INÉS PEREYRA

La vuelta a casa con "Vespertinas"

Estudió declamación y la primera vez que recitó frente a cámara fue en Hablemos,  cuando acompañó a su abuelo Carlos Julio Pereyra que era candidato a la presidencia. A él homenajeó en vida con el documental Detrás del traje. Inés Pereyra está feliz de volver a Monte Carlo TV con Vespertinas

La periodista también integra el staff de Todo Pasa en la mañana de Océano
La periodista también integra el staff de Todo Pasa en la mañana de Océano FM. 

—Hacías declamación en la escuela pública de Rocha, ¿por qué arrancaste?, ¿eras buena?

—Habían armado una fiesta patria y yo no participaba en nada porque no había podido ensayar el baile y el canto porque había tenido varicela, entonces me pusieron como maestra de ceremonia para presentar el acto. Esto pasó en primer año. Me vio una maestra de sexto que era profesora de declamación y le dijo a mi madre que tenía muchas habilidades para expresarme en público y así empecé. Mi abuela es poeta también y me regalaba libros de poesía para niños. Toda la primaria hice declamación en paralelo. En segundo año de escuela, mi abuelo (Carlos Julio Pereyra) se tiraba a candidato como presidente por el Partido Nacional y fuimos con mi familia a Hablemos, el programa de Traverso. Fue mi primera participación en tele declamando un poema sobre un bichito de luz.

—Tu madre vio que tenías oído y te mandó a clases de percusión. A los cinco años decidiste que querías tocar la flauta dulce, ¿por qué elegiste ese instrumento?

—Me gustaba cómo sonaba y quizá porque no era tan común. Un día le dije a mis padres, "quiero ir por acá". Había probado con órgano y me había aburrido. La primera flauta me la regalaron a los cinco y estudié diez años.

No llegaste a recibirte de profesora pero diste clases de flauta hasta hace un año, ¿no?

—El título no lo tengo porque mientras lo preparaba tuve un problema en las manos, me operaron del canal carpiano y no di nunca el examen final, pero me recibí de profesora de teoría de la música y solfeo a los 15 años y a los 16 ya daba clases. Fue mi primer trabajo. Me encantaba, Fui docente en el Palacio de la Música y en el Conservatorio Balzo. Tenía alumnos de todas las edades, les enseñaba lo que sabía pero disfrutaba mucho más del momento de encuentro.

—Te criaste en Rocha, ibas mucho al campo, y eras muy compinche con tu hermano, ¿hacían actividades de campaña?

—Sí, mis padres se iban de viaje y nos dejaban con mis abuelos en el campo. Mi hermano se despertaba a las cinco de la mañana y se vestía de gaucho, yo trataba de estirar lo más posible toda la mañana porque me encanta dormir. Salíamos a juntar el ganado y a recorrer a caballo.

—Eras fanática de las milanesas de tu abuela e incluso tenías animales hasta que decidiste hacerte vegetariana, ¿qué pasó?

—Tenía animales al punto de que encontraba un saltamontes con una patita rota y le daba agua y lo cuidaba para que se salvara. Por vivir en el campo no veía al animal como un alimento sino como un ser igual que yo y si podía alimentarme de otra cosa lo prefería. Hace ocho años que soy vegetariana. Ahora está más de moda, pero en un principio la gente me cuestionaba mucho. No hay asados como los de mi abuelo, que los sigue haciendo con 96 años, pero si tuviera una mascota no la tendría en mi plato. Lo veo y no lo disfruto. Hice un clic y dije, "no quiero saber más nada". Y fue justo un 1° de mayo, el día que más se come carne en Uruguay.

—Hiciste un negocio con tu padre y pasaste tu ganado a forestación, ¿no?

—Siempre tuve cultura de ahorro y me gusta generar lo mío porque mi papá lo hizo así también: trabajando. Una vez mi abuelo se ganó el pozo de plata en el Cinco de Oro y repartió toda la ganancia entre sus nietos. Con ese dinero me compré el primer ternero. Al año lo vendí y con un poquito más que había juntado me compré dos terneritos. Cuando me hice vegetariana resolví venderle el ganado a mi padre y con lo que generé planté y llené de árboles.

—Sos muy compinche con tu abuelo y siempre que podés pasás por su casa o van juntos al cine y al teatro, ¿alguna vez usaste sus contactos para conseguir un trabajo o una nota?

—Solo lo usé una vez con Jorge Batlle. Teníamos que hacerle una nota para una práctica de facultad y Batlle era un personaje muy pintoresco. Le pedí a "Tata" su número de celular y lo llamé. Le dije, "soy la nieta de Carlos Julio, estoy armando tal cosa". "Ay, cómo anda tu abuelo", me dijo enseguida. Le expliqué que estábamos haciendo un programa para la facultad y le pregunté si podía ir así le hacíamos una nota. "Claro que voy", me contestó. Fue la única vez que a alguien le dije soy la nieta de para conseguir una nota. Estoy muy tranquila porque hice mi camino, nunca le pedí nada ni fui por ahí diciendo que era la nieta de él.

—Cuando le planteaste a tu abuelo la idea de hacer el documental Detrás del traje sobre él como tesis final de carrera primero se negó, ¿cómo lo convenciste?

—Fue muy fácil: es lo que tiene ser la nieta porque son más permisivos. Me llevó un proceso grande no sentir presión por ser la nieta de. Todo lo que conseguí fue por romperme el lomo. Cuando sentí que ya tenía ese lugar, que mis compañeros y colegas no tenían idea de quién era mi abuelo, que tenía esa seguridad, que va en uno, y pude fortalecerme me animé. Había hecho mi camino y un montón de cursos de documentales, y quería aprovechar la pata de narrativa audiovisual en esa tesis. Hablé con él, le pedí permiso para hacer la tesis sobre él y al principio no entendía nada. No tenía idea por dónde iba a ir pero jamás me pidió que sacara o pusiera nada.

—Él dijo que trabajaste mucho tiempo filmando a escondidas...

—Aprovechaba cualquier momento familiar para grabar: un almuerzo, una cena, una merienda. Llevaba la filmadora cada vez que iba a visitar a mis abuelos porque era la forma de que el político se olvidara de que había una cámara y fuera él. El político mira a la cámara y te dice lo que quiere. Y yo quería que me hablara el abuelo. Él lo naturalizó de tal forma que al final no iba con la cámara oculta tomando escenas de la vida privada, sino que era una costumbre porque grabé dos años, y la división con el lente se perdió.

—Tu abuela no llegó a ver el documental proyectado en el Movie, ¿fue doloroso para vos?

—Fue fuerte. Ellos vieron el primer corte en 2015 porque a mi abuelo lo iban a operar de su segunda cadera y había mucho riesgo. Así que llegó a ver la película sin detalles de edición ni masterización. Me hubiera gustado que pudiera disfrutar de ese homenaje porque también era para ella. Fue fuerte y lindo ver a mi abuelo ahí: se encontró con la gente que lo quiere y lo aplaudían. Estuvo bueno hacerle un reconocimiento en vida. Fue difícil que no estuviera mi abuela pero en paralelo fue un motor para que "Tata" tuviera una excusa para seguir viviendo, disfrutando y compartiendo con sus nietos porque recorrimos el país entero mostrando la película.

—Necesitás hacer escapadas al campo, ¿cada cuánto vas?

—Una vez al mes. La energía me cambia. Lo puedo hacer en La Paloma también. Ahí me encuentro conmigo, con mi energía, me cargo y me limpio de todo pensamiento.

—Sos fanáticas de los viajes también y gran audaz. Te fuiste sola a Asia el año pasado.

—Sí, hice Vietnam, Tailandia e Indonesia. Hacía muchísimo tiempo que tenía pendiente ese viaje. La idea era vivir en otro país pero por cuestiones de trabajo fui postergando el irme a estudiar a otro lado. Fue una experiencia hermosa y me abrió una puerta que no quiero cerrar. Se disfruta pila viajar con familiares o amigos, pero irte solo implica estar siempre abierto a conocer gente para dialogar, ubicarte, saber adónde ir, qué está bueno hacer. Estás más abierto y permeable a recibir historias de vida.

—No te gusta salir de compras pero sí la ropa. Te fuiste con poco equipaje a Asia pero trajiste de todo…

—Una amiga había ido a Vietnam de viaje de Economía y me dijo, "no te lleves ropa porque es todo muy barato". Fui con dos pares de medias, dos bombachas, una calza y una remera, y me compré varias cosas. No me gusta hacer shopping. Siento que pierdo tiempo. Prefiero estar tirada tomando un mate debajo de un árbol o leyendo un libro antes que encerrarme en un lugar y ver telas. Me encanta la ropa pero no es una prioridad.

—Cabo Polonio es otro de tus lugares favoritos. Has hecho la conducción de varios TEDx ahí...

—Van cuatro temporadas que conduzco. Soy la maestra de ceremonia y se hacen en febrero como una manera de estirar la temporada y que la gente tenga otra opción para ir. Es un turismo planteado desde otro lugar: conexión con la naturaleza, con uno y en diálogo con el otro porque son conferencias donde la idea es compartir, ser motor e inspirador. Y no hay lugar más lindo en el mundo para hacerlo: no hay luz, ni agua, ni nada que te pueda distraer para poder generar ese contacto con el otro y con el entorno. La luna, las estrellas y el ruidito de las olas es algo mágico.

¿Es cierto que cuando te llegó la propuesta de Vespertinas tu madre te dijo que lo pensaras bien porque temía que te saturaras con la radio (Todo Pasa, Océano FM) y tus problemas de columna?

—Mamá me lo dijo porque sabe que cuando tenía siete trabajos estaba muy estresada. Actuaba en publicidades, estaba en Olas y vientos (Canal 4), era locutora de Maroñas de jueves a domingos, y en la semana grababa el programa Más Hípica; escribía para un blog de turf, daba clases de flauta dulce, y en un momento le hice la suplencia maternal a Leonor Svarcas en Monte Carlo a sus Órdenes. Entonces mi madre me dijo, "pensalo bien, no te vayas a enloquecer, ya estuviste muy estresada y mal de la espalda". Pero fue un mimo al alma que me llamaran de un canal (Monte Carlo TV) que quiero mucho porque ahí di mis primeros pasos. Había dejado Telenoche porque no me coincidía el horario con De arriba un rayo (Océano FM) y quería desarrollar y explotar otra faceta mía, sino la gente te ve como alguien serio que solo habla de noticias. Aprendí un montón en De arriba un rayo, me pude descontracturar y ser más yo y menos esa informativista.

—¿Aceptaste sin dudar?

—No. Me llegó la propuesta, la estudié, hubo varios castings, me presionaban para que resolviera ya y yo sentía que mi prioridad era Océano por el lugar que me habían dado: me cuidaban, me sentía querida y no es tan fácil encontrar eso en los medios. Hablé con ellos, me dijeron que querían que me quedara y que le íbamos a encontrar la vuelta. "Si sentís que tenés que hacerlo, hacelo, nosotros te apoyamos", me dijeron.Y ahora estoy con un equipo divino en la mañana. Me descontracturé un poquito y volví al perfil periodístico en Todo pasa.

—En Vespertinas integrás un plantel de mujeres, talentosas y muy experientes. Estás con Adriana Da Silva, Sofía Rodríguez y Valeria Tanco, ¿crece el desafío ante un equipo así?

—A mí me encanta buscar los desafíos. No siento que por ser la más chica soy inexperiente. Está buenísimo crecer trabajando en equipo y con mujeres bien distintas, con personalidades y vidas muy diferentes. Es una linda experiencia. Soy la pata un poco más libre del cuarteto. Voy a preparar informes de temas variados, como salud y cultura. Y es algo que me gusta pila.

—Tuviste tu primer sobrino hace un año, Benicio, ¿despertó en vos las ganas de ser mamá?

—No. Lo adoro, disfruto de él, me encantan los niños pero no sería madre sola hoy con 30 años, capaz que a los 40 te digo que sí. Hay un tema biológico a tener en cuenta pero mis prioridades hoy van por otro lugar, entonces no es algo en lo que piense. Me encantan los niños pero tampoco me quiero presionar en llegar a una resolución sobre eso. Tengo amigas que son madres y tampoco sentía presión de verlas a ellas en ese rol. Cada uno tiene su proceso y no siento la obligación social de que porque soy una mujer de 30 años tengo que ser madre. Mis abuelas antes me decían, "¿cuándo vas a presentarnos a alguien?, ¿cuándo vas a traer un novio?" Si estoy sola es por algo, y estoy muy bien así. Cuando quiera presentar a una persona será alguien que valga la pena. Si tiene que venir, vendrá, y sino no pasa nada. Soy feliz estando sola. Entendí que no se necesita de otro para ser feliz. Es un error muy habitual del que aprendí: tuve que vivirlo, darme cuenta de que está bueno estar bien con uno y después ver qué pasa con otro. Pero también es muy difícil.

Picoteo para la vocación

Estudió un par de años Diseño de Sonido en ORT, trabajó en producción de espectáculos teatrales y musicales, y sufrió una crisis vocacional. Hizo diez sesiones con una psicóloga y luego se metió a estudiar Comunicación en la Universidad Católica. Probó periodismo por consejo de Gustavo Rey, uno de los profesores que le dio para adelante.

Multi empleo a full

Supo tener siete trabajos: modelo de publicidades, profesora de flauta dulce, locutora en Maroñas, conductora de Olas y vientos y Más Hípica, redactora de un blog de turf y suplencia en Monte Carlo a sus órdenes. Y también en France Presse.

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