NOTA DE TAPA

La versión de Mónica Farro sobre su histórica pelea con Claudia Fernández

La vedette uruguaya de 43 años cierra un año intenso, en el que sufrió la crisis económica argentina pero selló su amor al casarse con Leandro Herrera con una gran fiesta en Buenos Aires.

Mónica Farro.
Mónica Farro.

-Se termina el 2019, ¿qué balance hacés del año?

-El año tuvo muchísimas cosas; algunas más lindas que otras. A nivel general, Argentina atraviesa por un año complicado en cuanto a su economía. Pero me gusta destacar lo bueno. Lo mejor que me pudo haber pasado en 2019 fue que me casé.

-¿Qué se viene para ti en la temporada venidera?

-Voy a ser parte del elenco de la comedia 20 millones, que estrena el 20 de diciembre. Dirige Sebastián Almada y está Carmen Barbieri a la cabeza, con Marcelo De Bellis, Sol Pérez y gran elenco. Hasta mitad de marzo estaremos en el Teatro Atlas de Mar del Plata.

-¿En qué género teatral te sentís más cómoda?

-Yo amo el teatro de revista. En los últimos cinco años hice revista. Ahora me toca nuevamente la comedia, que tiene muchos aspectos disfrutables, como el ida y vuelta con el público.

-¿Son muy diferentes las temporadas actuales en relación a cuando llegaste a Argentina?

-Sí. Los teatros de 900 butacas se llenaban y hacíamos dos funciones todos los días. La economía y la crisis del país hace que quizás ahora no se llene como antes. En este verano tenemos confianza porque el precio del dólar va a hacer que la gente no se vaya a veranear a otro país, sino que se quede en Argentina y Mar del Plata es uno de los principales destinos. Las entradas están accesibles, además. Tenemos una obra muy completa para todos los públicos y vamos a estrenar con muy buena expectativa.

-Mencionaste el casamiento del 16 de agosto, ¿cómo recordás esa fecha?

-Como lo soñé, pasó. Nos casamos después de dos años de novios con Leandro (Herrera). Preparé el casamiento en un mes y medio. Lo que más disfruté fue que por primera vez toda mi familia se reunió en Argentina. Siempre viene mi hijo, mis padres o mi hermano por separado. En esta ocasión vinieron todos. Pasamos unos días muy lindos y emocionantes también. Que mi hijo (Diego, de 25 años) me entrara en la ceremonia fue un momento fuerte.

-Después se habló de una presunta crisis de pareja, ¿hubo o no hubo?


-Siempre me caractericé por ser muy sincera. Entonces, un día me preguntaron de un medio si había crisis y yo dije: “A veces dormimos en camas separadas”. Entonces, en la prensa comenzaron a hablar de crisis. Sí hay discusiones como en toda pareja, pero no puedo hablar de crisis.

Mónica Farro.
Mónica Farro.

-Hace unos días hubo polémica por unos dichos tuyos sobre la adopción y también se comentó mucho el tema de las canjes en tu boda. ¿Cómo te llevás con las críticas? ¿Te acostumbraste?

-Llevo 12 años en Argentina y puedo decir que estoy adaptada al medio. Antes me molestaba y mucho. Podía llorar de algunas cosas que decían de mí. Hoy me río de todo. ¿Hice canje? Sí, metí 25 canjes en mi casamiento. Ojalá la gente se pueda casar de canje porque una boda sale muy cara y yo logré organizar una fiesta maravillosa en la que no faltó comida, bebida o shows, todo de canje. ¿Qué tiene de malo? Pampita y otras personas mucho más famosas que yo también hacen canje. El tema de la adopción ya es más delicado pero lo que yo dije fue referido a mi persona. Nunca di un mensaje en contra de adoptar. La pregunta del periodista fue “¿Adoptarías?” Y mi respuesta fue “no”. Quizás cometí el error, por sincericidio, de acotar: “Si no es mi sangre, no me interesa”. Pero yo soy así, Mónica es así. La gente me quiere por ser así o me odia por ser así. Y lo tengo muy asumido.

-Hace unos días, Leandro compartió un video en el que bromea sobre cómo cuidas tu figura. ¿Es verdad que cenás hielo?

-Es verdad. Muchas veces y no solo en la cena, si no durante la tarde, soy de comer hielo. Me gusta comer hielo, no sé por qué. Y esa noche no tenía muchas ganas de cenar porque había merendado tarde, así que preferí una copa hielo. En líneas generales, entreno y me cuido en las comidas, aunque algún gusto me doy cada tanto.

-Otra polémica reciente refiere a tus abdominales marcados, ¿son operados?

-Mis abdominales han generado gran controversia. La gente dice “los tiene operados”, “tiene una placa en el abdomen”. Y la realidad es que me hice una lipoescultura, que implica quemar la grasa interna y eso hace que los músculos se noten más. Pero después hay que entrenar. Porque si yo me dedico a comer, el abdomen se me borra. No tengo nada puesto. Me saqué grasa y después, para mantenerlo, es 100% sacrificio mío en base a entrenamiento y cuidado en la alimentación.

-¿Tenés permitidos en la dieta?

-Sí. En realidad no hago una dieta. Como de una forma diferente por un tema de salud porque con frecuencia tengo problemas estomacales. Solo tomo agua, por ejemplo o como sin sal. Pero dos por tres le doy a un alfajor o bizcochos.

-Fuiste madre joven (a los 19 años) y hoy tu hijo Diego tiene 25. A pesar de la distancia, porque vive en Uruguay, ¿cómo definirías la relación con él?


-Espectacular. Tenemos una gran amistad. Él es joven y yo no soy tan grande. Tenemos una comunicación diaria y constante. Sé todo de mi hijo y él viene mucho a Argentina. Estamos muy conectados todo el tiempo.

-¿Terminaste en buenos términos con Enrique Ferraro, exfutbolista y el padre de tu hijo?

-En su momento, cuando nos separamos, terminamos muy mal. Luego hablamos y llegamos a tener una buena relación. Hoy, como Diego está grande, yo no hablo con el padre, salvo en alguna ocasión muy excepcional. Él rehizo su vida y yo estoy muy feliz. Ha sido un padrazo para mi hijo. No tengo más nada que decir de ese hombre que cosas maravillosas.

-Llevás 12 años en Argentina, ¿extrañás algo de Uruguay?

-Ha pasado mucho tiempo. Pero se extraña la familia y los afectos. Algunas costumbres también. La vida en Buenos Aires va muy rápido. Acá todo es trabajo, trabajo y trabajo. Esas reuniones familiares de los domingos que eran y siguen siendo muy comunes en mi casa de Uruguay; esas cosas las echo de menos. Siempre digo en todos lados que soy uruguaya. Amo a mi país y la formación que tuve en Uruguay. Si estoy acá es porque Gerardo Sofovich me fue a buscar y estoy acá por él. Obviamente que en Buenos Aires crecí mucho.

-¿Te gustaría volver a Uruguay, aunque sea para algún proyecto puntual?

-Sí, me encantaría hacer televisión en Uruguay. Ir y volver, por ejemplo. A veces me da cosa que llaman a personalidades argentinas para ciertos eventos y no a mí, que soy uruguaya. Para la Cena de los famosos, por ejemplo. ¿por qué no me llaman? Si soy uruguaya y estoy triunfando en otro país, tendría que ser algo lindo participar de eventos allá. Y bueno, cosas que duelen un poco de mi país.

-En algún momento dijiste que sentías cierta “discriminación” del uruguayo hacia ti, ¿sentís que cambió eso?

-Puede ser. En los primeros años, cuando estaba en Buenos Aires y viajaba en Uruguay, la gente me decía cosas horribles. En cambio, últimamente es común que me saluden y nos saquemos fotos en la calle. Ya no está esa mirada déspota o censuradora de mi carrera.

Mónica Farro.
Mónica Farro.

-Llegaste en 2007, ¿esperabas estar tanto tiempo?

-Yo venía por seis meses. Me quedé dos años porque empecé con el Bailando y otras cosas. Me fui quedando por las oportunidades que surgían. A los dos años, en 2009, me divorcié de Enrique. Mi hijo decidió quedarse en Uruguay porque obviamente era muy difícil sacar a un chico de 14 años de su vida. Y yo me quedé acá a rehacer la mía.

-¿Qué dice tu familia y tu hijo de tu exposición?


-Mi familia siempre me apoyó. Antes de estar en el Bailando yo era una chica Playboy y estaba en Uruguay. No se asustan de nada. Cuando Diego era chiquito, su mamá ya era Mónica Farro. Hacía publicidades en lencería o con bodypainting. En algún momento lo molestaron en el colegio por eso pero él siempre tuvo claro quién es la mamá y de qué trabaja. Él está orgulloso. No mira mucho la tele ni las redes y no le afectan las cosas que pueda decir la gente. Yo le envío las fotos de las producciones que hago y siempre me da para adelante.

-¿Qué relación tenés con tu cuerpo? ¿Hay alguna parte que no te guste?

-Trabajo con la imagen y soy muy perfeccionista. Aunque la verdad es que no hay nada que no me guste. Me gusta que el cuerpo esté marcado y haya músculo. Me gusta ser voluptuosa. Si el brazo está flojo, voy y lo trabajo más. Para la edad que tengo, me siento muy feliz del cuerpo que tengo.

-En Argentina y en Uruguay se está escuchando y tomando en cuenta cada vez más las denuncias de las mujeres por violencia de género. Tú hiciste una en su momento referida a tu exnovio Jorge Luengo, ¿Sentís que fuiste menos escuchada?

-Nunca denuncié ante la ley porque cuando me di cuenta de hacerlo, ya no tenía pruebas. Esto pasó hace siete años y antes, todo el mundo te motivaba a que lo callaras. Era horrible contar estas cosas. Me sentí muy sola y muy criticada cuando lo conté. Hoy no vale la pena denunciar. A mí sé que no me va a pasar más. Y si hubiera pasado hoy, esa persona estaría presa.

-Hubo elecciones en Uruguay y ganó Luis Lacalle Pou, ¿votaste?

-No, esta vez no pude. Soy blanca por tradición familiar, pero no puedo dar una opinión contundente porque no estoy viviendo ahí.

-Ahora que pasó mucho tiempo, ¿se puede conocer el motivo de tu enemistad con Claudia Fernández?

-Sinceramente, yo no conozco el motivo. Siempre hubo un maltrato desde la otra parte. Si no te quieren saludar, no te saludan o si te quieren cerrar una puerta, lo hacen. De mi lado nunca hubo nada. Hoy, después de tantos años, ¿qué puedo decir? La felicito por su vida. Ahora tiene hijos y espero que sea feliz. Nunca entendí el por qué de ese maltrato hacia mí.

-Fueron compañeras en varios proyectos de TV y teatrales en Uruguay...

-Sí, en una revista y en Canal 10. Creo que en Dale con todo empezó todo. Yo llegué para hacer un personaje que pegó mucho y ella ya estaba. ¿Qué sé yo? Quizás no le gustó que yo brillara también. Tuvimos un buen trato en aquel tiempo pero después se cortó. No soy de ir a donde no me llaman. Si no querés saludarme, no lo hagas. No tengo problemas ni rencor. Ahora, la maldad no me gusta: hablar mal de mí para que yo no pueda llegar a cierto lugar. Esas cosas sé que pasaron y no están bien. Pero ya fue. Pasó mucho tiempo. Y quizás esa persona, con la cabeza de hoy, actuaría de forma diferente.

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