Peligros para el mercado plástico

MIGUEL CARBAJAL

LAS COLUMNAS

El caso paradigmático fue el de Adolfo Pastor. Fue un plástico con una enorme incidencia sobre los jóvenes desde su magisterio en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Funcionó como un maestro eficaz, generoso, dedicado a sembrar inquietudes en la cabeza de la gente joven. Resultó ser un hombre tan admirado que hasta uno de sus discípulos, Claudio Silvera Silva, fue tras sus pasos y se radicó en Durazno, a dar clases y trabajar, cuando Pastor se jubiló y resolvió retornar a sus pagos para terminar allí su vida. Que fue lo que efectivamente sucedió. Durazno era la ciudad natal de Pastor, pero también el lugar donde lo esperaba su familia. Lo que dio no fue un paso equivocado, pero antes es necesario efectuar una aclaración. Fue una persona de enorme cultura, un grabador refinado, quizá de una temática demasiado rural para parte de sus contemporáneos. Tuvo la posibilidad económica de comprar en Europa una colección realmente importante de xilografías y aguas fuertes, aparte de originales varios. Casado con una argentina, falleció antes que su esposa y su patrimonio sufrió un inesperado giro. El legado debió haber ido a sus sobrinas uruguayas, no sólo porque fueran sus familiares directos sino porque sentían, sobre todo una de ellas, una enorme preocupación cultural por la obra del tío. Tenían planes para el tesoro gráfico de Adolfo: retenerlo en el país y exhibirlo como uno de los lujos de Durazno. No pudo ser. La viuda de Pastor se quedó con las pertenencias y murió sin tomar precauciones. La obra fue a parar a manos de sus parientes argentinos, retirada en silencio y llevada a Buenos Aires casi en el anonimato. Nadie ha sabido más de ella. Aunque legítimamente se haya obrado a derecho, desde el punto de vista cultural existió un saqueo. Debió aplicarse la ley que prohibe sacar del país la obra cultural de artistas fallecidos. Esa ley no se aplicó.

La obra de Pastor desapareció del Uruguay, tampoco está en exhibición en Buenos Aires. Se evaporó en una especie de clandestinidad. Pero hay otros casos menos dramáticos pero también de peligrosa supervivencia.

No se puede ser demasiado simplista. No siempre es conveniente que el país atesore la totalidad de la obra plástica nacional. Una de las formas mejores de crecimiento es que circulen por el exterior, se hagan conocidas e incluso se incorporen a esos circuitos. La saga de grabadores que encabezó Frasconi, e incluye parte de la obra de Solari, Cardillo y Camnitzer acrecentó la fama plástica del grabado uruguayo. Solari retornó al país y acarreó su obra; Cardillo viaja periódicamente y se ha preocupado de mantener abiertos los dos mercados: trasciende en los dos. Nadie puede dudar que los Torres García han hecho un espléndido trabajo con la herencia. Cecilia Buzio, una de las nueras, ha sido una de las principales responsables de la expansión internacional de la cotización de Torres. Todos saben que los mejores Figari se encuentran en Buenos Aires. Las familias, como se verá, no siempre actúan convenientemente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar