Con el fotógrafo mexicano Pedro Meyer

"Para una buena foto se necesita suerte, paciencia y un buen ojo"

El Centro de Fotografía con una muestra de lujo: 62 obras de Pedro Meyer.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Luciano", tomada en México en 2014, una de las fotos que componen la muestra. Foto: Pedro Meyer

Una fiesta visual para los amantes de la fotografía: en la sede central del Centro de Fotografía se puede ver, Pedro Meyer: una historia de migraciones, que abarca los tres pisos del edificio y que se podrá visitar hasta el 12 de marzo. El título de la exposición podría sugerir fotos de barcos, de puertos, de viajes, pero las 62 fotos y las obras audiovisuales que componen esta experiencia estética se disparan temáticamente hacia infinidad de puntos.

Si bien Meyer nació en Madrid (en 1935) su biografía lo hizo mexicano, país donde es uno de los pioneros de la fotografía contemporánea. Y la muestra que se está presentando en Montevideo refleja con muy buenos ejemplos décadas de carrera, a través de una abanico de temas y estilos que no admiten ser encasillados en una palabra o un concepto.

"Esa exposición que está teniendo en lugar en Montevideo me pareció magnífica, y representa diferentes momentos de mi carrera. Son diferentes momentos de mi producción: a mi edad ya he hecho de todo, y cada cosa corresponde al interés que en ese particular momento tenía yo en determinado tema. Son distintos reflejos, a lo largo de una vida", explicó Meyer a El País.

Pese a su edad, afirma que sus mejores fotos "son las que va a tomar", y por eso todos los días sigue cámara en mano. "Todos los días me sigo sorprendiendo y sigo disfrutando enormemente este camino". Al respecto, también reconoce que México es un país que le ha dado mucho para fotografiar. "México es muy visual. Así como hay países con culturas más orientadas a la literatura, como Irlanda, México es un país muy orientado a la plástica".

Como suele ocurrir, cada visitante de Pedro Meyer: una historia de migraciones podría elegir sus fotos favoritas, dentro de el mar de imágenes, muchas muy provocadoras para los que gustan de estos asuntos. Desde las fotos panorámicas, de proporciones expansivas, perfectamente compuestas, hasta las de tono intimista, familiares, que entran en lo autobiográfico. Pero estas últimas, lejos de ser meros retratos de familia, son también composiciones equilibradas, magníficas, de gran interés por los objetos que las integran, por el uso de la luz, y por la notable composición.

En algunos casos, los retratos son el tema de su obra, fijando tipos populares. En otros, un pájaro muerto, o una boda, son convertidos en objeto de estética y reflexión. Muchas fotos parecen teatrales, como compuestas, pero Meyer señala que están tomadas "furtivamente". Y pasa algo de su receta: "Se necesita una combinación de suerte, paciencia y buen ojo. Siempre depende de qué uno tenga para decir, y eso va cambiando a lo largo de la vida".

"Siempre mi relación con la fotografía ha sido junto a la curiosidad para entender el medio de la fotografía, que hoy está cambiando día a día", puntualiza, aunque no parece ser un loco por las cámaras fotográficas: "He usado todo tipo, ya ni me acuerdo de las marcas. Yo nunca me he fijado tanto en qué marca: es igual. Siempre es tratar de explorar, y ver qué hace cada aparato".

Artista multipremiado, de mucha proyección también en el terreno de la gestión fotográfica, Meyer inauguró un museo sobre su propia obra meses atrás. También visitó Montevideo el pasado diciembre, para la inauguración de esta muestra del CdeF. "Para mí, la visita a Uruguay fue genial. Lo que me sorprendió, debo decirlo, es que no obstante hay tantas cosas positivas allí, la gente se las ingenia para quejarse", dice

Pedro Meyer: una historia de migraciones está en 18 de Julio 885, y se puede visitar de lunes a viernes de 10.00 a 19:.30, y los sábados de 9.30 a 14.30. Y es gratis.

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