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La Voz Argentina: ¿Por qué Francisco Benítez, el gran ganador, no tartamudea al cantar?

El cordobés, que representaba al team de La Sole en la final del reality de música, obtuvo más de 2 millones de votos y se consagró como el favorito de la audiencia.

Francisco Benitez. Foto: Telefé
Francisco Benitez. Foto: Telefé

El día que Francisco Benítez pisó el escenario de La Voz Argentina por primera vez algo se sintió de uno y del otro lado de la pantalla: la música es mágica. El cordobés de 22 años, que este domingo ganó la gran final del exitoso ciclo de Telefe con el 44,3% de los votos, sufre tartamudez y encontró en el arte de las canciones un refugio y una salvación. Tras conocerlo, Lali Espósito se emocionó y puso en palabras el pensamiento de muchos: “Es muy impresionante que cuando canta... nada. Es muy fuerte eso. ¿Cuál es la explicación?”.

La Nación conversó con las fonoaudiólogas Mónica Fiscman y Romina Cura para intentar comprender por qué ocurre esto y, según señalaron, “toda persona con dificultades en el habla puede cantar de manera fluida siempre, sin importar el contexto, contrariamente a lo que le sucede al hablar, dado que es probable que se trabe más si lo hace delante de muchas personas, está más presionado o interactúa con un interlocutor exigente”. De hecho, además de Francisco, hay otros cantantes a los que les sucede lo mismo, como Ed Sheeran o Marc Anthony.

Al respecto, la licenciada en Psicología de la Universidad Favaloro, Agustina Pascali analizó: “Cuando termina el momento en que Francisco canta y se expone a las preguntas del jurado, ahí aparece la tartamudez, porque ahí inciden factores ambientales como la incertidumbre y el estrés”. Además, subrayó la importancia de entender que “en cada persona juega diferente”, y reflexionando puntualmente sobre el cantante de La Voz Argentina, añadió: “Intentaba ponerme en sus zapatos cuando le hacían preguntas y seguramente había una parte de su mente que estaba pensando en cómo estaba respondiendo.

En cambio, el canto es una actividad que domina y le genera placer, lo cual alimenta la conexión con el momento presente y eso hace que esté menos en los pensamientos que le generan ansiedad. Cuanto más esté uno centrado en las experiencias sensoriales y en las sensaciones, menos espacio dejaremos para los juicios de valor, y la tartamudez está estrechamente ligada a los juicios de valor que hacen las personas que tartamudean sobre la calidad de su habla”.

El término correcto para referirse a estas complicaciones para hablar es “disfluencia”, y Fiscman y Cura puntualizaron que existen alteraciones a las que se considera “normales o típicas” y otras llamadas “atípicas”, que son aquellas que “no entran en la normalidad del habla”. Estas últimas “pueden manifestarse como repeticiones, prolongaciones, bloqueos, esfuerzo al hablar y movimientos faciales o corporales secundarios, y se dan en el 1% de la población mundial, impactando en la calidad de vida de las personas”. Al tratarse de “una dificultad en la fluidez del habla” y no de una enfermedad, las fonoaudiólogas aclararon que no se habla de “cura”, sino que para poder mejorar en este aspecto, “hay tratamientos específicos para todas las edades y, cuanto más tempranamente se haga la consulta, mejor será el pronostico”.

Sobre este punto, Pascali sostuvo: “Se puede modificar la parte ambiental para generar mayor dominio reduciendo las variables contextuales y aprendiendo estrategias para manejar la ansiedad”, pero existe una base biológica y genética. De hecho, el padre de Francisco también tiene tartamudez. “No tanto como yo, a él se le pasó un poco y puede comunicarse mejor”, explicó el concursante de La Voz Argentina a La Nación.

Desde una mirada neurológica, la psicóloga de la Universidad Favaloro señaló: “Las personas con tartamudez presentan una actividad cerebral diferente a quienes no tartamudean”, lo cual responde “a una menor actividad en el hemisferio izquierdo, específicamente en la llamada ‘área de Broca’, que es la encargada de ordenar los fonemas a la hora de elaborar una palabra, de la organización de las palabras dentro de una oración, de la integración semántica del contenido que va a expresarse y de la planificación motora necesaria para la expresión del lenguaje”.

Además, explicó que algunas teorías sostienen que, en contraposición, “existe una mayor actividad del hemisferio derecho que podría compensar de alguna manera esa diferencia, por lo que al cantar, una persona con tartamudez estaría compensando el circuito dañado del habla”. Y añadió: “Esto no implica que sea sencillo o necesariamente eficaz, y las personas con tartamudez pueden encontrar dificultades al percibir y mantener el ritmo de ciertos tipos de música”. En línea con esto, Pascali aclaró que -a partir de lo demostrado por diversos estudios de investigación- “en la percepción musical participa todo el cerebro” y resulta “simplista” pensar en un hemisferio izquierdo intelectual y un hemisferio derecho artístico.

La música como transformación y el camino a la final: “Yo ya gané el primer día”

Francisco se convirtió este domingo en el ganador de La Voz Argentina. Representando al equipo de La Sole, obtuvo más de 2 millones de votos y se impuso por sobre Luz Gaggi (team Mau y Ricky), Nicolás Olmedo (team Lali) y Ezequiel Pedraza (team Ricardo Montaner). Horas antes de la gran noche, habló con La Nación: “No me imagino ganar; yo ya gané el primer día, cuando pasé la audición a ciegas. Si llega a pasar ese acontecimiento sería muy grande por lo mucho que me gusta cantar y por lo que luché para poder estar bien yo y ser feliz. Ahora con esto de La Voz ya puedo decir: ‘Soy feliz’”.

En la audición a ciegas (la primera etapa del concurso), Francisco cantó “Todo cambia”, el himno que inmortalizó Mercedes Sosa, y uno a uno todos los jurados fueron dando la vuelta. El primero en tocar el botón para seleccionarlo fue Ricardo Montaner; luego lo hicieron sus hijos, Mau y Ricky; le siguió La Sole, quien deslizó un sincero “qué buena voz” al momento de dar su sí y, por último, se sumó Lali Espósito. Para ese momento, ninguno de los cinco conocía su historia, pero de todos modos se generó algo especial en el escenario: Lali decía que tenía la piel de gallina, Montaner se secaba las lágrimas, los hermanos soltaban comentarios como “wow”, “muy fuerte” y Pastorutti lo miraba sin poder decir nada.

“Creo que nunca sentimos tanta necesidad de tener a alguien como vos en el equipo. Estoy con un nudo en la garganta. Elegiste una canción muy especial para Latinoamérica y particularmente para nuestro país. La mejor versión de esa canción es, sin dudas, la de Mercedes Sosa, pero la tuya no está tan lejos”, le dijo Soledad, quien desde ese primer momento avizoraba que el joven “llegaría muy lejos en el programa y en la vida porque su voz hiere el corazón de la manera más linda”. Lógicamente, este amante del folklore la eligió a ella para que lo acompañe a lo largo del certamen como su coach, y de su mano llegó a la final.

“Cambia todo cambia, así como cambio yo en esta tierra lejana”, reza el tema que él eligió para darse a conocer y, casi como una premonición, anticipó lo que sucedería con este cordobés que pronto será papá: la vida le cambió por completo después de dejar su casa en Colonia Tirolesa y viajar a Buenos Aires para participar del reality. “Este paso que di me cambió un montón porque me ayudó a crecer tanto en lo personal como en lo musical. Me hizo desenvolverme muchísimo más y me sacó de la timidez”, contó Francisco a La Nación. Él se transforma cantando.

Aquel día en que se presentó, el finalista del team Soledad explicó: “Sufro tartamudez desde los 6 años y me costó un poco seguir con la vida. Lo que me salvó fue cantar porque lo que no puedo decir lo canto para que le llegue a la gente. Me encanta mucho cantar con el corazón”. En ese sentido, al conversar con este medio, profundizó: “Me salvó de muchos miedos e inseguridades porque era como un refugio para mi. Yo estaba mal, y el canto me ayudaba a estar en paz. Lo que más me gusta es interpretar las canciones y poder llegar con la historia a la gente para que se sientan identificados”.

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