críticas

La frescura de "La tierra purpúrea" en la escena

La tierra purpúrea es muchas cosas a la vez, y en eso radica buena parte de sus encantos. Si bien es una novela, también tiene elementos autobiográficos de su autor, W.H. Hudson, asunto que hace que el libro de memorias y el relato ficcional se fundan y confundan.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Con el asesoramiento histórico de Gerardo Caetano, Fletcher lleva adelante la obra.

Por otra parte es un exquisito y único testimonio de la campaña oriental al promediar el siglo XIX, con un ojo sagaz para captar detalles pintorescos, ideologías, vida cotidiana, cultura material y demás. Su carácter atrapante, híbrido, lleno de ricos elementos, invita a llevarlo a escena, y a eso se atrevió, con éxito, este director inglés radicado en la Ciudad Vieja.

La ecuación de trasladarlo a escena tenía varias dificultades: las lógicas de llevar una novela al escenario, y las de presentar ante los espectadores el siglo XIX criollo, en un enclave difícil, que no es ni los tiempos de la Colonia, ni los del Uruguay moderno, referencia cronológica que también hace muy valioso al libro. Para sortear el primer problema, Fletcher trabajó una serie de niveles de ficción, de inspiración algo pirandelliana, que van desde el grupo de artistas discutiendo sobre cómo escenificar la obra, hasta los acciones en sí. Este continuo quiebre de niveles, de códigos escénicos, permite hablar sobre el libro y presentar sus pasajes más jugosos, a la vez que llevar al asunto del presente al pasado, aportando de yapa eficaces toques de humor.

Fletcher, autor también de la dramaturgia, sabe llevar muy bien el texto original a escena, y consigue —algo difícil— que el maravilloso texto de Hudson quede recreado en la Sala Zavala Muniz, dando una idea bastante global del libro, haciendo valer muchos de sus episodios jugosos, y trasmitiendo algo de su frescura y capacidad para divertir.

Colabora en la diversión que proporciona el espectáculo, lógicamente, en gran desempeño de un elenco profesional, que superó el primer problema que era interpretar al elemento criollo sin caer en el ridículo. La sobriedad de Lucio Hernández, la ductilidad de Luis Martínez (un actor que no ha sido quizá valorado en la medida de su talento), o el porte de Fernando Dianesi dan con lo que hoy en día se puede pedir sobre un escenario al respecto. También Leandro Núñez da muy bien con ese anglosajón que recorre esta zona del Plata, aunque el director y dramaturgista quizá pautó al personaje desde una ingenuidad y un asombro que el libro no exhibe tanto. Pero la opción sirve al nivel de la dramaturgia, para dar color al montaje y sumar toques de humor, que los lograda en muy buena ley.

Claro que esa dinámica de cambiar de niveles de ficción puede enfriar un poco la comunicación con determinado tipo de espectador, aunque no falta (a juzgar por la función del pasado sábado) quien se involucre de lleno en la propuesta.

Las actuaciones femeninas, excelentes, desde Isabel Legarra, solvente para crear personajes campechanos, hasta Leonor Chavarría, que crea una gallina comiquísima. Si bien algunas escenas son algo planas, el director logra un objetivo más: buscar trasmitir algo del encanto y la calma del campo.

SABER MÁS

La tierra purpúrea [***]


Dramaturgia y dirección: Anthony Fletcher. Escenografía: Leandro Garzina. Vestuario: Pilar González. Música:Martín Buscaglia. Compañía: Comedia Nacional. Elenco: Leandro Núñez, Isabel Legarra, Lucia Hernández, Fernando Dianesi y Jimena Pérez, Luis Martínez y Leonor Chavarría. Sala: Zavala Muniz, del Teatro Solís. Funciones: viernes y sábados a las 20.30 horas y domingos a las 19 horas. Entradas: $ 110, en la sala y TickAntel.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados