Entrevista

Benito Taibo habla de "Persona normal": "Los jóvenes deben leer lo que les dé la gana"

El escrito mexicano habla de la reedición de su novela más exitosa, un best seller de la literatura juvenil, una etiqueta de la que descree

Benito Taibo
Benito Taibo

Literatura juvenil para mi es Rayuela, El señor de las moscas, Cien años de soledad, El túnel o cualquiera de esas que de repente llegan y te pegan una bofetada y te cambian la perspectiva y hasta la vida”, le dice a El País, vía Zoom, el escritor mexicano Benito Taibo. “El único membrete válido para poner en una tapa de un libro es infantil porque es un público concreto. El resto es solo literatura”.

La distinción viene a cuento por la etiqueta que se le impone a Persona normal, el libro que está cumpliendo 10 años y acaba de ser reeditado para celebrarle el cumpleaños. Se le han incluido los capítulos que Planeta publicó digitalmente durante la pandemia.

En todo caso, la calificación de literatura juvenil es entendible porque la novela se centra en Sebastián, un adolescente, que junto con su tío Paco viven toda clase de aventuras para un público objetivo que parece ser el de los coetáneos del protagonista. Igual, el encanto de la novela no sabe de rango etario.

Taibo que también es periodista y uno de los grandes promotores de la lectura en todos los públicos (tiene tres podcasts sobre el tema, por ejemplo), tarea que encara con dedicación de misionero y que, dice, le ha dado grandes alegrías.

-¿Cuál fue el libro juvenil que lo marcó?

-No fue un libro solo sino que fue Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes. Fue quien llegó para hacer “pum” al hacerme pasar de los libros leídos por obligación a los leídos por placer. A los 12 años, ya había leído La Ilíada, La Odisea, El cantar del Mío Cid y estaba a punto de renunciar a cualquier clase de literatura porque me habían obligado a leer algo de lo que yo no entendía un carajo. Los clásicos tienen que llega a tu vida cuando ya eres un lector avezado y te estás desafiando en las lecturas. Cuando caí en cama con una hepatitis, Holmes fue mi amigo, mi confidente, el que me hizo ser el lector que soy. Después vinieron miles que me ampliaron el panorama.

-¿Y qué leen los jóvenes ahora?

-Deben leer lo que se les de la gana: en este momento están escribiendo su propio canon. Y lo hacen con dos variables: una son los ojos y los signos que están descifrando ellos mismo y la otra es la revolución de género que están protagonizando las mujeres. Debí haber leído muchos más libros escritos por mujeres que no llegaron a mi porque, justamente, el canon era hermético y muy machista. Harold Bloom y sus amigos decidieron que la literatura estaba escrita por hombres y un par de chicas por ahí, aceptadas en un gesto condescendiente.

-Su charla TED la tituló “Leer es resistir” y esa idea está en buena parte de su figura pública. ¿Cómo va esa resistencia?

-Va muy bien y está pandemia nos ha ayudado a encontrar nuevos motivos de resistencia. Leer es no solo un acto subversivo, sino un acto de resistencia y supervivencia. Estamos encerrados en nuestras casas y sin embargo la literatura es un pico y una pala que rompe las paredes y nos abre el paso hacia el horizonte, hacia el infinito. No hay nada más subversivo y peligroso que un lector.

-Muchas de sus charlas son para jovenes. ¿Entienden ese concepto las nuevas generaciones?

-Lo van entendiendo y por eso no aceptan los viejos clásicos y están descubriendo los suyos. Si queremos acercarnos a ellos, tendremos que descubrir que cuando un joven lee no está leyendo esas palabras amontonadas en páginas: están leyendo su tiempo. El libro es un generador de personalildad a golpe de educación sentimental. Con los chicos no tenemos que ser ni profetas ni rock stars sino cómplices.

-Persona normal es una prueba de eso y de que si se fuerza ese vínculo no funciona, sino que tiene que surgir naturalmente.

-Si se los obliga no funciona. Yo soy un lector que intento ejercer un acto de complicidad contigo y decirte qué cosas me cambiaron a mi, no que cosas te pueden cambiar a ti.

-La ciudad de México en la novela es escenario de una suerte de realismo mágico. ¿Era inevitable?

-Acá estuvieron Rulfo, García Márquez, todos los que inventaron el realismo mágico y lo real imaginado. Es un país que tiene en una mano el pensamiento mágico y en la otra la confianza en el futuro.

-¿Qué necesitaba actualizarse de Persona normal y cómo fue ese proceso?

-Fue una especie de aliciente. Había miles de jóvenes que fueron encerrados, para protegerlos, por sus padres. Y estaban a punto de salir a dar su primer beso, tomar la primera copa, ver por primera vez el mar. Lo que quise contar fue cómo palabras como empatía y otredad funcionan para estos tiempos oscuros y la confianza ciega en la ciencia como gran salvadora. Era un bálsamo para que sintieran que no estaban tan solos y que sus habitaciones, en tiempos aciagos igual se podían llenar de mariposas amarillas.

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