En Montevideo, hay dos piscinas que languidecieron largo tiempo sin que la Intendencia supiera qué hacer con ellas. Eran hermosas, ubicadas en la zona de Trouville, frente al mar, donde si ellas eran debidamente acondicionadas, la juventud montevideana podría ejercitar natación. En largos años, la administración frenteamplista no reparó en ellas. Sus aguas se convirtieron en verdaderos pantanos verdosos y sus puertas estaban cerradas a cal y canto.
Pero un día, el Intendente de Montevideo, Arq. Mariano Arana, decidió revitalizarlas. No para nadar. Sí para pescar. Aunque los pescadores practican su actividad a pocos metros de allí, en las rocas de la playa Pocitos, Arana igual entendió que lo que Montevideo necesitaba era una escuela de pesca. Sembró peces en las piscinas, nombró profesores de pesca y él mismo inauguró la curiosa escuela, esgrimiendo caña, sedal y anzuelo.
Pasaron los días. De aquello nadie más habló y la escuela de pesca se desvaneció tenuemente, como para que nadie se diera cuenta de su fracaso. En breve lapso las piscinas se empantanaron otra vez, quedaron cubiertas por verdes algas y los portones de entrada volvieron a ser cerrados con gruesas cadenas y candados.
Es un hecho no muy grande, pero ilustrativo. Un hecho que podría conectarse con algunos otros: el Hotel Carrasco, con sus obras hundidas en las arenas movedizas de la ineficiencia; el Teatro Solís, ya muy comentado y tantas cosas más.
Cosas como la historia de aquellos semáforos que durante cinco años estuvieron reclamando los vecinos de la esquina de Coimbra y Gral. Paz. Mientras la tragedia se enseñoreaba en aquel cruce de calles, la Intendencia de Montevideo seguía negando que tuviera el dinero necesario para colocar el sistema de luces automáticas. Millones de dólares tragados por la interminable obra del Solís, pero no había 22 mil para la seguridad de un barrio. Plazas nuevas con nombres de memorables comunistas, coquetos pasajes, pero ni un peso para aquel semáforo.
Finalmente los semáforos se obtuvieron a mediados del año pasado. Claro que sin aporte de la Intendencia. El dinero lo puso el Banco de Seguros. Los semáforos tuvieron inauguración oficial. ¿Y quién estaba ahí y hasta opinó sobre seguridad en el tránsito? Adivinaron: el inefable Arq. Arana.
Hay actitudes, acciones o gestos que son emblemas de una gestión. Hay que saber verlos, pues aunque parezcan menores, ilustran acerca de la médula de un desempeño.