Un nuevo apocalipsis

| Cada pocos años aparece un nuevo film con la destrucción como base de la trama. El cine castástrofe regresa ambientado en la prehistoria.

En Buenos Aires: Mariángel Solomita

Hacer películas da miedo". Con estas palabras comenzó el realizador Ronald Emmerich su exposición en Buenos Aires, en la que pretendía contar cómo se realizó 10.000 A.C., la película más complicada de su carrera. Emmerich escuchó los pedidos de aquellos que extrañaban las superproducciones de Hollywood y, prepárense, porque la última creación del director de Día de la independencia, Godzilla y El Día después de mañana tuvo que esperar 15 años en un cajón hasta que la tecnología se adecuara a las necesidades del guión. "La idea de la película es pasar por distintas etapas del desarrollo de la raza, no quería que fuera una lección de historia ni un documental", comentó. Y es que más de uno va a consultar un libro de historia luego de ver este film ambientado en la prehistoria y que en una primera parte se centra en presentar a los cazadores de mamuts, la bestia más temida de la época. Es entonces que aparece el héroe, D`Leh, interpretado por el desconocido actor Steven Strait, que entre sus habilidades descubrirá que puede hacerse entender por un tigre diente de sable. Durante la segunda mitad de la película, deberá rescatar a varias personas de su pueblo -incluída su amada- que fueron secuestrados por una civilización perdida para trabajar como esclavos y construir pirámides. ¿Coexistieron estos dos períodos históricos? No importa. Emmerich adora los sets enormes y los personajes fantásticos, que abundan en la cinta.

SOLUCIONES RÁPIDAS. Que el 95% del guión fuera escrito para ser filmado al aire libre y se seleccionaran locaciones en 5 países diferentes, fue un problema. El primero: los imprevistos climáticos. En Nueva Zelanda nevó 14 días, así que hubo que olvidar la pre-producción de 9 meses destinadas a las locaciones y reescribir el guión en un trailer. El segundo, más sorpresas del clima: tormentas en la segunda locación y una nueva reescritura del guión, a lo que se le sumó la construcción de un set que pudiera resguardar a los cientos de personas que participaban del rodaje. Las grabaciones se extendieron por Nueva Zelanda, Sudáfrica, Namibia, Tailandia e Inglaterra, pero lo más complicado vendría después.

La cinta está compuesta por más de 600 tomas de efectos especiales, de las cuales alrededor de 400 son muy complejas. La imagen más difícil de animar es el pelo y en esta película hay decenas de animales. "Como soy masoquista puse pelo y agua", comentó el director. Para tener una idea, cada cuadro a animar demora 12 horas de rendering (efectuar el efecto)... hay 24 cuadros por segundo.

La pregunta que surge enseguida es saber cuánto cuesta una película de estas magnitudes y, aunque no mencionaron cifras, su productor Michael Wimer aclaró que se trata de una película enorme con presupuesto medio. Probablemente ayude a mantener los costos la contratación de actores que aún no han alcanzado el éxito, como los protagonistas Steven Strait y Camilla Belle.

CINE CATÁSTROFE. Para crear esta película, el director de origen alemán se basó en un documental sobre la caza de mamuts que vio por TV. Este proyecto fue el más largo de su carrera, ya que sin contar el tiempo dedicado al guión, el proceso de preproducción, grabación y post-producción abarcó dos años y medio.

Para algunos críticos Emmerich puede catalogarse como un director de advertencias, que llama a la unión para enfrentar las catástrofes. Y en efecto el realizador reconoce que lejos de admirar a los superhéroes, en sus creaciones prefiere crear héroes verdaderos con los que nos podamos identificar, que son aquellos hombres comunes que pueden guiar al resto frente a situaciones inesperadas.

Mientras se espera el estreno de 10.000 A.C. para el 19 de marzo, los fanáticos de este tipo de cine no tienen de qué preocuparse, porque parece que para 2012 Emmerich planea estrenar otra película épica cuyo nombre sería precisamente 2012. Después de destruir monumentos, ciudades y pirámides, deberíamos preguntarle qué le queda por romper.

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