Tim Burton, el raro de la industria

Musical. El viernes se estrenó el último film de este director: "Sweeney Todd, el barbero demoníaco de Fleet Street". Johnny Depp canta y se derraman litros y litros de sangre.

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THE NEW YORK TIMES | IAN SPELLING

El director de "Ed Wood" y "El joven manos de tijera" ha vuelto. "Sweeney Todd" se estrenó en cines el viernes y Tim Burton tiene mucho para decir sobre el pasaje de este musical a su personal visión del cine.

Tim Burton esperaba que todos tengan una Navidad extraordinaria, cuando estrenó esta película en esas fechas en Estados Unidos. Su deseo no era casual, porque hacía gran énfasis en lo "extraordinario". Y para asegurarse de que así sea, el director de Beetlejuice (1988) y la primera Batman (1989) y Charlie y la fábrica de chocolates (2005) les dio un regalo muy especial a los cinéfilos: su versión para la gran pantalla, llena de sangre y clasificada para mayores de 18 años, del conocido musical de Stephen Sondheim, Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street.

El protagonista favorito de Burton, Johnny Depp, la estelariza en el papel que da nombre a la película, el de un barbero sediento de venganza del siglo XIX, que regresa a su casa en Londres, después de pasar varios años injustamente encarcelado, y que utiliza sus amadas navajas para matar a sus enemigos. Con sus cuerpos hace el ingrediente principal de las tartas de carne peligrosamente deliciosas confeccionadas por su casera, Mrs. Lovett (Helena Bonham Carter, esposa de Burton en la vida real).

"Siempre es divertido hacer algo que no pueda compararse con nada más," afirma Burton. "Cuando estábamos empezando, me preguntaban qué tipo de musical era ése y no había nada que yo pudiera responder a eso. Eso lo vuelve más divertido, que no haya nada en qué basarse como referente y sentir que estoy en territorio diferente. "Dreamworks también lo sabía", agrega refiriéndose a la productora.

"Eso es lo bueno. El estudio conocía la obra y sabía lo que sería esta película. Nunca se habló de no hacer una versión que no fuera para mayores de 18 años. Nunca se habló de bajarle el tono. En la primera reunión que tuvimos hablamos de la sangre. Yo había visto otras producciones en las que escatimaron en la sangre y trataron de ser políticamente correctos en ese aspecto, pero se perjudicaban por ello.

Y explica el porqué del asunto: "Las raíces de Sweeney Todd están en la tradición del gran guiñol, que es melodramática, con exageración de sangre y todas esas cosas. No está bien tratar de ser políticamente correcto con eso".

Pocos podrían dudar que Burton es el director ideal para captar al cine esta historia. La película cae dentro de su especialidad en términos de tono, estilo, diseño y humor.

Muy apropiadamente, Burton se presentó para la entrevista en un hotel de Londres con aspecto que podría parecer de loco, vestido todo de negro y luciendo una melena despeinada y una sonrisa sardónica. Tenía la nariz enrojecida por un frío infernal y dos dedos que se lastimó envueltos en una venda que a gritos pedía que la cambiaran.

Burton, de 49 años de edad, vive en el Norte de Londres, en una casa adyacente a la de su amor de toda la vida, Bonham Carter y el hijo de ambos, Billy Ray. Su segundo hijo está por nacer en cualquier momento. Pero eso no significa que empezará a hacer películas de Barney el dinosaurio.

"Algunas personas quizá esperaban que me dedicara a hacer películas infantiles," dice Burton, "pero no creo que Sweeney Todd sea para niños. No creo que eso me haya afectado en relación a la forma en que enfrento mi trabajo. Aunque, si voy a tener que irme a un país remoto por seis meses al año, tener una familia más grande quizá afectaría más mis decisiones ahora. Me ha afectado en lo personal, en lo emocional, pues es algo asombroso. Ver las cosas otra vez a través de esos ojos, ver una vida fresca y nueva, sólo puede ayudarme como artista. Revitaliza la forma de ver las cosas, lo cual es excelente".

Esto no significa que Burton necesite revitalizarse o que le recuerden el valor de lo nuevo. Después de más de 20 años de una carrera que empezó con La gran aventura de Pee-wee (1985), Burton sigue experimentando con las formas y los materiales. Lo más notable es que esta película es su primer musical.

"Obviamente nunca había hecho algo como esto. Me decían que toda esa música iba a ser algo muy limitante, pero creo que los actores, los trabajadores y yo mismo lo encontramos muy liberador. Sentía como si estuviera haciendo una película muda con música. Los actores se movían de otro modo. Fue divertido. Nos puso a todos en la misma sintonía. Lo sentí nuevo y me encanta esa sensación."

Depp había tocado en bandas y ocasionalmente había hecho coros, pero no estaba seguro de poder con la exigente partitura de Sondheim. Así que por su cuenta fue a grabar My Friends. Cuando un colega le dijo que sonaba bien, Depp le dijo a Burton que contara con él.

"Cuando él me dijo que pensaba que podría hacerlo, simplemente confié en que sí podría hacerlo" dice. "No lo había oído cantar. Sólo que lo conozco tan bien que sé que no hubiera dicho que sí, si no pudiera hacerlo. Pero no sabía lo bueno que es."

En cuanto a la sangre, sí, la hay por toneladas. Del cuello de la gente escurren galones y más galones a lo largo de toda la película y eso es horripilante. Empero, Burton hace trampa ligeramente en lo que se refiere a la hemoglobina: es sangre de teatro brillante y carmesí, que se ve más surrealista que real.

"Regresé a la vieja sangre de la Hammer", explica Burton. "Yo crecí con las películas de horror de Hammer, que era sangre brillante. Había cierta vivacidad en ella.

"La razón de que haya tenido esa cantidad de sangre y de ese color, agrega, es que esos personajes, especialmente Sweeney, son muy rígidos y reprimidos. Hubo menos color y específicamente le restamos saturación a todo lo demás, pero la sangre ... la sangre significa más bien una especie de liberación. Es como una emoción rojo brillante. Y eso es algo que también recuerdo del teatro. Así que eso es lo que yo buscaba, una combinación del teatro y de Hammer."

Hablando del teatro, si bien Burton naturalmente quisiera que el público y la crítica compartiera su entusiasmo por Sweeney Todd, lo que más le importó fue el comentario de un crítico en particular: Sondheim.

"Yo estaba muy nervioso cuando le mostré la película," recuerda Burton riendo. "Nunca había estado tan nervioso. El editor musical y yo tuvimos que ir a al bar y esperarlo para obtener una respuesta. Y él se portó excelente. Honestamente, creo que nunca había estado tan nervioso al mostrarle algo a nadie" admite el cineasta. "Pero él fue muy comprensivo. Yo no tenía idea de lo que pensaría, pero me pareció que estaba muy, muy a favor nuestro."

PROYECTOS. Burton ya tiene alineadas sus próximas dos películas y, como es típico en él, éstas son atípicas: va a producir y dirigir una versión híbrida de acción en vivo y animación de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, y después producirá y dirigirá Franken-weenie, largometraje de animación cuadro por cuadro, basado en su famoso corto de 1984 acerca de un niño que resucita a su perro muerto (se puede ver en Uruguay en la edición en DVD de El extraño mundo de Jack).

Es simplemente un día más en la oficina para uno de los últimos especímenes de una raza en extinción en Hollywood: un cineasta que puede hacer las películas a su modo, con todo y sus extravagancias.

"Gracias a Dios la industria del cine está chiflada. Son una bola de sicópatas. Hay un poco de suerte, no es una ciencia exacta. Si uno tiene la suerte de tener cierto número de éxitos, eso le consigue un poco de tiempo y libertad. Eso cambia un poco las cosas. Pero yo siempre he tratado de ser responsable con mis presupuestos y me esfuerzo al máximo. Uno se siente un poco como un tiburón: desplazándome por debajo del radar y siguiendo la corriente", dice. Su lugar en el medio de una industria tan salvaje como la de Hollywood es envidiable y a la vez es refrescante para su público.

¿Leyenda urbana?

Casi seguramente se trata de una leyenda urbana, aunque hay una minoría de escritores que sostienen que Sweeney Todd existió realmente. Sin embargo, los archivos oficiales británicos no contienen ninguna información al respecto, ni existen informes de prensa contemporáneos a los hechos. Las primeras referencias sobre él surgen de un cuento publicado recién en 1846 y atribuido a Thomas Priest.

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