Diego Rebella

Vientos nuevos desde Alaska

Diego Rebella editó su tercer y más importante disco, Alaska. Es una obra bisagra construida mano a mano con el productor Ezequiel Rivero, que limpió vicios en la composición y ordenó la ansiedad que agita a este solista.

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Diego Rebella

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Alaska trae 10 bellas canciones timoneadas desde el amor, en las que Rebella presenta una nueva escritura e instrumentación mucho menos sentimental y pulida y más rabiosa, sucia, original. Aquí una charla con este cardiólogo y músico sobre el nuevo camino que recién empieza.

—¿Cómo cambió Alaska tu identidad musical?

—Enormemente. Cuando empecé a ver que tenía un puñado de canciones que podían formar un disco, que tenían una coherencia narrativa y estilística, un lenguaje familiar, decidí hacer un disco distinto, todo iba por otro lado. Lo primero que hice fue contactar a Ezequiel Rivero como productor, para revestir esas canciones con alguien muy distinto de lo que venía haciendo. Sabía que estas canciones son rupturistas comparadas a lo que hacía antes y quería que la producción fuera por el mismo camino.

—¿Cómo fue la grabación?

—Le planteé tocar todos los instrumentos los dos, que fuera un disco de dos amigos encerrados en un cuarto. Nos tomamos el proceso con bastante calma, nos llevó un año y medio. Mientras grababa este tercer disco con Ezequiel, grababa el segundo (La vida en los árboles) con Guillermo Berta. La idea era que salieran los dos en simultáneo y fueran las dos caras de una misma moneda: una narrativa más clásica, un sonido más cristalino y este disco con Ezequiel que fueran canciones pop pero con un sonido surgido del indie, del under, sucio, sin pulir, donde se escuchara y se colara el crujir de la madera de la guitarra.

—Cambió tu forma de escribir, aunque cantás que te estás poniendo más sentimental parecería lo opuesto.

—Estoy rodeado de gente tremendamente talentosa en todos los ámbitos. Garo Arakelian, Tüssi Dematteis, Ernesto Tabárez, Ezequiel, Flavio Lira, son gente que admiro y me influencia notablemente. Creo que me fui más hacia ellos y me alejé de los grandes amigos de Vincent Vega y Franny Glass estilísticamente. Tuve mucha ayuda de Ernesto en particular, y Ezequiel me ayudó mucho en los arreglos y en las letras, sobre todo sacando cosas.

—¿Por qué empezaste a fijarte en la ciudad para hacer canciones?

—Vivía en Goes, que más Montevideo no puede ser, y me mudé al Barrio Sur, y las canciones hablan mucho de esa experiencia. Siempre tuve una relación de amor - odio con la ciudad: me parece que es linda y abarcable y por otro lado me parece un pueblo horrible donde todo es endogámico y si estás con alguien ese alguien estuvo con un amigo tuyo en algún momento, en donde no te podés mandar ninguna cagada.

—Abandonaste el uso sistemático de la primera persona.

—Fue un ejercicio que me puso Tüssi y Mañanas es una consecuencia de eso. En un momento estaba bloqueado y empecé a preguntarle a mis referentes qué hacer y me decían, o te la fumás tranquilo porque esto pasa, o te ponés ejercicios y que salgan letras de mierda y vas descartando. Y me sugirió escribir en tercera persona.

—¿En qué momentos escribís canciones?

—No lo sé. Yo confió en que recopilo información todo el tiempo a un nivel subconsciente, de mi charla contigo, con el mozo, de una separación, de un paciente, de un viaje. A mí las cosas me pegan tarde.

—La medicina, ¿notás que afecta a tu música?

—Sí. En mis primeros dos discos, a los que considero líricamente infantiles, estaba presente de una manera muy lunar, en el melodrama, en las letras apocalípticas, porque ese aire tiene que ver con mis primeros años de puerta en emergencias, en ambulancias. Tenía esa sensación de "todo es una mierda" fruto de lidiar con cosas muy positivas y muy negativas todo el tiempo, pero esa sensación la aprendés a manejar.

—La canción Bruma habla de tu doble profesión.

—Es una canción bien autobiográfica. La letra se refiere a las ilusiones que tenía mi familia cuando yo me recibí de médico y cuánto se distrajeron de mi hermano y cuánto mejor salió mi él, que es contador y es mucho más inteligente y sano que yo.

—¿Cómo se metió la música en tu vida cotidiana?

—Siempre estuvo. De chico estudié mucho piano, solfeo. Aprendí todo lo horrible de chico y después la verdad es que quería levantar minas y me pasé a la batería. Mis amigos tenían los mismos intereses y nos fuimos empezando a juntar; era como ir a jugar al fútbol pero nos juntábamos en casa a ensayar. Es curioso porque lo único que aprendí formalmente es teclado pero sin embargo solo puedo componer en guitarra.

—Este disco parece haber cambiado los violines por los teclados.

—Sí, está lleno de teclados. Forma parte de ese experimentar que fue la premisa. Ezequiel cambió mucho a las canciones, las llevó a un lugar mucho mejor, me mostró una cosa que yo quería pero no sabía cómo llegar.

—Dijiste que te cuesta definir tu estilo, ¿estás más cerca?

—No, creo que ahora tengo más confianza. Me gustan mucho las canciones y cómo quedan tocadas con la banda. Extrañaba muchísimo ese formato y creo que va ser muy difícil que vuelva a tocar solo. Ya tengo un montón de canciones nuevas para laburar con ellos. El primer disco mío es súper forzado, necesitaba largarme a hacer canciones solo y no tenía el coraje, y ahí se podían ver las influencias muy claramente y eso me rompía los huevos.

—¿Y qué cambiaste?

—Me di cuenta de que la gente que despreciaba mi trabajo porque lo encontraba parecido a otros tenía razón. Más allá del dolor que me causó me hizo mucho bien porque empecé un cambio no intencional. El segundo disco es de transición, tiene tres canciones que me encantan y el resto creo que son intentos fallidos, pero fue para llegar a Alaska.

—¿Qué protagonismo tienen las relaciones de pareja en tus canciones?

—Creo que los tres discos hablan desde el existencialismo. Soy un tipo tremendamente inseguro y todo el tiempo me sumerjo en esas cuestiones existenciales. En el primer disco todas las canciones hablan de una figura de la pareja porque era un disfraz: era más fácil para mí hablar desde una separación de otros problemas, todo hijo del mismo miedo a largarme. El tercer disco habla de una mala convivencia con la pareja, habla sobre cómo hacer funcionar una relación que parece no estar funcionando. El amor de pareja no solo está en lo escrito sino que timoneó mucho el disco.

—¿Cómo manejás la ansiedad cuando hacés música?

—Es una pesadilla.

—¿Dedicás mucho tiempo a armar una canción?

—Desde dos horas o hasta demasiado tiempo. Cada vez que sacaba un disco no lo disfrutaba, pensaba que tenía que ponerme enseguida a trabajar en otro, era una ansiedad de sentir que si no componía dos canciones por día o por semana no tenía talento y ya no tenía nada más para decir. Alaska es un mundo nuevo para mí no solo por las canciones, sino por cómo me tomé yo al disco y lo que está pasando entre el disco y yo, no por lo que pasa entre el disco y la gente.

—Pero la vida del disco recién empieza...

—Sí, pero en este disco di todo lo que podía dar y también sé que no es un disco generacional, sé que tengo mucho más para trabajar. Tengo la sensación de que es un disco bisagra. Cuando vi que no aparecía el disco entre ningún balance de fin de año me afectó, pero me di cuenta de que eso no importa y que hay que tocarlo más. Aprendí de ver a amigos tocar prendidos fuego para un público de tres personas, porque las canciones es mentira que son para uno: yo estoy deseando que alguien escuche mis canciones, por eso es importantísimo entender al público y no despreciarlo. Yo me creía mejor que el público, creía que no conectaba culpa suya y era culpa mía. Ahora estoy empezando a entender estas reglas básicas. Por primera vez estoy haciendo lo que quiero y no lo que creo que tengo que hacer.

CAMINO MUSICAL

Hace 15 años que Diego Rebella hace canciones. Empezó en Sinatras, grupo que logró éxito en medio del auge roquero de comienzos de década y que editó Subibaja en 2006. Lanzó su carrera solista con Guadalupe 1994 (2010). Editó La vida en los árboles en 2013 y un año después Alaska, material que presenta en formato banda. Todas las obras están disponibles para descargar en Bandcamp.com. A su vez es músico de Franny Glass y tecladista de La Hermana Menor.

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