Nadia Valverde

La vedette blanca

Rubia, pero con el corazón afro. Así se define Nadia Valverde, una de las vedettes de mayor proyección del candombe local. Integró por cuatro años la comparsa Cuareim 1080 y este año desfiló con La Facala y con varias agrupaciones de samba.

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Nadia Valverde. Foto: Leo Mainé

Oriunda de Libertad (San José), Valverde cuenta una historia de extraña fascinación por el candombe en cuanto no hay antecedentes en su familia, ni gran desarrollo del género en su pueblo. “Yo soy blanca, pero siempre digo que por dentro son negro, me corre el candombe por las venas”, asegura. Valvederde llegó a desfilar en Alemania y en Suecia, como representante del ritmo montevideano. Escultural y natural, su cuerpo sin cirugías posó en el Museo del Carnaval.

—¿Cómo nació tu pasión por la danza y en especial por el candombe?

—Desde niña. Yo soy de Libertad, en San José, y desde que tengo memoria me gusta la danza. Practiqué gimnasia artística: competí en Montevideo y también en Argentina. Con el candombe específicamente, tuve mi primera experiencia en el pueblo a los 14 o 15 años cuando salí en un grupo de danza africana. Desde entonces quedé enamorada del candombe. Cuando me mudé a Montevideo, a donde vine a estudiar Comunicación, me presenté en Cuareim 1080 y quedé. Estuve cuatro años allí.

—¿Cuál fue tu participación este año en carnaval?

—Salí con La Facala en las Llamadas y con Emperatriz en Samba. También participé del carnaval de Artigas con la escuela Rampla.

—Eres una vedette blanca, ¿en algún momento sentiste diferencias por ello dentro del ambiente del candombe?

—No, para nada. Yo siempre digo que si bien soy blanca por fuera, por dentro me considero negra. Me corre el candombe por las venas. Cuando comencé en C1080 no era tan común que hubiera vedettes blancas, pero siempre me trataron con muchísimo respeto. Al principio parecía raro, Pero gustó mucho y así seguí. Uno no elige el color de la piel pero sí su pasión: y lo mío es el candombe.

—¿Compartes ese gen con familiares?

—No, no sé de dónde viene. Mi padre es amante de la murga de toda la vida, pero no se le dio por los tambores. Lo mío es inexplicable.

—En 2012 desfilaste en Berlín en representación del candombe uruguayo, ¿cómo surgió esa posibilidad?

—Me contactó un amigo para ir al Carnaval de las culturas en Berlín. Es una fiesta donde cada país lleva sus tradiciones y Uruguay se presentó con el candombe. La comparsa se reunió bajo el nombre Lonjas del norte, integrada por uruguayos y también extranjeros: desde alemanes, peruanos y hasta un chico que tocaba el repique. Yo conté con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores y fui la vedette. La experiencia fue increíble.

—También desfilaste en Suecia, ¿cómo fue esa experiencia?

—En Berlín conocí a varios uruguayos que estaban haciendo una movida muy fuerte de candombe en Suecia. En 2013 viajé y desfilé con ellos en varias ciudades.

—¿Qué es lo que más le llama la atención a los europeos del candombe?

—La intensidad y también el atuendo. Yo iba con las plumas y con muy poca ropa, como se desfila en Uruguay y les resultaba muy llamativo. También los decibeles de los tambores. En Suecia había madres que le tapaban los oídos a los niños.

—¿Crees que el ambiente de las vedettes es competitivo?, ¿has tenido problemas con colegas?

—Me llevo muy bien con muchas... Siempre hay choques, pero considero que no se dan por ser vedette. He tenido cruces con personas directamente por no tener afinidad.

—¿A qué te dedicas fuera del carnaval?

—Soy técnica deportiva en fitness y me dedico a ello hace muchos años. Inauguré mi propio instituto que se llama Pilates Pro, donde buscamos innovar todo el tiempo.

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