ENTREVISTA

Las Morán: los secretos de una madre y una hija compinches en la vida y en el teatro

Se reestrena "La pipa de la paz", la comedia que le dio un Florencio a Cristina Morán y que dirige su hija Carmen; sobre su vínculo, trabajar juntas y el teatro en su vida hablaron con El País

Carmen y Cristina Moran
Cristina y Carmen Morán. Foto: Juan Manuel Ramos.

Son, en definitiva, “Las Morán”, Cristina y Carmen, madre e hija, compinches y ahora otra vez actriz y directora. Carmen dirige a su madre en La pipa de la paz, la obra que fue un éxito hace cinco años y que desde mañana se reestrena en Espacio Teatro. Va sábados (a las 21.30) y domingos (a las 19.30) con entradas a 500 pesos; los domingos los jubilados pagan 350 pesos. Es en Mercedes casi Andes.

La obra, escrita por la argentina Alicia Muñoz, tiene a Cristina como una madre que atormenta a un hijo (Hugo Giacchino) que acaba de llegar de Nueva York. La pipa de la paz le dio un Florencio a Cristina (mejor actriz de comedia) y una nominación a Carmen.

Después de un ensayo, madre e hija hablaron de la obra y de su vida. Este es un resumen de esas charla.

—¿Por qué volver ahora con La pipa de la paz?

Carmen: Es una obra que amamos y nos dio muchas, muchas satisfacciones. Además fue un éxito y el primer y único Florencio de mamá por una actuación. Y me dio una nominación como directora. Además hicimos gira por todo el país con entradas agotadas. Fue muchísimo. Y aunque siempre decíamos que teníamos que volver con La pipa de la paz, yo me negaba: no soy muy amiga de los reestrenos porque siempre me gusta arrancar con algo nuevo. Y mamá pensaba lo mismo. Pero como nos habíamos bajado en pleno éxito, sentí que era el momento de volver.

—Y todo ha cambiado tanto...

Carmen: Siento que hay de parte del público otra actitud, otras ganas, y el teatro al fin está teniendo una nueva oportunidad. Y también los hacedores del mundo teatral estamos poniéndonos las pilas desde otro lado, cambiando las propuestas. Esta obra es atemporal porque habla del ser humano. Esa es su chispa..

—¿Y a usted, Cristina, qué le gusta de la obra?

Cristina: Soy muy hincha de este texto y de esta dramaturga, Alicia Muñoz. La descubrí por una puesta de otra obra de ella, Justo en lo mejor de mi vida en Espacio Teatro. Conseguí su mail, le escribí y le planteé que quería hacer La pipa de la paz, a la que elegí por el título. Cuando la leí se la pasé a Carmen enseguida y le encantó.

—¿Qué les gustó tanto?

Cristina: Es una comedia costumbrista de una madre y un hijo. Aunque ella tiene dos hijas más, como siempre pasa con las madres, el varón es el que tiene que acompañarla, el que más protegen. ¡Siempre pasa eso! (señala, bromeando a Carmen, que tiene dos hijas y un varón). Pero esta madre es fuerte y muy manipuladora. Es bravísima la veterana. Eso me encantó.

Carmen: Es un personaje hermoso con tanta gracia, picardía inteligencia y chispa. Y hacen muy buena química con Hugo Giachino, gran actor y comediante. Se han entendido muy bien con mamá, porque los dos tienen un ritmo escénico afiatado que hace que la obra corra sobre carriles bien aceitados. Si bien la dirección tuvo que ver en todo este proceso ellos hacen que los personajes tengan esa esa gracia y esa credibilidad.

—Cristina, ¿cuándo se dio cuenta que la nena iba a ser artista?

Cristina: Mirá, ni me hables (se ríe). De chiquita siempre la llevaba al teatro a ver las las obras infantiles. Hubo una, La vaquita cuadrada que la daban en El Tinglado que no sé cuántas veces la vio. Al final la dejaba sola, pues me tenía que ir porque estaba harta de verla.

Carmen: Debuté en El Tinglado en 1980 y tengo el recuerdo de niña de subirme a ese escenario en La vaquita cuadrada porque al final los niños participaban y no había vez que no me subiera.

—Y ahí, Cristina se dio cuenta que venía brava la cosa...

Cristina: (se ríe). Venía brava la mano. Y como no quería hacer estudios terciarios y solo quería ir a la Escuela Municipal de Arte Dramático, yo le dije que tenía que hacer algo más. Y así fue por los dos años de Secretariado bilingüe.

Carmen: ¡Y nunca trabajé de secretaria!

Cristina: Cuando terminó me trajo el diploma y me dijo, “tomá mamá, colgalo”. Y se fue a inscribir en la EMAD. Esta, esta que ves ahí (se ríe). Ella hacía teatro en el liceo y cuando el gallego Alfredo de la Peña me llamó para hacer la Frosina de El avaro de Moliere me pidió permiso para llamar a Carmencita para ofrecerle el personaje de Mariana. Así debutó en el escenario en El Tinglado, en donde había subido con La vaquita cuadrada y ahora tiene en escena No molestar. No dejo de maravillarme de la vida, las oportunidades que te da y los saltos que te hace pegar. La veo ahora en el escenario y me acuerdo de que hace añares Enrique Guarnero y Maruja Santullo fueron a verla y quedaron encantados y le vaticinaron un futuro hermoso. La vida es una maravilla.

—¿Cómo era ser la hija de Cristina Morán?

Carmen: Lo tomaba con naturalidad porque era mi mamá y es igual para el hijo de un médico, de un piloto o cualquier otra profesión.

—Pero a su madre la reconocían por la calle...

—Esa era la parte que más me costaba. No cuando iba al canal porque ahí estaba jugando, me divertía. Pero si salíamos en plan madre e hija la abordaban permanentemente y a mí eso me ponía mal porque yo quería ese tiempo con ella y era muy difícil. Pero eso que me empacaba en la infancia, ahora lo disfruto muchísimo porque es el cariño de la gente. Eso del peso de ser la hija de Cristina, está más en la gente que en mí. En algún momento estuve peleada con eso y no quería seguir el mismo camino y sí hacer otra cosa, pero me dije, “cómo voy a hacer otra cosa, si lo que quiero hacer es esto”.

—¿Y costó ser Carmen Morán?

Carmen: Estoy conforme con lo que hice en mi vida, con haber priorizado mi maternidad en el momento que lo tuve que hacer. Fui eligiendo en qué tiempo hacer qué cosas. No se puede formar una familia grande, vivir en El Pinar con todo armado y que funcione y además ser una actriz.

—¿Cómo es Carmen como directora?

Cristina: Es muy buena, molesta un poco, pero es muy buena.

Y una vez más, madre e hija, actriz y directora, se ríen, compinches.

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