ENTREVISTA

"Barbarito" Torres repasa la historia de Buena Vista Social Club junto a El País

"El Buena Vista Social Club no muere", le dice el laudista cubano a El País. A los 25 años de la grabación del histórico disco, el músico repasó la historia de la formación.

Omara Portuondo y "Barbarito" Torres. Foto: EFE.
Omara Portuondo y "Barbarito" Torres. Foto: EFE.

"Las flores de la vida, tarde o temprano, llegan a tu lado”, decía Compay Segundo, una de las figuras de Buena Vista Social Club, aquel supergrupo cubano que se ganó el cariño del mundo a finales de los noventa. Al hombre de voz rasposa y de traje impecablemente cuidado, esas flores le llegaron casi a los 90 años. Pero él no es la única estrella de esta historia. Lo mismo le sucedió a músicos como Rubén González (1919), Ibrahim Ferrer (1927) y Omara Portuondo (1930), que alcanzaron la gloria a una edad avanzada.

Pero, como lo demostraron con su historia, nunca es demasiado tarde para tomarse revancha. Lo de Buena Vista Social Club es admirable. En 1996, aquellos veteranos de la época dorada de la escena musical cubana de los cuarenta y cincuenta, entraron al estudio sin saber que estaban a punto de cambiar sus vidas. Será obra del azar o del destino, pero lo cierto es que es uno de los fenómenos más interesantes de los últimos respiros del siglo XX.

Todo empezó de la mano de Ry Cooder, el guitarrista y productor estadounidense que trabajó con Eric Clapton y The Rolling Stones. Al estilo de Graceland, aquel clásico de Paul Simon que puso a la música africana en el mapa mundial, el artista viajó a La Habana para grabar un diálogo artístico entre continentes.

Y las sesiones fueron tan productivas que Cooder grabó otros dos clásicos: Introducing... Rubén González, protagonizado por el pianista de 77 años, y Buena Vista Social Club. Este último, que incluía a los ya nombrados González, Ferrer y Portundo y a otros grandes como Eliades Ochoa y “Barbarito” Torres, fue un best-seller. Vendió 12 millones de copias, ganó un Grammy, les permitió llenar el Carnegie Hall y, especialmente, volver a llevar la música cubana al mundo.

Y, a 25 años de la grabación de clásicos como “Chan Chan”, “Candela”, “Dos Gardenias” y “El cuarto de Tula”, Buena Vista Social Club sigue vigente. El 17 de setiembre se publicará una edición de lujo con canciones inéditas de aquellas sesiones que harían historia. En plataformas de streaming ya hay varios adelantos disponibles.

"Barbarito" Torres

La historia en primera persona

“El Buena Vista Social Club no muere”, le dice, desde La Habana, “Barbarito” Torres a El País. “Ha tenido un impacto durante 25 años y lo mantiene”. El músico, conocido como el “Jimi Hendrix del laúd”, logró uno de los puntos cumbres del álbum con su frenético solo en “El cuarto de Tula” que llevó a que Ochoa le gritara: “¡Se volvió loco Barbarito, hay que ingresarlo!”. Es, a su vez, el hombre de bigote prominente que quedó inmortalizado en el documental de Wenders por tocar su instrumento por detrás de su espalda.

Para Torres, la clave del éxito de Buena Vista Social Club es la espontaneidad. “En esas sesiones no había nada planificado, ¿tú me entiendes?Nos poníamos a tocar y si a Ry le gustaba lo grabábamos. Era una gozadera”, asegura. Y tiene razón, porque la esencia del álbum es la improvisación. Así fue como Ferrer, una de las estrellas del proyecto, entró al disco:lo invitaron al estudio y sin la mínima preparación grabó la bellísima “De camino a la vereda”.

Al laudista —encargado del instrumento de 12 cuerdas de origen árabe— le sucedió algo similar. “Un amigo de Ry vino a Cuba y grabó con su walkman la música que salía en Palmas y Cañas, un programa campesino. Cuando volvió a Estados Unidos le regaló el cassette y él se interesó por el laúd. Cuando llegó a La Habana para hacer A toda Cuba le gusta, le pidió a Juan de Marcos que le consiguiera un laudista”, relata. “Me llamó y cuando fui al estudio, Ry me hizo escuchar la cinta y me pidió que me acercara a ese estilo. Apenas la oí me di cuenta de que era yo, así que le dije: ‘Quédese tranquilo que lo voy a imitar completico”, dice, a las risas. Fue pura suerte.

Para Torres, que en ese momento tenía 42 años, fue muy emotivo grabar con todas esas leyendas. “Yo los admiraba mucho, así que me sentí honrado. Buena Vista Social Club es lo máximo en mi vida”, asegura. "No era fácil lograr un resultado tan bueno, pero lo que pasó es que nos respetábamos mucho los espacios. Yo quería que Eliades y Compay se destacaran, y ellos que yo me destacara; no era tocar por tocar. Y la ricura del disco surgió porque estábamos compartiendo entre amigos".

Luego de aquellas sesiones de una semana, donde se grabó siempre en vivo y con todos los músicos en el estudio, llegó el momento de salir a tocar. Aunque no fue tan simple lograr que los 20 miembros del proyecto consiguieran las visas para llegar al exterior. Es más, la formación completa solo pudo actuar en dos lugares: el teatro Carré de Amsterdam y el Carnegie Hall de Nueva York. Este último show quedó inmortalizado en un excelente disco en vivo.

“Esas noches fueron inolvidables”, asegura. “Especialmente la de Nueva York, porque fuimos los primeros cubanos que tocaron allá con una formación grande desde el triunfo de la revolución”. Como se ve en el documental de Wenders que registra ambas presentaciones, la gratitud de los músicos ante la respuesta del público es conmovedora. “Todos son personas muy sencillas y jamás se creyeron ese éxito. Cuando veían que a su edad los aplaudían así, no lo podían creer”.

Con una versión reducida del grupo —con Portuondo y Ochoa como las principales figuras con vida—, el proyecto recorrió el mundo sin descanso. Siempre con la música cubana como bandera. “Es increíble llegarle al público japonés o australiano que, sin entender el idioma, goza igual con la cadencia de nuestra música”.

"Barbarito" Torres

Su historia con el laúd cubano

"El instrumento llegó a España a través de los moros, y luego los canarios lo trajeron a Cuba. Es así como se convirtió en el instrumento líder de la música campesina", le explica "Barbarito" Torres a El País. "Yo soy portador del laúd por mi familia. Me lo presentó mi padre y mi padrino de bautizo, que era un gran laudista". 

A lo largo de las décadas, el músico fue construyendo un sello bien personal que en Buena Vista Social Club brilla en las canciones "El cuarto de Tula", "Veinte años" y "Orgullecida". "Te voy a comentar una cosa", adelanta. "Un día, cuando yo ya era profesional, mi padrino de bautizo me dijo: 'Estás tocando muy bien, pero te pareces mucho a mí'. Me dejó caer un cubo de agua con hielo encima. Al principio no sabía qué hacer, pero luego decidí a crear mi estilo, que se basa en meter en la música cubana elementos del jazz, del rock y de todo tipo de música que yo tenía en mi cabeza; eso incluye también a los guitarristas flamencos y guitarristas americanos. Así saqué al laúd de la música campesina y me lo llevé a pasear por otros estilos".  

Quienes hayan oído su participación en Buena Vista Social Club o en el disco A toda Cuba le Gusta (con la excelente "Amor verdadero"), tal vez habrán descubierto que sus improvisaciones parten de un estilo muy percutivo. Y Torres tiene sus motivos. "Me gusta que me preguntes eso, porque la gente no sabe por qué lo hago", le dice a El País. "Es que yo toco también toco rumba y me encargo del tambor quinto, que son las congas con las que se improvisan. Todo eso aparece en mi estilo". 

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