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David Bowie: el artista que llegó de las estrellas

A días de editar su último disco, murió un hombre que revolucionó la música, la moda y la sexualidad del siglo XX.

Fue el hombre más raro del mundo: sus dos ojos de diferente color eran una advertencia de que David Bowie era un ser de otro planeta. Fue el hombre que cayó a la Tierra y vendió el mundo, un astronauta psicodélico a la deriva, un soulman elegante, un rockero andrógino del espacio exterior. Fue uno de los artistas más fascinantes que ha dado el rock, un género que ayudó a expandir.

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Su muerte, el domingo a los 69 años (la noticia se conoció ayer de madrugada), fue como una promesa incumplida: acababa de editar su nuevo disco, Blackstar, y después de escucharlo solo podían venir buenas cosas. Estaba enfermo de un cáncer contra el que luchó durante un año y medio.

La noticia fue anunciada por Facebook, corroborada por su hijo, el director de cine Duncan Jones, y por su productor más legendario, Tony Visconti y copó las redes sociales desde donde fanáticos, colegas y estrellas de su calibre mostraron su congoja. Todos destacaban su aporte a la cultura del siglo XX. No es para menos: fue uno de los grandes iconos de la música, el arte, la moda y la sexualidad.

Además, en una carrera que abarca medio siglo, fue un artista exitoso a nivel comercial y creativo. Discos como Hunky Dory, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars, Low, Heroes y Scary Monsters son hitos de la música popular. Y canciones como "Space Oddity", "Life on Mars", "Let's Dance", "Modern Love" y "Ashes to Ashes", lo convirtieron en un nombre popular para un público que incluso pudo no haberse enterado de su trascendencia artística. Deja una obra de 26 discos y varios papeles en películas, un medio en el que no alcanzó a desarrollar todo su potencial.

A medio camino entre un adelantado y un perspicaz observador de las tendencias que se venían, Bowie creó o popularizó desde sus discos una gran cantidad de subgéneros del rock como el punk, el art-rock, el new romantic, la new wave e incluso la electrónica. Desde su posición de poder, impulsó, además, carreras fundamentales como las de Iggy Pop y Lou Reed, dos amigos de andanzas de la década de 1970 que junto a él consiguieron desarrollar su potencial. Su influencia se hace notar aún hoy en la industria musical en números como Lady Gaga.

Bowie fue una personalidad difícil de abarcar, principalmente porque a la sobrexposición y los excesos de la década de 1970 siguieron una reclusión en una doméstica vida neoyorquina y familiar junto a su esposa desde 1992, la modelo Iman, y su hija Alexandria, de 15 años. Sus últimas fotos habían sido caminando por Manhattan en tareas cotidianas bastante alejadas de su estatura de rockstar. Nunca se informó de que estaba enfermo de cáncer.

La noticia fue anunciada por Facebook y corroborada por su hijo
La noticia fue anunciada por Facebook y corroborada por su hijo

Las definiciones no siempre fueron fáciles con un artista como él. Nacido David Robert Jones el 8 de enero de 1947 en Brixton, comenzó en la mitad de la década de 1960 como Davy Jones sin mucha suerte.

Influenciado por el bailarín, mimo y actor Lindsey Kemp, cuando volvió a intentarlo, ya como David Bowie, consiguió su primer número uno con "Space Oddity", la oda al Major Tom, un náufrago espacial, un pop acústico y sicodélico inspirado en 2001: Odisea del Espacio. Ese aire de extraterrestre (un protopunk de pelo rojo y ambigüedad sexual) lo acompañaría a lo largo de buena parte de su carrera a pesar de que fue, como dice el lugar común, un camaleón capaz de cambiar de personaje y de aspecto con una pasmosa frencuencia. Bowie le enseñó al rock la capacidad de reinventarse.

La primera conmoción mundial la provocó con Ziggy Stardust, su personaje de comienzos de la década de 1970, una suerte de rockstar venido de una galaxia lejana que se permitía reflexionar sobre el aislamiento de una estrella rodeada de excesos y complacencia. Lo hizo acompañado por una de las más grandes bandas del rock (los Spiders from Mars, entre los que estaba Mick Ronson) y un disco que aún hoy sigue siendo, si se me permite el exabrupto, el mejor disco en la historia del rock.

Tras matar a Ziggy se convirtió en el Thin White Duke (El delgado duque blanco), personalidad con la cual mostró una faceta más rítmica y soulera, con discos como Station to Station y Young Americans.

Entre 1976 y 1979 se mudó a la Berlín divididad en su trilogía berlinesa (Low, Heroes, Lodger) junto al productor Brian Eno, con quien realizó un pop experimental que muchos consideran lo mejor de su carrera. En todo caso, sí, mostró que estaba despegado de la tónica general de la música de su época.

En la década de 1980, a partir de Ashes to Ashes, volvió a reciclarse como un artista pop principalmente con Let's Dance, su disco de 1983 producido por Nile Rodgers. Fue su último gran éxito y desde entonces, su carrera fue bastante errática probando nuevos rumbos, intentando una historia con un grupo (Tin Machine, ¿alguien se acuerda de ellos?), y experimentando con el jazz y la electrónica, ya sin la presión de mantener su estatus de estrella.

Pudo así dedicarse al teatro, al cine a discos cada vez más personales (su reunión con Brian Eno para 1.Outside, el primero de una inconclusa trilogía que mezclaba ciencia ficción y serie negra), girar con Nine Inch Nails, hacer un disco de electrónica (Earthling) y apadrinar herederos disciplinados como Arcade Fire y TV on the Radio, dos de las bandas más innovadoras de este siglo.

En 2004, un infarto le hizo cancelar la gira que acompañaba al disco Reality y permanecer en un perfil bajo que se parecía a una jubilación anticipada.

Pero nada que ver. Después de 10 años de silencio en 2013 editó sorpresivamente el elogiado The Next Day y el pasado 8 de enero, el día de su cumpleaños 69, editó Blackstar, su último disco. Ambos trabajos mostraban a un Bowie en plena efervescencia creativa, reunido de nuevo con Tony Visconti, y recurriendo a su amplio y variado repertorio de estilos para armar dos discos que hoy pueden ser vistos como un resumen de su carrera y, de paso, una despedida.

En ese sentido circularon especulaciones sobre el aviso que tiene Blackstar: en el último video, conocido hace tres días de la canción "Lazarus", hay una autobiográfica despedida que empieza diciendo "miren para acá, estoy en el cielo, tengo cicatrices que no se pueden ver".

Iba a ser una nueva metamorfosis de un artista que no supo quedarse quieto. Bowie fue su propia creación: un monstruo fascinante que siempre exploraba nuevas fronteras. David Bowie debe ser recordado como el gran creador de una música que para cambiar el mundo, él nos enseñó, primero debíamos empezar por cambiar nosotros. Y ser lo que quisiéramos.

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