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Un títere en cada rincón de América

El Colectivo Artístico de Titiriteros MVD (CoATi) percibió que existía un público interesado en asistir a espectáculos del género en el que se embanderan hace 11 años.

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En camino es uno de los espectáculo que presentará Sergio Mercurio

La meta era posicionar este arte y así concretaron el primer Ciclo Internacional de Títeres en Montevideo con obras de dos compañías locales (Ovidio Titers Band y Coriolis), una brasileña (Lumbra) y otra argentina (El Titiritero de Banfield).

Durante cinco días (del 10 al 14 de junio) la cartelera montevideana contará con una amplia variedad de espectáculos de títeres para todo público y adultos a cargo de compañías oriundas de Uruguay, Argentina y Brasil. Gerardo Martínez integra Coriolis y comenta que hace 11 años la realidad era bien distinta a la actual: "hacíamos espectáculos trasnoche y nos traían niños porque los títeres se asocian a lo infantil, que no está mal, es una veta, pero nuestra meta era posicionarnos en todas las áreas". Y lo han logrado.

Desde hace un par de años, la Ovidio Titers Band y Coriolis se unieron para armar el Colectivo Artístico de Titiriteros de Montevideo (CoATi) con el objetivo de intercambiar material, información sobre técnicas, datos y a modo de posibilidad para experimentar y mutar roles creativos en las obras. "En Tropo pasé a dirigir el espectáculo, quizá el próximo lo dirija otro de los miembros del colectivo".

Este ciclo es el primer emprendimiento de CoATi, ganó el fondo Iberescena y eso les otorgó el apoyo económico necesario para la financiación y permitir que la entrada sea gratuita. Las invitaciones pueden adquirirse en la boletería del Sodre el día de cada función.

De Banfield a América.

Hace 22 años que Sergio Mercurio se especializa en realizar títeres para adultos. El argentino creó la compañía El Titiritero de Banfield sin proponérselo. En el 92 emprendió un viaje por América Latina, hizo escala en cada país con el objetivo de tomar contacto palpable con las diversas culturas del continente. Su interés no era conocer la movida titiritera, sino contactar con la realidad de los países. Fue testigo de una cantidad de vivencias, situaciones e intercambios con grupos indígenas y comunidades a las que no hubiera accedido en otras condiciones. Decidió que todo ese material debía adquirir forma, capitalizarse, así que lo canalizó mediante el montaje de espectáculos en calles, plazas, bares y boliches, también como recurso para sobrevivir en esta travesía.

Sergio llevaba en su bolso un muñeco que dio en llamar Boby y se transformó en el protagonista de la Trilogía del viaje. Tiene el tamaño de una persona y nunca había recurrido a él para actuar, simplemente para jugar. Pero en ese trajín empezó a usar una técnica similar a la de un ventrílocuo y le sirvió como vehículo de expresión.

No es casual que se haya dedicado específicamente a crear obras de títeres para un público adulto: tiene que ver con la meta que se fijó al momento de emprender el viaje, "quería confrontar ideas sobre qué es América Latina, opinar, discutir y eso lo tenía que hacer con adultos".

El ingreso a las salas teatrales o a los bares nunca fue inmediato. Primero desarrollaba un proceso de investigación donde convivía junto a comunidades indígenas (sobre todo en el norte de Argentina y Bolivia), "en lugares extraños, con personas que no conocían el idioma" y a partir de esas impresiones elaboraba ideas, conceptos mucho más interesante y profundos acerca de la realidad del continente.

La comunicación resultaba una tarea compleja y ardua pero ese esfuerzo por transmitir desde lo gestual, la emoción y el cuerpo con los muñecos enriquecía su arte; cada reacción inesperada, motivaba su sorpresa y lo estimulaba. "Los títeres agarraban los modismos de los distintos lugares y eso me permitió sumar elementos de otras culturas que, además, yo sentía que no tenía por qué mirar de lejos si podía incorporarlos".

El arribo a cada país le despertaba un interés diverso: en Brasil, por ejemplo, su gran motivación fue convertir sus obras al portugués. En 1997 realizó una parada en Uruguay y durante ese año en Montevideo mantuvo su creatividad a flor de piel: terminó de cerrar su primera trilogía y creó dos personajes. Aparecieron Beto, un borracho que paraba en cada bar y la abuela Margarita, una viejecita que le permitió llevar su arte a geriátricos, centros de jubilados "y me ha hecho tener material vivo. Pero lo más curioso de vivir en Montevideo fue sentir que la vida se parecía mucho a la que yo llevaba en Banfield cuando era niño: las relaciones humanas, los tiempos eran similares y eso resultó grato".

Sergio vuelve a la capital uruguaya invitado por el CoATi para formar parte del primer Ciclo Internacional de Títeres a desarrollarse en Montevideo. Se encargará de inaugurar el evento con el espectáculo Viejos de mí a presentarse el miércoles 10 de junio en la Sala Hugo Balzo; el sábado 13 mostrará En Camino en el Auditorio Nelly Goitiño.

Sergio recibió esta oferta con gran alegría y la vive como un regreso. "He vuelto a presentarme en teatros del interior pero en Montevideo me movía más en bares míticos que había en ese entonces, como El Capiloncho, el bar Nunca Jamás. Siempre quise presentarme en un teatro grande en Montevideo para que pudiera verme la gente que iba a mis espectáculos en boliches o espacios no convencionales".

Gran novedad.

Lumbra presentará Bola Luminosa el sábado 13 en la Plaza Líber Seregni.Se trata de un espectáculo callejero donde las sombras son protagonistas. Cuentan con una técnica y equipamiento nunca antes utilizados en Uruguay.

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