VUELVE "BOLICHES"

Viejos mostradores

Lo mejor de los boliches, que hace tiempo dejaron de ser aquel lugar clave de encuentro, es lo que tiene para decir ese parroquiano que no concibe su rutina si no es parando siempre en el mismo lugar, seguramente a la misma hora, para tomarse la misma copa y ahogar las mismas penas.Eso dice Marcelo Fernández, con mostradores más vinculados al carnaval, mientras se toma un té en el Bar Tinkal, uno de los seis protagonistas de la cuarta temporada de su programa Boliches, el corazón del barrio, que empieza hoy a las 23.00 por Canal 10. Esta charla es sobre eso.

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Marcelo Fernández. Foto: Fernando Ponzetto

Marcelo Fernández dice que no pasó la vida adentro de un boliche y que, más que una barra, lo que le gusta es la mesa: no importa si está en un bar, en una casa, cerca de un parrillero. Tampoco importa qué tantas copas haya para beber, siempre que haya amigos alrededor y algo de lo que hablar. Esa podría ser su adicción.

Dice también que desde que empezó a hacer Boliches, el corazón del barrio, que hoy a las 23.00 estrena la cuarta temporada en Canal 10, se ganó cierta fama de bicho nochero que no tiene mucho que ver con su vida. Es cierto que cada verano, durante poco más de un mes, sus días terminan sobre las cuatro de la madrugada, pero eso no pasa por otra cosa más que por el carnaval, que es pasión y trabajo.

"Sí considero que los boliches son una universidad de la calle, y que por suerte a mí me tocó tener las dos universidades. Pero en el boliche, donde están los veteranos, aprendés respeto, valores". Eso también lo dice Marcelo Fernández, quien hace un rato, un poco antes del mediodía, entró en el bar Tinkal que es uno de los protagonistas de esta temporada de su programa, se saludó con un abrazo con los "chiquilines" que estaban atendiendo del otro lado del mostrador, y pidió un té con limón que al final de esta entrevista correría por cuenta de la casa.

Mostradores, valores y calle son algunas de las palabras que se repetirán en esta charla y que se han repetido en cada temporada de seis capítulos desde que arrancó Boliches, el corazón del barrio, un programa que elige a cierto bar montevideano para contar su historia en base a testimonios de propietarios y clientes tradicionales. A eso se le agregan "charlas de boliche" con distintas figuras públicas, desde cantantes y futbolistas hasta políticos.

Fernández, el productor comercial Pedro Salord y la productora Coral Films, con Andrés Varela a la cabeza, son la base de este documental que en 2014 consiguió el Premio Iris en su categoría y que siempre ha mantenido una consigna clara: por más interesantes que puedan ser los entrevistados en cuestión, el protagonista de cada episodio es exclusivamente el lugar físico, con su personalidad bien definida.

Ellos tres son los que eligen potenciales candidatos para cada temporada, y después va la investigadora a rastrear pistas: si el lugar tiene historia, si los dueños quieren abrir sus puertas (Boliches lleva muchas horas de filmación y durante ese tiempo, el local no puede atender clientes), y si rinde en aspectos más técnicos como la imagen.

Para contar la historia del boliche, "los parroquianos son la vida. Tienen un montón de anécdotas con las que te pintan todo mejor que los historiadores, encima de una manera muy entretenida", dice el conductor.

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Julio María Sanguinetti habla de cómo y por qué surgió el turismo en el mundo. Luis Alberto Lacalle repasa el desarrollo de Pocitos, su barrio, y reconoce que de joven era uno de los "cajetillas" que andaba por ahí. José Mujica y el intendente de Montevideo Daniel Martínez cuentan sus historias. Se cuela Alejandro Végh Villegas, ministro de Economía y Finanzas durante la dictadura, porque ya es parte del paisaje de la esquina de Benito Blanco y Avenida Brasil. Estas y más caras aparecerán hoy en el primer episodio de Boliches, dedicado al mítico Expreso Pocitos, con 106 años de vida.

Esa entrega quedó con un perfil claramente político que tiene que ver con la historia de ese bar, aunque no necesariamente los episodios tienen que ser temáticos. Para esta temporada, por ejemplo por el Tinkal pasarán Diego Delgrossi, Manuela Da Silveira y Paola Bianco, mientras que por Submarino Peral de Malvín desfilarán Diego González y Luis Alberto Carballo, o Luis "Bicho" Silveira.

Blanca Rodríguez, Jorge Bolani, César Troncoso y Mauricio Rosencoff serán algunos de los que pasarán por el Café Brasilero, al tiempo que en el Primuseum de Ciudad Vieja (que es, además, el museo del primus), estarán "divinos veteranos de guerra" como Cristina Morán, Mario Delgado Aparaín o Federico García Vigil. En el otro extremo, Fabián "Fata" Delgado, El Gucci y los Goberna, padre e hijo al frente de Sonora Borinquen, se convertirán en parroquianos de El Sol de Jacinto Vera.

"Todo es parte de la cultura uruguaya", afirma Fernández, "y yo no soy del que les agrega el adjetivo de popular: la cultura es una sola. Tampoco está aquello chauvinista de darle bola sólo a lo uruguayo. El uruguayo está lleno de porquerías como está lleno el argentino o el estaadounidense, y también y está lleno de cosas maravillosas. Obviamnte hacemos un programa para mostrar las cosas más lindas".

"Hacemos una televisión que nos gusta mirar a nosotros, pero tratamos de darle la dinámica de la televisión de hoy, porque ahora la gente está acostumbrada a otras cosas", agrega.

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Fernández nació en Brazo Oriental y al boliche lo miraba de afuera a menos que hubiera almacén, y lo mandaran a hacer "un mandadito". A sus ojos de niño le quedó grabado uno en particular: el que estaba en Larrañaga y General Flores, tenía pizzería y parrillada y era "enorme". No es el mismo que ocupa esa esquina ahora.

"Yo entré a la facultad en 1979 y era una época de militancia política antidictatorial, entonces el boliche —el Uni Bar—, como desde la Revolución Francesa para acá, era un lugar de "conspiraciones", cuestiones prohibidas, eran encuentros clandestinos. Yo no era el militante más clandestino, pero sí acompañaba la lucha estudiantil", cuenta el comunicador que interrumpió su carrera y terminó recibiéndose de abogado cuando rondaba los 40 años, con la única intención de tener algo real de qué agarrarse para decirle a sus hijos que tenían que seguir estudiando. Preparó los exámenes sobre aviones, porque hasta un año antes que cerrara Pluna fue tripulante.

Bolichero de poca frecuencia, militante no muy radical, abogado de título tardío y tripulante visionario que se fue de su lugar de trabajo antes de que explotara la bomba ya conocida. Y carnavalero: eso también es Marcelo Fernández, que con Boliches, como en el verano cuando hay concurso de carnaval, oficia de cronista dedicado.

"Me enamoré del carnaval cuando mi padre me llevó por primera vez a un tablado. Y en febrero cambiaba a Superman o Batman por esos superhéroes, esos personajes misteriosos, grandes, que venían vestidos y pintados", cuenta. En 1988 salió por única vez en murga, con La Canaria. Cada año sale con la comparsa La Facala porque también se enamoró de los tambores. Fue hincha, confiesa, de Falta y Resto, "por una forma de encarar la vida", pero eso ya quedó atrás porque ahora es un profesional y eso no importa.

"Ser hincha en lo artístico, además, es una cosa medio grave. Yo soy incondicional del espectáculo que me gusta, y no de otra cosa. Lo otro es parte de la futbolización y hace mal", dice.

"Pero gracias a la prolongación del ensayo como boliche", dice volviendo a ese nexo entre el carnaval, su pasión de verano y Boliches, la de primavera, "es así, sin duda. Y me ha permitido conocer barrios que no entrás porque no te quedan a mano, pero está ensayando Tal murga y vas para ahí".

—¿Y pensás que el boliche sigue siendo el corazón del barrio?

—Lamentablemente no. El corazón del barrio ya no son los boliches, nosotros le ponemos ese subtítulo porque el programa tiene un dejo nostálgico. Los uruguayos son muy nostalgiosos, nosotros tratamos de explotarlo no de manera burda, sino porque somos hinchas de la nostalgia, nos gusta. Los boliches dependían de sus parroquianos, y cuando dejan de ir el boliche se tiene que reciclar o tiene que cerrar. Antes, para enterarte de lo que pasaba en el barrio, vos tenías que pasar por el boliche: era todo, y ahora ya no lo es.

Un boliche a recordar.

"Siempre cuento la historia de la Gallega dueña de "El Volcán", que ahora cuando me iba de vacaciones a España me encontré en el aeropuerto con el hijo de ella. Esa mujer contó un día en el programa que llegó acá el 1 de mayo de 1955, creo que fue esa fecha, y a partir de ese momento nunca más supo lo que era la palabra "vacaciones". En 20 segundos, resumió la historia de los inmigrantes de una época: no de Uruguay, de todo el mundo".

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