GUILLERMO ZAPIOLA
¿De Niro asumiendo en la pantalla un personaje que hiciera previamente Marcello Mastroianni? Sobre el papel al menos, la propuesta es intrigante. El resultado, "Están todos bien", llegará mañana a las pantallas uruguayas.
Se trata, por supuesto, de una nueva versión de Estamos todos bien (1990), aquella película de Giuseppe Tornatore, el director de Cinema Paradiso, en la que Marcello se largaba a reencontrarse con sus ya crecidos hijos, fastidiaba a todo el mundo durante el viaje contando (aunque no quisieran escucharlo) lo fantástico que les estaba yendo a cada uno, y se encontraba en definitiva con algunas realidades más problemáticas. El título, por supuesto, carga con una cuota de amarga ironía.
La nueva versión traslada la acción a los Estados Unidos en lugar de mantener la original ambientación italiana, aunque no rompe del todo con sus raíces originales: no olvidar que De Niro tiene raíces itálicas (mezcladas, en cierto, con otra sangre de inmigrantes, irlandeses incluidos). Como el Marcello del film original, el viudo encarnado por De Niro desea reencontrar a sus hijos y sufre algunas decepciones.
El tránsito lo lleva a Nueva York, Chicago, Denver y Las Vegas, pero también a descubrir a una exitosa bailarina (Drew Barrymore), una importante publicista (Kate Beckinsale), un célebre director de orquesta (Sam Rockwell) y un elogiado pintor (Austin Lysy). Como en la magistral Cuentos de Tokyo (1953) de Yasujjiro Ozu que Tornatore copiara sin muchos escrúpulos y no demasiada inspiración, la vida de esos personajes no es una permanente nube rosada. Se trata de la vida, nada menos, eso que nos pasa mientras queremos hacer otra cosa, como dijera John Lennon.
El film ha sido escrito y dirigido por el británico Kirk Jones, aquí a la altura de su tercer largometraje luego de la comedia costumbrista El divino Ned (1998) y la fantasía familiar La nana mágica (2005), quien, acaso para disponer de otra conexión con la Italia de la que provino originalmente el asunto, solicitó también la colaboración del músico Dario Marianelli para la banda sonora.
De Niro reconoce que lo atrajo particularmente retomar un papel ya interpretado por Mastroianni, actor al que ha admirado desde siempre. "Estuvo en grandes películas, y forma parte de la mejor tradición del cine italiano", sostiene. Aclara empero que vio solamente una vez la película de Tornatore, y está convencido de que la `remake` es considerablemente diferente: el director y libretista Jones siguió su propio camino, y aunque la estructura y el tema del original están ahí, "se trata de otra cosa", asegura.
El personaje de Frank le permitía a De Niro alejarse una vez más de los "tipos duros" que han sido una de sus especialidades, en serio (El padrino 2, Taxi driver, El toro salvaje, Buenos muchachos, Casino, Cabo de miedo, Fuego contra fuego) y en broma (Analízame, Analízate) a lo largo de su carrera. El actor afirma igualmente que, en ese aspecto, Están todos bien resulta "un toque de aire fresco en su carrera", que lo obliga a encarar un papel distinto en el que puso bastante de su propia personalidad.
Siente una proximidad con su personaje, pero de hecho siempre ha puesto algo de su propia experiencia en los personajes que interpretó. "Uno tiene que ser consciente de qué es lo importante en el papel que está haciendo. Eso lo hace más personal". E insiste: "Hay mucho de mí en la película. Tengo cinco hijos y dos nietos. Pero el director es Kirk, y él es el ancla que mantiene todo en equilibrio. La película es su barco, no el mío, y es quien toma las decisiones finales. Yo me pongo totalmente en sus manos, por decirlo de alguna manera".
Pero los ancestros itálicos siguen pesando a la hora de protagonizar un drama familiar. El abuelo paterno, siendo estricto y chapado a la antigua es recordado por De Niro. "Creo que mi padre vino a Nueva York en busca de ciertas cosas, y mis padres me educaron de una forma más suave. De hecho, cuando quise ser un actor todo estuvo bien con ellos".
Él se siente como una síntesis de ese pasado al enfrentar a sus hijos, sin ser muy estricto, porque entiende que hay cosas que deben hacerlas por sí mismos. "Pero, al mismo tiempo, no les permito hacer cualquier cosa, sino que discuto con ellos: estoy de acuerdo con que hagas esto que quieres hacer, pero también tienes que hacer aquello otro que quizás no te guste. Es lo justo".
CINEASTA. El director Jones reconoce que tenía algunas dudas a la hora de encarar su tercer largometraje, y primero que realizaba en los Estados Unidos. Había estado buscando un tema que realmente le interesara, y demoró en encontrarlo. Quería algo que pudiera hacer en Estados Unidos, pero del que al mismo tiempo pudiera sentirlo como propio, ejercer en definitiva cierto control sobre lo que hacía y no convertirse simplemente en un empleado del estudio. Le estuvo dando vueltas a varias ideas, y leyó numerosos libretos que no lo convencieron ("todos parecían High School Musical", comenta con cierta desazón) hasta que se reencontró con la película de Tornatore, que siempre le gustó, a la que considera un clásico, pero que tuvo escasa circulación fuera de Italia. Eso implicaba una ventaja.
"No es lo mismo que volver a hacer algo que todo el mundo conoce", admite Jones. "Pero volví a ver el film y sentí que realmente conectaba con él a nivel emocional. También pensé que tiene un tema realmente universal: la familia". Una de sus satisfacciones, agrega, fue poder ver el film terminado con su propio padre, y comprobar que éste estaba orgulloso de él.
El cine que sigue
De Niro sigue siendo un trabajador incansable. Luego de Están todos bien estrenó ya otra película (Stone), tiene dos más en postproducción (Machete, Meet the Fockers Sequel) y está trabajando en una cuarta (The Dark Fields), que se estrenará en 2010. Y si uno se mete en la base de datos Internet Movie Database se encuentra con que tiene otros doce proyectos en carpeta, en diversas etapas de desarrollo. Tiene 66 años, y va a estar muy ocupado en los próximos dos o tres.
Luces y sombras de una película famosa
Cierta persistente leyen- da de maestría persigue desde hace más de dos décadas al italiano Giuseppe Tornatore, y alguna vez va a haber que poner las cosas en su sitio. El director logró un éxito internacional con su segundo largo, Cinema Paradiso (1988), que era una evocación no exenta de encanto de los viejos cines, aunque apelaba sin mucho disimulo a la nostalgia y la emotividad del espectador.
Entre las cosas que hizo después hubo cierto rigor en Una pura formalidad (1994), un `thriller` psicológico en el que había logros de clima (además de un `casting` curioso que incluía a Gérard Dépardieu y Roman Polansky), y había una buena historia en La leyenda de
1900 (1998), pero esos y otros films mostraron sobre todo a un artesano cuidadoso y a una suerte de "profesional de la nostalgia" antes que a un auténtico creador.
Algo de eso había en Estamos todos bien (que hizo en 1990), una película muy jugada a la esmerada composición protagónica de Mastroianni, pero también bastante afectada por la reiteración mecánica de un mismo recurso (pasado en blanco y negro, salto al presente en color, contrastes).
Algunos rASGOS PROPIOS
ANTIGUALLA. De Niro reconoce que no está muy al día con la tecnología de punta. "No sé qué es Twitter", dice. "Alguien me habló de eso, pero sigo sin entender de qué se trata. Me manejo aceptablemente con la computadora, aunque soy un poco lento, y puedo enviar correos electrónicos y ver videos. También uso un Iphone. Creo que lo uso adecuadamente".
Tránsitos. Como director y escritor británico, Kirk Jones reconoce que tuvo sus dudas al empezar a trabajar en "Están todos bien". Más allá de la universalidad del tema, quería que éste sonara a "auténticamente norteamericano". De modo que se largó a su propio viaje personal. Recorrió largamente los Estados Unidos, buscando locaciones, conociendo los lugares donde transcurriría la acción y, especialmente, escuchando hablar a la gente para que el diálogo del film sonara lo más natural posible.
OPCIONES. Robert De Niro ha sido bastante criticado por algunas de sus opciones recientes como actor. Un hombre que, tradicionalmente, se caracterizó por el rigor de sus elecciones, ha sido visto en mucho trabajo menor. Sin embargo, el director Jones no se lo reprocha. "Cuando un actor firma un contrato, confía en que el resultado será la mejor película posible. No siempre ocurre, y no suele ser su culpa".