CARLOS REYES
Quizá algunos recuerden al actor argentino Claudio Tolcachir por su trabajo junto a Norma Aleandro en el Stella, con "El juego del bebé". Desde el miércoles, este inquieto artista estará en el Solís como autor y director de una obra provocadora.
Se trata de La omisión de la familia Coleman, que presenta a una familia viviendo al límite de la disolución, en una casa que los contiene pero también los acorrala. La puesta en escena, que mereció el Premio ACE 2006 al mejor espectáculo de teatro off, fue presentado en Francia, Italia, España, Bosnia y Herzegovina e Irlanda, entre otros países; a partir del miércoles próximo estará en el Solís, donde irá (siempre a las 21 hs) por cuatro funciones hasta el último día de enero.
"Siempre está la inquietud, cuando salís de Argentina -contó Tolcachir a El País-, que funcione el código, que la gente entienda la historia, que le interese. Pero cuando empezamos a viajar, para presentarla en lugares con idiomas y culturas muy distintos, por suerte la obra siempre funcionó muy bien, incluso subtitulada, como Sarajevo o Nueva York, lugares además tan antagónicos. Eso es una gran emoción, porque es la posibilidad de llegar a públicos que jamás imaginé llegar. Ahora nos toca llevarla al Solís, que es como un mito viviente: hacer funciones allí es un privilegio".
La obra nació en Buenos Aires en un espacio escénico curioso: un apartamento en el barrio de Boedo al que había que entrar con sigilo, por un largo corredor, para no molestar a los vecinos. Toda una aventura que evidentemente no se podrá trasladar directamente al escenario del Solís.
"Son dos planteos distintos -señala el autor-, porque la puesta de Buenos Aires tenía que ver con que la gente entrara a una casa, y que todo ese espacio fuera real, con el público a centímetros de los actores. Pero lo importante en la gira era no tratar de trasladar eso, sino apoyarse en la obra, como obra de teatro en sí, como historia, como puesta, y trascender esa característica del espacio alternativo".
"Y decidí no utilizar escenografía, no tratar de recrear un espacio realista sino trabajar con el elemento del teatro, que es el espacio vacío, más algunos elementos que usan los actores. Y luego, lo más maravilloso del teatro: que el público pueda completar con su imaginación esa casa, que puede ser la casa que conocen, la que recuerdan o la que imaginan".
Tolcachir afirma que su doble rol de autor y director fueron encarados con cierta distancia uno del otro. "Cuando escribo trato incluso de crearme algunos problemas y me digo, ya verá el director cómo los resuelve, centrándome en escribir con total libertad los personajes, los diálogos, las situaciones. Y luego, al dirigirla trato de leer el texto como si no fuera mío, buscando descubrir lo que el texto pueda esconder".
Sin embargo, el director define el proceso como "escritura en acción", ya que el trabajo se realizó a través de improvisaciones y ejercicios de composición de los personajes, sus características y sus vínculos, llegando paulatinamente a la concepción del texto definitivo.
El escenario del Solís buscará dar la idea de un mundo cerrado. Allí, la acumulación de objetos y la superposición de estilos subrayan el carácter disfuncional de esta familia, mientras que desde el punto de vista actoral, las interpretaciones se instalan entre lo absurdo y lo cotidiano.
Y el resultado fue muy festejado por la crítica porteña. Ernesto Schoo (de Noticias) remarcó "la ferocidad con que los personajes demuelen cualquier criterio de conducta civilizada, no tiene límites", mientras que Carolina Prieto (en Página 12) señaló que el director "montó una comedia dramática, arrasadora por la fuerza de los conflictos y la solidez de las interpretaciones".
Carlos Fontana (en La Prensa) sostuvo que "Tolcachir diseñó una estética de la pobreza y la decadencia mediante un entramado de sólidos recursos escénicos. Definió claramente las particularidades de cada personaje y permitió el lucimiento de su magnífico equipo de actores".
No obstante, el propio autor prefiere relativizar el concepto de originalidad. "Creo que cuanto más cerca de uno esté, más cerca de lo original se está. O sea, si se trata de ser original mirando lo que se está haciendo en la vuelta, se está en problemas. Porque más allá de que todo lo que uno ve lo estimula y lo hace crecer, creo que en el momento de crear uno tiene que estar cerca de su gusto, de su sensibilidad, de su ideología, y entonces creo que se produce algo original. Aunque a mí me importa más que lo original, lo genuino: que sea verdad".
Consultado sobre qué cree que aporta la oscuridad del planteo argumental, Tolcachir dijo: "La oscuridad de la obra tiene que ver con la incapacidad de los personajes, con la desolación que tienen de no poder madurar. Ellos siguen encerrados en su casa, deseando irse pero no pudiendo. Y están absolutamente absorbidos por el egoísmo de sobrevivir. Pero creo que el teatro, como el arte en general, como simplemente genere un momento de sensibilidad y de reflexión, ya tiene ganado su lugar".