesa como "garçon d’atelier", comenzó a desplegar lo que sería en adelante su terreno de especialización, sin abandonar por ello sus trabajos como pintor y el desarrollo de un lenguaje personal en ese campo. Como él mismo señala, "un decorado teatral es un cuadro con volumen": a esos despliegues volcaría un empeño profesional que en poco tiempo lo llevó a instalar su propio taller y realizar escenografías para las revistas del Moulin Rouge y el Lido.
Desde entonces, López ha hecho frecuentes visitas a Montevideo. En una de ellas realizó una muestra de su obra pictórica en la galería de la Alianza Francesa, sobre la cual el crítico Roberto de Espada destacó "el dominio de sus medios expresivos, la seductora gama cromática" y las dos vertientes mayores de su modalidad: "una donde trabaja con el grafismo, la mancha, el arabesco, el chorreado" y otra "que se tramita mediante la figuración, como hombre preocupado por su visión del mundo en el que cuenta con particular intensidad el tema de la pareja y el de la convivencia humana".
López no ha dejado de lado esa faena, pero la comparte con una creciente dedicación como escenógrafo, terreno en el cual tiene a la fecha una foja impresionante. Ha realizado decorados para la Opera de París, tanto en la Bastille como en el Palais Garnier, pero también para el teatro de prosa en salas como la Madeleine, les Bouffes du Nord o el teatro de la Porte Saint Martin, sin olvidar la ambientación escénica para una versión de la Décima de Beethoven coordinada por Peter Ustinov y —sobre todo— los decorados para grandes espectáculos de ballet (La Bayadère, Coppelia) y de music-hall, lo cual abarca desde Folies Bergère hasta el Circo de México, el Grand Ballet de Tahiti y hasta Holiday on Ice, sin olvidar una serie de trabajos para las revistas del Royal Palace de Estrasburgo.
Ahora Sergio López volvió por pocos días a Montevideo y promete una visita futura con obra pictórica bajo el brazo, para montar otra exposición individual que permita estimar el camino expresivo que recorre actualmente. De paso, deja constancia de su intensa fajina en el campo escenográfico "donde tengo compromisos que crecen día a día", con lo cual afianza una notoriedad que en Europa ya le ha dado su solidez y su amplio prestigio profesional. Hasta la vuelta.