De la Patagonia al Teatro Solís

| Música mínima, intimista y para ropa gruesa, el próximo jueves

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El País

SEBASTIÁN AUYANET

El próximo jueves, uno de los cantautores jóvenes más activos y reconocidos del Río de la Plata, sube un nuevo escalón en Montevideo. En tres pasos, Lisandro Aristimuño se pasó de la Plaza Cagancha al Teatro Solís.

La historia de los artistas que en poco tiempo traban relación con Montevideo tiene sobrados ejemplos y es poco original. Sin embargo, lo de Lisandro Aristimuño merece ser destacado: sin siquiera haber editado alguno de sus tres discos en la ciudad, el año pasado vino dos veces y agotó entradas. La primera vez fue Central y, al poco tiempo, llenó una Zitarrosa, algo complicadísimo para cualquier artista local y con algo más de visibilidad.

Pero este compositor nacido en Viedma tiene una hipótesis más que válida para justificarlo: Internet. Patriarca del trabajo independiente y la autogestión, Lisandro dice que la base de su crecimiento, tanto en Argentina como en Montevideo, tiene dirección de MySpace. "Es el espacio al que más tiempo le dedico. Trabajo tanto el blog como la tarea de responder a la gente que se mete a saludarme y preguntar cosas. El trabajo independiente es un poco más complejo pero más disfrutable", explica en una mesa del Café Bacacay pegada al ventanal que mira al Teatro Solís.

Lisandro, que a la hora del desgrabe suena más tímido de lo que parece, se muestra sincero y sin demagogia al hablar de su poca simpatía por el trabajo de los sellos multinacionales. "¿Sabés qué es lo que pasa con los sellos grandes? Que tienen demasiados artistas y ahora que el formato disco está bajando muchísimo en las ventas, hacen acopio de artistas a los que luego no les dan bola. Y además, muchas veces no saben ni a quién tienen que contratar. Hace un tiempo me llamó un tipo de una de ellas preguntándome por `Leandro`... es muy fuerte", cuenta riéndose. Para Lisandro, el camino de la producción independiente es, aparte de una alternativa válida, una muy productiva.

Es que con ese sistema ha editado tres discos que empezaron en el boca a boca porteño pero que rápidamente se tomaron el barco. Azules turquesas fue el primero, que cayó en 2001. En ese entonces, Lisandro había aterrizado en la city porteña después de hacer base en General Roca y vivir durante un buen tiempo de girar por casinos de la Patagonia para tocar los covers que los ruleteros les acercaban escritos en servilletas y en forma de sugerencia, para ambientar cada noche. Vino tras una novia que se estableció en la capital, y sus trabajos son también un testimonio parcial de la adaptación de un chico del interior a la gran ciudad, en distintas fases y con un grado de inserción cada vez más claro. Desde esos años hasta ahora, pasó de hacer recitales para 200 personas en un pub llamado Vaca Profana a Niceto, uno de los clubes de música más importantes de aquella ciudad. Su último ciclo fue de cuatro fechas con mil personas en cada una. Eso sí, de grandes festivales ni hablar: "En esos festivales se puede hacer muy poco. Ponen tres muñecos de afuera, bien "grossos" y a todas las bandas que quieren sumar ellos, que son muchísimas. Por eso la gente cae cada vez más tarde a los festivales, tipo a las 9 de la noche. No me parece que sea una buena fórmula para hacer llegar lo que estás haciendo al público. Yo me quedo contento con hacer conciertos para la gente que me va a ver, no para una boluda que se va a pasar hablando por celular mientras toco, sólo para decir que vino a un concierto mío".

Puente. Sobre la música de Lisandro se escribía en esos tiempos: "Está claro que lo suyo está más cerca de Cosquín Rock que de Cosquín a secas. Y ni siquiera Cosquín Rock, porque su propuesta es más intimista que otra cosa. Como un chill out con canciones". Así lo describía Martín Pérez en una nota publicada tiempo atrás en Página 12. Como todo artista, Lisandro intenta zafar de la etiqueta de "folklore sofisticado", una clasificación que, como todas, es errónea por lo acotada. "Hay periodistas que si no les respondo cuál es la identidad de la música se me quedan mirando en plan `por favor decime qué es tu música, así no quedo pegado`. Creo que mi música tiene un tono de invierno, por ejemplo. Es una música que viene del frío. Mi música tiene que ver con el estar con ropa y no con el torso desnudo y una sombrilla. Es una música que viene desde la Patagonia. Me gusta que mi música se pueda reconocer con otro tipo de sensaciones como esas. Me parece que esa es una forma de hacer entender mucho mejor a quien te está por escuchar lo que te va a evocar o por lo menos de dónde viene el tipo de música que yo hago", explica .

Algunas señas comunes que permiten identificar a la música de Lisandro se encuentran también en padrinos artísticos y compañeros de ruta. Kevin Johansen, con quien incluso compartió escenario durante un buen tiempo, es una referencia aceptada por el músico. Atrás también puede aparecer el Jorge Drexler de Frontera y más cerca aún en imágenes e historias el disco Vacío, de su hermano Daniel. Tras el sonido de todos ellos aparecen también como guía las intenciones de Vitor Ramil, patentes en pasajes del sonido de Aristimuño.

Lisandro se reconoce antes que nada como un creador de melodías, y eso parece tener sentido cuando se entra en discos como Ese asunto de la ventana, en definitiva el más conocido de esta primera trilogía personal. De momento, la forma en que se presentan las canciones -un pastiche sonoro donde convergen desde Spinetta a Liliana Herrero, pasando por varios otros- atrae más que el contenido de sus letras. En vivo, su música adquiere una contundencia que merece ser probada bajo los efectos del "sonido Solís" que, según varios artistas que ya han pasado por ahí, termina diferenciando a ese concierto de cualquier otro que hayan dado en otro lugar.

Las miradas de periodista y cantante se van una y otra vez hacia la fachada del Teatro y en uno de esos viajes sale la anécdota: "Mis viejos son gente del teatro. Mi viejo era director y mi madre actriz, o sea que desde chico ya dormía en las butacas escuchando música de ambientación para teatros. Tienen una mística que no tiene ningún otro lugar. Haber llegado hasta aquí en una ciudad como Montevideo en tan poco tiempo es algo en lo que aún no caigo".

Un repaso aún sin planes de nuevo disco

El repertorio que Aristimuño presentará el próximo jueves en el Teatro Solís (con entradas entre $ 170 y $ 500 en Red UTS y el Teatro) estará conformado por sus tres discos, ya que las canciones de su último 39° ya fueron presentadas en sus visitas del año pasado a la Zitarrosa y al ciclo "Across the Charco". Uno de esos conciertos fue capturado por las cámaras de TV Ciudad, que retransmitieron varias veces el comentado concierto en el que el argentino comenzó a hacerse un lugar dentro de la escenal local.

Ese concierto no contará con teloneros y la banda que se presentará junto al músico es la misma que lo ha acompañado en sus últimas giras, incluida la del año pasado.

Hombre de radio y pluma

"Es algo que me gusta hacer pero a lo que tengo que dedicar mucho tiempo porque no soy un profesional de eso", explica Lisandro sobre su pasada incursión en la revista Freeway durante el ciclo 2007. Además Lisandro tiene un programa en la FM La Tribu, una radio comunitaria de Buenos Aires (88.7). Allí participan como columnistas el dibujante Liniers y el periodista Claudio Kleiman. "Ojo, yo no soy el conductor, estoy más desde afuera, tocando con los invitados", aclara.

Música en diferentes estados y texturas

La intención que Lisandro tiene para con el efecto de sus canciones cristaliza en la mayoría de sus temas. Habitualmente calmas y con cierto aire melancólico, sus canciones en realidad están bastante más lejos de lo que podría leerse -o escucharse- como música de ambiente.

La música y los pincelazos pop de Lisandro son una invitación sincera y sin demasiado rebusque a acompañar. Tanto en una caminata por el Prado o la Rambla Sur en estos días de frío, su efecto puede ser diverso: o se vuelve irrelevante o prende hasta querer meterse en cada detalle y cada sutileza de sus arreglos. Puede achacársele todavía la falta de contundencia que se le suele ver en vivo, pero es que su música suena por momentos a un trasvase de estados de ánimo que el propio artista vehiculiza hacia quien lo escucha. Y en muchos casos, como el de su último 39°, el ánimo viene mucho más calmo y tenue, y hay que estar dispuesto para acompañarlo.

Otra referencia asimilable a Lisandro puede concurrir inevitablemente a la figura de dos artistas consagrados que lo han elegido casi de ahijado: Liliana Herrero y Fito Páez. Ahí hay dos argumentos más que explican la relación de nuestra ciudad con un músico que tiene la bendición de dos artistas argentinos que están entre los predilectos de este lado del río.

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