Blogging therapy 

Todos los clichés son ciertos

Entrevista con Mariana Olivera, una "paciente rehabilitada" que transformó su experiencia personal en un taller para reformatear emociones a través de la escritura.

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Mariana Olivera

Mariana Olivera podría empezar esta charla de la misma manera que da inicio a los encuentros de su taller de Blogging Therapy, diciendo que tiene 27 años y que le fue infiel a todo hasta que encontró la escritura. 
Y hasta que se convirtió en madre de Vicente y automatizó el hobby de desahogarse en las páginas en blanco de un blog. Pasó de ser una actriz con ínfulas de groupie a autora de Madrecoco, un diario para madres primerizas publicado por HUM que va por su segunda edición.
Ahora busca compartir su método personal para aliviar miedos y penas con otras personas que se sienten perdidas.

—¿La escritura tiene un poder curativo?

—Tiene un poder rescatador y de autoconocimiento. Ese descubrimiento empezó en 2009 cuando abrí mi primer blog, Marindia. Tenía unos 20 años y se transformó en mi alivio.

—¿Eras lectora de blogs?

—No, pero cuando abrí el mío busqué otros y recuerdo haber pasado toda una noche leyendo el de una mina que tenía una relación amorosa súper traumática. Cuando llegué al final de los post, el último era de hacía dos años y me desesperé. Hasta ahora pienso en ella.

—¿Cómo se te ocurrió que podrías darle forma de "taller, método y terapia"?

—Yo digo que esto es un descaro, un invento, una intuición y un pálpito. Creo que las cosas pasan por algo y desde hace tiempo me siento conectada al universo. Mi vida cambió mucho en los últimos meses: no tenía trabajo, vivía en pareja, en otra casa y en otro barrio. Y me surgieron unas ganas profundas de dar.

—¿Es un método para qué?

—No sé si lo es. Es más bien una terapia. Creé la estructura del taller en base a la apertura que vi en los alumnos. Lo primero que hice fue investigar sobre la escritura, porque se me había metido en la cabeza la palabra "blogging", ¿pero qué era? Me acuerdo de ver una conferencia de Luisa Valenzuela (discípula de Julio Cortázar) que decía que para escribir había que sumergirse dentro de uno. Cada vez me volví más voraz en escuchar las técnicas de otros autores y todos coincidían en que tenían más que ver con una libertad interior muy grande que con un virtuosismo.

—También sos actriz, ¿relacionaste ambos procesos?

—Me sirvió muchísimo un curso que hice con Angie Oña, que dice que cualquiera puede ser actor porque se trata de desbloquear: no existe el talento únicamente, también está el laburo. Pensé que con la escritura podría pasarme lo mismo.

—¿De qué forma?

—Asumiendo que todos somos un personaje y que todos tenemos una voz. Creo que el sistema quiere en muchas instancias anular esa voz, porque hay una tendencia a la homogeneización y a anular las ideas creativas. A medida que fui estudiando crecían las ganas de compartirlo con alguien, por eso me gusta decir que dirijo el taller como una paciente rehabilitada.

—¿Qué perfil tienen tus alumnos?

—Un 98% son mujeres, lo que es bastante simbólico. Aprendo muchísimo escuchándolos: siento que me paro frente a un alma y me da vértigo saber todo lo que hay atrás, porque hasta cada gesto tiene una carga histórica. Mi idea inicial era abrir el taller con una palabra para romper el hielo, pero se dio que esas palabras se comieron las clases y se convirtieron en temas.

—¿Cuáles son?

—La primera y más recurrente es infidelidad. Otras son nostalgia, educación, miedo, deseo, amor, sexo, odio, cumpleaños, hospital, preocupación, contradicción…En el taller investigo el tema, lo expongo con películas, discos, frases e incluso recurro mucho a los griegos.

Mariana Olivera
Mariana Olivera

—¿Qué evaluás en el taller?

                               
                                                                                                                                                                                                                            —Su capacidad de dar y de ponerse en riesgo permanentemente. De escribir con miedo, de conectar con nuestra sombra y oscuridad. Y dejar de pretender ser buenos, porque la pretensión de bondad nos caga la vida porque nos lleva a mentir.

—Proponés un proceso para desarmar el personaje, pero sos muy activa en redes sociales, que es justamente el paradigma del personaje social.

—Sí, hay otra realidad en las redes sociales, pero yo lo que propongo es qué tal si construimos un buen contenido: no odiar, no predicar valores de mierda, ¿por qué no construir algo más amoroso ya que se trata de una construcción en sí misma?

—¿Tanta exposición es bien recibida por tus alumnos?

—Por lo general se copan, incluso llegan al taller por ahí, porque mi publicidad son mis redes. Pero es algo que cuido mucho con ellos, por ejemplo recomiendo que cuando se escribe por primera vez no usen su nombre, porque crearse un personaje ayuda mucho.

—¿Cómo crearlo?

—Les sugiero que imaginen cómo puede ser hasta físicamente, pueden hasta hacer un collage como un acto psicomágico: eso ayuda a liberar un montón. Y ahí, recién entonces, ponerle nombre y apellido a lo que escriben. El proceso de crearse su propio blog dura aproximadamente dos meses.

—Te desclarás feminista, ¿trasladás tu posición a estas actividades?

—No lo aplico directamente pero sí me pasa que tengo un 98% de mujeres y me explota la cabeza, porque viene gente que se calló toda la vida y tiene demasiado para decir. La gente viene decidida a contar su historia y el abuso por parte de hombres es un tema muy recurrente. La desvalorización extrema o la falta de amor propio a un nivel muy destructivo, es muy propio de las mujeres. Y también hay una falta de red, es decir, de no tener a quien contarle. Para mí esto es de una intensidad tremenda, y cada vez son más alumnos…

—¿Cómo te cuidás vos?

—Voy a terapia, porque para mí es un viaje. Esto le da sentido a mi vida y estoy feliz, pero también me desborda, y me traigo mucho para casa. Salgo de un taller y no sé ni qué día es.

—¿Agotada?

—No, es la sensación de una niña que terminó de festejar su cumpleaños. Y eso que yo siempre odié mis cumpleaños.

—Se podría decir que la gente que llega al taller se siente rota.

—Sí, aunque para mí estamos todos rotos. No existe una persona que esté entera. Creo que este es un momento en el que la mujer puede gritar silencios callados por muchas generaciones.

—Vos ya hiciste este proceso, entonces, ¿cómo describirías a tu personaje?

—Estoy en pleno viaje porque estoy habilitando tanto desbloqueo que puedo tener claro qué personaje era y cuál ya no soy. Esa es la transformación que a mí me habilitó la escritura.

—¿Cómo eras?

—Yo era una mierda. Hice mucho daño. Estaba profundamente desconectada de mi verdad y pretendía ser perfecta. Tenía la mirada puesta sobre los otros, que para mí es el gran error en el que caemos, porque nadie te enseña a conectar con lo realmente profundo del ser, con lo auténtico. Yo fingí toda mi vida.

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El taller visto por dentro

Seis meses después del lanzamiento su taller de Blogging Therapy tiene tres grupos y son casi 40 alumnos, la gran mayoría mujeres. Cada clase tiene un tema que Olivera propone, investiga y expone. A veces lleva a invitados especializados. En la misma clase, el alumno realiza ejercicios de escritura, que pretende variar de estilo a medida que avanza el taller. La jornada se cierra con un "acto sagrado" que es la lectura del texto escrito en voz alta. Hay talleres semestrales y otros anuales. Cada clase tiene dos horas de duración.

—¿Dónde creciste?

                                                                                                                                                                                                                                                              —En Colonia Valdense, que se conoce como la "Ciudad Jardín" pero yo la llamo el "pueblito de las flores rotas" porque muchos conocidos de mi generación se suicidaban, se colgaban de los árboles cada fin de semana, había mucho alcohol, mucha muerte por drogas. Había depresión y ataques de pánico. Crecí rodeada de enfermedades mentales que quería esquivar. Me decía, vos sos linda, sos inteligente, no llores boluda, tenés todo. Y un día se me cayó esa careta y me empecé a sentir muy mal. Me autodestruí de forma muy acelerada.

—¿ Y cuando viniste a Montevideo?

—Le fui infiel a mi pareja, tuve una doble vida, trabajaba, estudiaba y vivía sola a los 18 años. Pero no se me pasaba la insatisfacción y no podía hablarla con nadie porque no me permitía estar mal. Y empecé a mentir, tanto que no sabía cómo salir, hasta que tuve un intento de suicidio muy patético, por suerte.

—¿Y cómo saliste?

—Estuve internada una semana (por eso digo que soy una paciente rehabilitada), me recuperé, empecé a estudiar actuación y eso me hizo mejorar. Y a los pocos años tuve a mi hijo Vicente, que me prendió a la vida.

—¿Contás tu historia en los talleres?

—Les cuento todo. Creo que es necesario contar estas historias.

—¿Cómo es trasladar tu vida personal a la laboral?

—Le llamo "la profesionalización del mambo", y es mucho más sano que aplicarlo a tus parejas. Lo que estoy haciendo me sirve mucho más a mí que a los alumnos, te diré. Estoy escribiendo como una enferma y sin darme cuenta ya tengo un libro nuevo, que va a tener la forma de un "manualcito de desbloqueo", con ejercicios y algún que otro relato que haya surgido dentro del taller.

—¿Dirías que hacés una especie de autoayuda?

—Es que lo es, y estoy derribando muchos prejuicios. Para empezar, como muchas de nosotras dije que nunca iba a ser como mi madre y ya lo soy. La autoayuda está bastardeada, ¿no? Para mí la poesía es autoayuda, Pedro Dalton es autoayuda, los buenos discos también. Es muy relativo, la autoayuda para mí es lo que me rescata y es la escritura. A veces digo en joda que me convertí en una especie de tallerista a lo Paulo Coelho, porque llega un momento que cuando te encontrás con vos mismo te das cuenta de que todos los clichés son ciertos.

—Publicaste varias fotos junto a Pedro Dalton, Nacho Mendy y Roberto Suárez, ¿tienen un proyecto juntos?

—Sí, es un programa de radio que vamos a conducir los cuatro. La idea es muy ambiciosa porque queremos que sea de emisión diaria, en el horario central de 11 a 14 horas. Cada uno tendría dos columnas, y comentaríamos noticias y temas casuales. El nombre es Monos con escopeta, y yo no lo puedo creer porque Pedro Dalton es mi ídolo máximo.

—En tu biografía escribiste que aún estás esperando que te llame tu banda preferida, ¿cuál es?

—Los Buenos muchachos…

—Y también decís que querés ser una chica de video clip, ¿es el talón de Aquiles de tu posición feminista?

—Y sí, soy tremenda groupie pero de las frustradas, y tengo miedo de que con la menopausia se me pase de rosca. ¿Si soy contradictoria? Soy cien por ciento contradictoria y seguramente vos también. Todos lo somos.

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