ALICIA HABER
Visitando la ciudad de Rocha y algunas instituciones de la zona, como el Centro Cultural de La Paloma, es posible acercarse a manifestaciones artísticas de las que el montevideano suele tener pocas noticias. En parte es la culpa de la macrocefalia montevideana y del centralismo uruguayo, que concentra casi todo en la capital. Por otra parte muchos montevideanos veranean en los balnearios rochenses pero pocos se dedican a investigar qué pasa más allá de las playas. El contacto no es fácil, porque algunos de los creadores de la zona han decidido permanecer allí y no exponer fuera de la zona, acercándose a Montevideo sólo de visita, para ver exposiciones o encontrarse con amigos y familia, pero no para mostrar su obra. Tienen una actitud resistente frente a la capital, defienden la descentralización y subrayan sus raíces permaneciendo donde nacieron. Hay que ir a descubrirlos, porque tienen perfil bajo.
Uno de esos casos es el del ceramista Eduardo Saldain (Rocha, 1939), docente reconocido y creativo artista que desde 1978 no expone en Montevideo, aunque ha hecho incursiones en zonas cercanas como el Museo Mazzone de Maldonado. Pero Saldain prefiere vivir, crear y exponer en su propio Departamento, aunque se mantiene al tanto de lo que sucede en su comarca y en el mundo. Para él, a pesar de todas las dificultades que enfrenta por residir lejos de la capital y en una ciudad que está en crisis desde hace años, no hay otro lugar que aquel en el que tiene sus raíces y en el que su familia (los Saldain Maciel) tiene una historia de 150 años. Habita en una casa en la que residieron sus abuelos y se congratula de estar en un predio que registra una importante historia de la urbe. No concibe otro estilo de vida.
Conoce la ciudad de memoria, la historia de cada casa, sabe los detalles de un rico patrimonio edilicio lamentablemente poco conservado, reconoce los adoquines de cada calle, que también por falta de preservación desaparecen día a día, y enseña a conocer el valor de esa urbe que supo tener otro esplendor y hoy refleja una marcada decadencia y una evidente degradación. A pesar de ello es un verdadero placer visitar cuadra por cuadra y edificio por edificio con este amante de su ciudad natal, aunque duela ver tanta riqueza histórica descuidada.
PASADO. Saldain se formó en el Taller de Artes Plásticas de Edgardo Ribeiro desde 1954 y en la ENBA desde 1959 y vivió una época de gran fermento cultural en Rocha, a donde iban las personas más destacadas del ambiente ciematográfico, del teatro, de la danza, de la pintura y de los coros. Enseñaba allí gente de la talla de Héctor Tosar, Hugo Balzo, Hebe Rosa o Josep Collell, para citar algunos nombres. Saldain sostiene que era una ciudad diferente a la de hoy y que había público para el arte en todas las manifestaciones.
A su vez se establecían contactos entre los propios artistas del interior que eran muy enriquecedores, una tendencia que frente a los problemas de los últimos años, decreció. Saldaín tuvo vínculos estimulantes con otros creadores de diversos Departamentos como Aldo Peralta, Gustavo Alamón y Osvaldo Leites, entre otros. Siempre consideró los alimentos culturales locales como muy valiosos. Poco ha viajado, aunque realizó un largo recorrido cultural por Brasil en 1963 y residió en Ibiza entre 1976 y 1977, trabajando como ceramista con Luis Berrutti.
Aunque Saldain es fotógrafo, pintor, dibujante y acuarelista, desde hace años se concentra en la cerámica, a la que fue impulsado por Edgardo Ribeiro y en la que incursionó con Pola Bonilla y Marta Nieves, recibiendo la formación de Josep Collell, quien iba a Rocha el primer sábado de cada mes y le dejó la herencia del engobe, una técnica que colorea la superficie de las piezas con empleo de óxidos.
Desde 1975, Saldain le da un nuevo impulso a su creación. La Feria de la Paloma es su gran mercado, pero además vende todo el año en la región y expone en los centros culturales de su ciudad y de la zona. Sus piezas son muy apreciadas. Sus cerámicas no son utilitarias y por otra parte a Saldaín no le interesa la experimentación formal ni se tienta con la escultura, los efectos de rakú, el cromatismo intenso o las grandes texturas. Juega con lo sencillo, opta por formas simples, por volúmens contundentes y texturas sutiles que deja el horno a leña luego de la cocción. Rechaza lo que él llama "la pieza violentada" y sostiene que ni tan siquiera conviviría con lo que él considera excesos en las obras de otros colegas, que admira pero con los que no comparte la estética. Saldaín cree en mirar para adentro como fuente de inspiración. Es severo y adusto. Sus piezas en general monocromas y de colores terrosos, carecen de decoración y por suerte, a pesar de su formación torresgarciana, no apela al vocabulario del universalismo constructivo del que se usa y abusa en la cerámica decorativa, ni refleja las opciones de sus maestros, creando un estilo propio muy acendrado. Para él como para Mies Van der Rohe "less is more", menos es más, aunque suene a oximorón y paradoja.
Saldain trabaja solo y se ocupa de todo el proceso de creación. Construyó su propio horno a leña que es de llama invertida con cámara subterránea y cocción de 1.000 grados, respetando una antigua tradición heredada del Oriente de hace 3.000 años. Lo muestra con gran devoción y es toda una experiencia estar en su casa-taller compartiendo esa vivencia, tal como le sucedió a esta cronista. Durante dos años estuvo dedicado a ese complejo proceso de ingeniería y lo relata con fruición.
Además de la producción artística, para Saldain es muy importante la enseñanza. Fue durante años profesor de Dibujo de Enseñanza Secundaria y ahora enseña en su propio taller, uno de los más exitosos de Rocha. Adora compartir experiencias y conocimientos y es un profesor nato, vocacional y con grandes virtudes de comunicador. Quien pase con él una jornada, como lo hizo esta cronista, se da cuenta inmediatamente de esas características. Los alumnos y ex alumnos lo saludan con extraordinaria calidez mientras deambula por la ciudad y es todo un personaje querido, respetado y admirado. Para quien esté en la zona, vale la pena perder algún día de playa y descubrir a ésta y otras figuras del escenario artístico rochense.