El escritor cubano habla de sus rutinas, sus referentes y la actualidad

"Hemos salido de un túnel y ahora empieza a verse la luz"

Periodista, guionista y novelista, Leonardo Padura (La Habana, 1955), es el creador del detective probablemente más popular de la ficción en español de estos días: el desencantado y melancólico Mario Conde, testigo e intérprete de la realidad social cubana.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La última novela de Padura, Herejes, se puede conseguir en Uruguay.

Su más reciente novela, Herejes (disponible en Uruguay a través del sello editorial Tusquets) se desarrolla en varios escenarios, narra diversos conflictos de varios tiempos y trae de nuevo a la acción a Conde.

A pesar de su enorme éxito, Padura no olvida qué fue lo que lo hizo volverse escritor. "El Conde de Montecristo, de Dumas", respondió decididamente en una entrevista concedida semanas atrás a El País de Madrid. "Leyéndolo a los 15 años entendí el poder de la escritura: su capacidad para envolver y manipular al lector". Desde entonces vive abocado a la escritura, ya sea como periodista o como novelista, donde, según confiesa, sigue una estricta rutina. "Me despierto alrededor de las siete de la mañana, y media hora después estoy frente a la máquina. Respondo entonces los correos más urgentes y a las ocho empiezo a escribir, hasta la una de la tarde. Cuando estoy muy cansado y siento que escribir es fácil: esa es la señal de que debo detenerme. En esas 5 horas hago pequeñas paradas para ayudar a mi espalda, tomo pequeñas dosis de café en cada pausa, me fumo un cigarrillo, y vuelvo a escribir. Sin más ritos ni manías".

Una de sus novelas más populares es El hombre que amaba a los perros (Tusquets), que se centra en el revolucionario soviético León Trotsky y su asesino Ramón Mercader. El título, sin embargo, bien puede aplicarse al propio Padura. "Tengo una relación de amor con los árboles. Me la transmitieron mi abuelo y mi padre. Yo trato a las plantas como si fueran perros, a los perros como si fueran personas, y a las personas como si fueran mi mata de aguacates preferida".

En su vida diaria, Padura confiesa que se parece cada vez más a su célebre Conde. "Últimamente creo que soy yo el que se parece a él. Con Conde puedo decir todo lo que necesito sobre el mundo que me rodea. Especialmente el mundo cubano del presente", asegura.

Más allá de su rutina diaria como escritor, existe un Padura de entre casa, que tiene sus propios pasatiempos. ¿Qué le gusta hacer al escritor cuando no tiene compromisos? "Pues si estoy en Cuba: quedarme en casa, escribir en la mañana, dormir la siesta, trabajar en la tarde en el patio, luego comer y ver una buena película con Lucía (su esposa). Si estoy fuera de Cuba: juntarme con los viejos amigos que andan desperdigados por el mundo, beber vino tinto y hablar mucho: recordar viejos y buenos tiempos. Como Conde, yo también soy un cabrón recordador".

La lectura es un capítulo aparte. Padura es devoto de varios autores y está pendiente de varias novedades, aunque no descuida los clásicos, muchos de los cuales le hubiera gustado escribir. "¡Son tantos! Quizás todos los buenos libros que he leído, y son demasiados... El siglo de las luces, de Carpentier; Conversación en la catedral, de Vargas Llosa; Pedro Páramo, de Rulfo; El pianista, de Vázquez Montalbán... para solo hablar de unos pocos en castellano", dice. ¿Y de los más recientes, qué destacaría? "La conjura contra América de Philip Roth. Hay un personaje que ha perdido una pierna en la guerra, y, años después, cuando se bañaba en una playa, salía corriendo con el muñón al aire y gritaba tiburón, tiburón, y provocaba el pánico de la gente. Me reí con eso pero... es una novela que me quitó el sueño más de una noche. Es una historia donde se narra muy bien la manipulación de la masa por un líder carismático, y lo que puede lograrse de la gente contra sus semejantes".

Por encima de todo, Padura, como escritor, tiene claro que el desafío es continuo, que eso es la escritura: "Sufrir cada día para escribir lo mejor posible lo que quieras expresar. Y tener una responsabilidad civil ante tu trabajo y sus resultados".

¿Cuáles son los mejores regalos de su vida? "La vida", asegura. "Un ejemplar de los Nueve cuentos, de Salinger. El sentido del humor que me aportó mi madre. Mi padre lo tomaba todo en serio y sufría. Mi madre lo toma todo a broma y va a vivir dos mil años".

Cuba: La relación con Estados Unidos y más


El mundo cubano del presente da mucho de qué hablar. Después del desbloqueo de Estados Unidos, Padura fue uno de los referentes culturales de Cuba más buscado por los medios. Y dijo lo que pensaba. "Lucía (su esposa) empezó a llorar. Yo caí en estado de conmoción y Lucía en estado de emoción. Era algo que de alguna forma pensábamos que no iba a ocurrir, que no lo íbamos a ver", aseguró a la agencia Efe. "Siento como que hemos salido de una pesadilla, como que hemos salido de un túnel y empieza a verse una luz".

Sobre la relación de Cuba con Estados Unidos de ahora en más, Padura sugiere que lo mejor es el diálogo. "Tiene que cambiar desde la retórica hasta la manera de entender cómo relacionarse con un país con el que seguirá habiendo diferencias durante mucho tiempo, pero con el que Cuba debe convivir. Y es preferible convivir".

"Es cierto que (muchos de los problemas) pueden tener relación con el embargo, pero hay otros que se deben a ineficiencias, problemas estructurales, conceptuales o mentales (...) Hasta que la economía cubana no logre un funcionamiento eficiente no se van a resolver muchos de los problemas que tenemos", dijo el escritor, quien considera "esencial" solucionar el problema de los bajos salarios.

Sobre las posibilidades de que esta etapa propicie una mayor apertura social y política en la isla, Padura cree que "habrá que ver cómo se desenvuelven las cosas" en Cuba hacia "una sociedad mucho más abierta y participativa", con independencia del acercamiento con Estados Unidos.

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