Las estrellas de Hollywood ya no brillan como antaño

| En lo que va del año los films más taquilleros han sido los de animación y las segundas partes

Un análisis periodístico que publicó The New York Times reflexiona sobre la pérdida de peso de las estrellas más taquilleras de Hollywood. Menciona al pasar el flamante éxito de 2 Fast 2 Furious (que en español se llamará Más rápido, más furioso y que es la secuela de Rápido y furioso) una aventura de acción ya estrenada en Montevideo. En la nueva vuelta de tuerca, dice el diario neoyorquino, "los automóviles superan en atracción a los actores, al lanzarse a toda velocidad frente a la cámara", dato que debe sumarse al de que no existen estrellas consagradas en el elenco. Otro título que alimenta esa argumentación y se suma a la reflexión periodística es Hulk, la nueva película de Ang Lee que tiene notable éxito en medio mundo, porque su protagonista es el poco conocido Eric Bana: el film fue estrenado simultáneamente en 3.600 salas de Estados Unidos y llevaba recaudados 63 millones de dólares a la fecha en que se publicó la nota en ese matutino.

"Hasta 1997, dice The New York Times, la selección de protagonistas en las diez películas más taquillerras del año, se parecía a un grupo de élite: en esa lista figuraban Julia Roberts, Leonardo DiCaprio, Harrison Ford, Meg Ryan, Jack Nicholson o Nicolas Cage, todos los cuales tenían enorme éxito. Pero en el corriente año, hasta el momento, reinan las películas de dibujos animados, las de elevado contenido temático y las segundas partes como Buscando a Nemo o X Men 2". Sería bueno saber lo que ese diario llama "elevado contenido temático", porque si hay algo que ha entrado en proceso de evaporación en el cine de Hollywood es el peso de los temas y el de su formulación dramática, aliviados hasta la ingravidez por el aluvión de trivialidad y de enfoques pueriles que inundan la producción.

Desde Estados Unidos se insiste en que el público cinematográfico de hoy está mayormente integrado por adolescentes, de manera que todo el material que se estrena —sobre todo el de elevados costos de producción— debe estar a la altura de esa franja generacional, lo cual permite imaginar hasta dónde debe simplificarse una propuesta dramática o volverse transparente un asunto de cierta densidad, por no hablar de referencias culturales, políticas o históricas que la enorme mayoría de la concurrencia adolescente suele ignorar y por lo tanto deben ser obviados en las producciones caras o ser explicados frontalmente para alcanzar la debida comprensión de esas plateas.

En todo caso, The New York Times reconoce (ya que es un diario escrito por gente sensata) que los temas propuestos a los sellos productores deben ser "atrayentes y preferentemente lineales", todo lo cual lleva a pensar que ciertas películas como Las horas, sobre Virginia Woolf y otras mujeres en crisis, resulta una especie de milagro en medio de la cartelera norteamericana de hoy. Pero lo sugestivo es lo que ese periódico dice sobre las estrellas: ya no basta en Hollywood con un nombre magnético y los principales de ellos han llegado a exigir tanto dinero que unos cuantos productores prefieren encarar planes voluminosos ahorrándose los 20 o 25 millones que pide una superestrella y volcando esa montaña de dinero en algo más visible que el salario de una celebridad.

En toda evidencia, estamos viviendo el comienzo de un crepúsculo: el del estrellato entendido a través de los sueldos colosales (Tom Hanks, Tom Cruise, Mel Gibson, Sandra Bullock), ya que ciertas superproducciones de empinado presupuesto han demostrado ser igualmente redituables aunque carezcan de un nombre mayor a la cabeza del cartel, como El hombre araña sin ir más lejos. Como dice con ironía Kim France, editora de la revista Lucky, "la ubicuidad y omnipresencia de las estrellas ha conseguido destruírlas. Se estrena una película con cierta actriz y ella aparece en la tapa de toda clase de revistas y en todos los programas de televisión, hasta que todo el mundo se da cuenta de qué clase de gel usa para el pelo. Cuando surgió Madonna, en cambio, una entrevista en la revista Rolling Stone era todo un acontecimiento, sin duda emocionante. Pero después de millones de artículos, fotos y notas, ya no atrae tanto ni tiene el mismo imán".

Antiguamente, cuando las grandes divas como Garbo y Dietrich reinaban en Hollywood, los propios estudios se encargaban de preservar una aureola de distanciamiento y misterio en torno a esas personalidades: nadie sabía cuáles eran las inclinaciones sexuales de Greta, nadie sabía que Marlene tenía una hija nacida en 1924 en Alemania. El enigma colaboraba para divinizar a las estrellas, apartándolas de la realidad y contribuyendo a edificar el mito. Pero ahora se sabe a qué hora desayuna cualquier estrella de cine, con quién sale a cenar, de qué cama se aleja y hacia cuál se dirige. En esas condiciones, no debe extrañar que la gente termine por sentirse saturada de una promoción tan monumental que desborda la capacidad de asimilación del más fanático de los aficionados al cine.

"La celebridad se ha vulgarizado por culpa de que hay personajes célebres por todos lados" agregaba Kim France, y tiene razón. No sólo es una celebridad la princesa de Gales o la supermodelo Naomi Campbell; no sólo es una celebridad la asesora Condy Rice o el premier Silvio Berlusconi; no sólo es una celebridad una tenista premiada o un escritor escandaloso. También las estrellas de cine desprovistas de talento pero cargadas de fotogenia son celebridades que pelean por ocupar el tope en una página de chismes o la portada de un tabloid británico. Hay demasiadas estrellas en este mundo de resplandores y miserias, de sonrisas y espantos. Esa sobredosis le está costando cara a las notabilidades de Hollywood que quieren seguir cobrando demasiados millones de dólares por película.

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