JORGE SERÉ

Superman del comentario

El llamado de Alberto Sonsol sorprendió a Jorge Seré. Lo invitó a sumarse a su nuevo proyecto Tuya y mía (de lunes a viernes de 15:00 a 17:00 por El Espectador).El exfutbolista asume el reto de comentar los partidos junto a Oscar Belo con respeto y sin tintes partidarios. Seré dice que nunca fue al estadio a tomar un refresco o a comer un choripán. Siempre lo hizo con espíritu crítico y analista. Este nuevo rol le permitirá volcar y expresar todas aquellas ideas y conceptos que invaden su cabeza en los 90 minutos de partido.

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Foto: Archivo El País

—No fuiste de esos deportistas que se retiró y se alejó de la pelota, ¿siempre supiste que te ibas a mantener cerca del fútbol?

—Siempre supe que iba a estar cerca del fútbol, lo que nunca pensé fue que iba a trabajar dentro de los medios de comunicación. La intención siempre fue estar en el entrenamiento, dirigir, y de hecho lo hice durante algún tiempo en colegios, divisiones inferiores de algún equipo y entrenando arqueros, pero no lo pude desarrollar prácticamente a nivel profesional. Otras actividades relacionadas al fútbol, como ser representante no me gustaban. Hace 12 años me convocaron para estar en K-pos (lunes a las 20:00 por VTV) y ahora me surgió esta posibilidad de trabajar en radio con Sonsol (Tuya y mía por El Espectador) y estoy encantado.

—Te retiraste a los 39 años después de haber conseguido varios títulos, entre varios saliste Campeón del Mundo con Nacional en 1988, ¿hubieras querido seguir jugando un tiempo más?

—En el momento que me retiré me sentía muy bien pero era otra época del fútbol uruguayo, donde los equipos pasaban ocho meses sin pagar sueldos y la verdad es que mis últimos tres años (dos en Rampla y uno en Liverpool) estaban complicadísimos, no tanto por mí que tenía otra actividad y me podía mantener sin necesitar del cobro mes a mes, pero era bravísimo ver la realidad de una cantidad de compañeros. Todos los días había problema para poder entrenar porque no se cobraba. Me aburrió bastante todo eso. En el 2000 me sentía muy bien pero no tenía tantas ganas de continuar en ese medio donde no veía que pudiera aportar demasiado.

—Ahora te toca estar del otro lado, en el rol de comentarista de Sonsol junto a Oscar Belo, ¿te recordás como oyente de las transmisiones futbolísticas?

—Sí, de chico era fanático de Heber Pinto. Cuando era adolescente viví la época de Víctor Hugo Morales y después pasé por varios medios escuchando relatos y comentarios, concordando muchas veces, discrepando otras tantas. Cuando sos futbolista todo el mundo dice que no está bueno leer ni escuchar nada. A veces genera todo un malestar porque se opina demasiado fuerte o determinante y eso afecta. Hay que estar muy preparado para saber soportar las críticas y más cuando son demasiado duras.

—¿Ese sentir de jugador de fútbol lo vas a tener en cuenta ahora que te toca estar del lado del comentarista?

—Totalmente. Pretendo hacer todo lo contrario a lo que no me gustaba que hicieran cuando yo era futbolista. Si tengo que criticar a un jugador lo voy a hacer pero siempre desde el respeto y desde la visión de que es una situación momentánea. O sea, no me veo diciendo "tal jugador no puede jugar más", "tal técnico tiene que irse", "tal jugador no puede estar en la Selección". Yo lo viví en carne propia como futbolista porque acá se te etiqueta muy fácil y el jugador o el técnico cargan con eso. De repente tildan a fulano como un técnico defensivo o dicen que tal es un futbolista de marca, el otro un creador. Todo tiene que tener una etiqueta. Y creo que nadie es de una sola manera. Yo aspiro a poder analizar el fútbol desde esa óptica.

—Hace poco fuiste designado como director técnico de la Selección Uruguaya de Power Chair (fútbol en silla de ruedas) y pensaste que no ibas a poder llevarlo adelante. En Tuya y mía también te toca encarar algo desafiante para tu carrera, ¿sos consciente del reto?, ¿te tomó por sorpresa?

—Lo de Power Chair es algo que me llena el alma, agradezco que me hayan ofrecido trabajar con estos chicos. Nos fue muy bien en el torneo en Buenos Aires y vamos a tratar de hacer lo mejor posible en el Mundial 2017. En cuanto a lo otro, me tomó por sorpresa la propuesta de Sonsol. Le agradezco de corazón que haya pensado en mí. Creo que en estos 12 años que llevo en K-pos he podido manejar la situación sin problema porque tengo respeto por todo el mundo. Yo estoy muy identificado con Nacional pero si tengo que criticar a Nacional lo voy a hacer. Y si tengo que decir cosas buenas de Peñarol, obviamente que también las diré.

A mí me tocó jugar contra Nacional y yo le quería ganar de cualquier manera. En esto te tenés que desapasionar, sacarte el hincha de arriba. Están los periodistas que dicen sin problema de qué cuadro grande eran de chicos y están los que no lo quieren contar. En mi caso no hay necesidad de aclarar. Pero eso no significa que vaya a mirar los partidos pensando que todo lo de Nacional es bueno y lo de Peñarol es malo. No estaría bueno que hiciera los comentarios de forma partidaria.

—Capaz que te exigís más la objetividad por el hecho de estar identificado con Nacional, ¿no?

—Del 2005 para acá Nacional ganó campeonatos pero también los ganó Peñarol y otros equipos chicos. Y cuando tuve que decir que Nacional no jugaba bien, lo dije. Y cuando tuve que decir que Peñarol era merecido campeón, lo dije. Me parece que el análisis va por fuera de lo que es la pasión. Pero me puedo equivocar o podés no estar de acuerdo con lo que yo digo.

—¿Te sentís más analista que comentarista deportivo?

—Estamos de vuelta en lo de las etiquetas. Parece que hay que decir "soy periodista, soy analista, soy opinólogo". Y a mí me gusta hablar de fútbol, ver, analizar fútbol y especialmente el tema técnico táctico. Dentro del fútbol hay muchas variantes: el aspecto dirigencial, los temas reglamentarios, las sanciones, las cuestiones político deportivas, los derechos de imagen, de televisión. Y yo de todos esos temas puedo opinar pero en la mayoría no tengo capacidad para dar la solución. Donde sí me creo idóneo para opinar y analizar es en la parte absolutamente deportiva.

—Te toca estar al lado de Sonsol, un tipo muy temperamental y apasionado en el relato, ¿cómo te sentís haciendo dupla con él?

—Trabajo con él en K-pos desde hace muchos años. Conozco su estilo, su forma de pensar y también por verlo en otros programas y escuchar sus relatos. Oscar Belo y yo vamos a estar comentando los partidos. Cada cual tendrá su estilo, su forma. Lo más importante es que cuando Alberto (Sonsol) habló conmigo me dijo "yo confío en lo que podés dar, tenés que actuar como sos y decir lo que pensás". Después el estilo le podrá gustar más o menos a la gente. Hay quienes quieren el comentario más explosivo, más terminante, otros que prefieren algo más mesurado, más medido. Alberto está en la cima, cambia de radio, encara un proyecto nuevo con gente distinta a la que lo acompañaba y el desafío nuestro es mantenerlo bien arriba. Y eso va a hacer que nosotros crezcamos al lado suyo. Alberto de por sí es una figura individualmente, pero ni que hablar que cualquier actividad de la vida si no la encarás en equipo vas a fracasar. Y él trató de armar un plantel que lo ayude a mantenerse.

—¿Creés que te va a dar un poco de nostalgia cuando estés en la cabina y veas salir a los jugadores a la cancha?

—Eso no porque ya lo he vivido. Voy permanentemente a ver fútbol. La palabra no es nostalgia, pero sí es recordar con emoción, especialmente partidos como el clásico, que es lo más trascendente que se juega acá. Cuando ves al equipo salir a la cancha te imaginás vos o te acordás de lo que vivías en aquellos momentos. Pero no esa nostalgia de tristeza. Para nada. Yo le debo muchísimo al fútbol, disfruté mucho, estuve 25 años adentro de la cancha (desde que empecé en la séptima de Danubio hasta que me retiré en el 2000 jugando en Liverpool). Hice todo lo que podía hacer. Me fue muy bien a nivel deportivo, conseguí títulos importantes. Era otra época donde el poderío económico no era tanto como para que todo lo deportivo se tradujera en lo financiero. Para mí va a ser emocionante ahora tener un micrófono y poder transmitir todo lo que pensaba mientras miraba los partidos porque yo no iba al estadio a tomar un refresco o comer un chorizo. Yo iba al estadio a analizar los equipos que jugaban o qué hacía tal entrenador. Todo eso que pensaba mientras miraba los partidos ahora voy a poder expresarlo, el tema es que lo pueda hacer bien y eso es un desafío también. Porque vos podés tener muy buenos conceptos pero después hay que saber transmitirlos.

—¿Te imaginás como hubiera sido tu carrera si te hubiera tocado jugar en esta época?

—Es dificilísimo. Seguramente hay muchos arqueros actuales que son mejores que yo y capaz que tienen muchísimas más posibilidades de retribución económica de las que tenía yo, pero tampoco tuvieron la posibilidad de lograr todos los títulos que se lograban en aquel entonces en Uruguay. Quizá en esta época yo podría tener un pasar económico mucho mejor pero capaz que no hubiera conseguido ningún título de los que obtuve. Es difícil analizarlo. Lo ideal hubiera sido que todo lo que se consiguió en aquella época hubiera tenido la retribución económica que se tiene hoy. Pero ya está. No hay que quejarse. Me parece que cada uno en su época vivió las cosas de forma distinta. Hoy hay mucho marketing, mucho dinero en juego, mucha mediatización del fútbol. Por ahí, hace 30 años atrás era mucho más desde el lado del disfrute, la gloria, el triunfo. Ninguna de las dos cosas es para criticar. Simplemente hay que adaptarse a la realidad actual.

—Tu generación fue la última en ganar copas a nivel internacional. Eso te puede generar gran orgullo pero a la vez es una tristeza para el fútbol uruguayo, ¿no?

—Cuando nosotros salimos campeones del mundo era habitual que Nacional o Peñarol ganaran la copa, entonces en ese momento era una más. Hoy, después de 28 años, da la sensación de que fue la última. Cada vez se está tornando más difícil volver a repetir lo del título mundial. Ojalá que no sea así. No es que el hecho de ser el último te dé algo. Este año que comienzo con esta actividad estaría encantado de poder ir a comentar una final de Copa Libertadores de un equipo uruguayo. Sería un sueño. Y capaz que se da. El año que llegué a Nacional, al principio nadie se iba a imaginar que íbamos a terminar siendo campeones del mundo; quién te diga que ahora que empiezo con esta actividad tenga la suerte de ir a comentar una final de un equipo uruguayo. Ojalá.

—Otro de tus sueños era dirigir Nacional, ¿sigue siendo?

—Uno de mis sueños era ser entrenador y obviamente dentro de la carrera está el llegar a un equipo grande, a la Selección y dirigir en el exterior. Que lo tuve como ilusión y como sueño sin duda, muchos años, pero no se me dio. No tuve la posibilidad ni siquiera de fracasar. Uno no puede descartar nada. Fijate que estoy dirigiendo la selección de chicos en silla de ruedas que si me lo planteabas hace seis meses atrás te decía, "estás loca". No estaba en mi cabeza y sin embargo lo estoy haciendo. Soy técnico de la Selección Femenina del Fútbol Sala. Peleé durante muchos años por el crecimiento del fútbol femenino en este país y por suerte hoy se logró una buena posición. Son cosas que no tenía pensadas y se dieron. Hoy voy a disfrutar esto, capaz que el año que viene estamos hablando de otra cosa.

—¿Es cierto que nunca te creíste el apodo de Superman?

—Es verdad. Fue un apodo que me acompañó desde el 88 para acá. No es que me lo crea yo, es que la gente lo sigue manejando hasta hoy. Es un apodo que habla de un ser sobrenatural, con poderes mágicos, extraordinario y yo estoy lejísimos de ser eso. Pero el apodo en sí pegó en la gente y quedó para siempre. Hace 23 años que dejé de jugar en Nacional y sin embargo me siguen diciendo Superman gente que ni siquiera era nacida en esa época. Obviamente que me identifica y no reniego de él, pero me siento bastante lejos de ser alguien parecido a Superman.

—Volviste a ser papá hace dos años, ¿cómo te trató cambiar pañales después de los 50?

—Me trató espectacularmente. Estoy feliz con mi hija Isabella. Mis otros dos hijos Jorge y Gimena ya son grandes, tienen sus profesiones, ya formaron su familia y eso me deja muy feliz. Volver a ser padre fue algo que no esperaba que me sucediera a esta edad, pero me pasó y estoy realmente feliz. Es mi solcito. Los hijos grandes ya no precisan tanto de uno y esa sensación de que alguien vuelva a necesitar pila de cosas que vos todavía estás dispuesto a dar es buenísima. Y yo me siento así con respecto a mi hija.

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