La fiebre de la enchilada que no para

MATÍAS CASTRO

No paran de hablar de México. Las noticias sobre el éxito de Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón llueven. Sus películas (en realidad las de los dos primeros: Babel y El laberinto del fauno) no paran de acumular premios. Los directores y sus equipos no paran de salir en todas las fotos y todos los titulares. Es como si los mexicanos hubiesen comprado Hollywood. Salma Hayek va a madrugar este martes para marcar presencia en el anuncio de los candidatos al Oscar. Y ella es otra que no para de arrasar con su adaptación para el gusto de Estados Unidos de Betty la fea. Los fanáticos de Robert Rodriguez no paran de babearse al esperar Grindhouse, la doble película de terror que hizo con Tarantino. Guillermo Navarro, director de fotografía, figura en dos películas en cartel: El laberinto... y Una noche en el museo.

Del Toro, Cuarón e Iñárritu se pasean de aquí para allá hablando de la hermandad mexicana y de los pinches cabrones. Se les ha dado un muy buen momento y no se puede discutir las calidades de lo que hacen (vale aclarar que Children of men, la de Cuarón, todavía no ha sido vista por aquí). Con la excepción, tal vez, de Cuarón, han llegado a una pequeña culminación en sus carreras. Pero no se trata exactamente de un boom mexicano en Hollywood, ya que no han caído de sorpresa. Ya estaban metidos en el sistema.

¿Será esta una fiebre similar a la que vivió el cine iraní o el cine del sudeste asiático? ¿Será esta la enchilada´s fever? ¿Vendrán detrás los Tsai-ming Liang o Mohsen Makhmalbaf?. ¿Será como en aquel capítulo de Los Simpson en que el equivalente mexicano de Steven Spielberg era Esteban Espilbergo? ¿Logrará el Chapulín Colorado entrar al codiciado mercado estadounidense?. Difícilmente, ni aunque lo sigan los buenos.

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