ENTREVISTA A FLORENCIA BERTOTTI

"Siempre me metí y me meto en todo"

Nunca se queda quieta y este 2019 decidió que su tiempo era para el teatro para adultos en el que, para sorpresa de muchos, nunca había incursionado a pesar de sus casi 25 años de trayectoria. En esta entrevista cuenta más de la obra, su carrera, su amor por el campo y su vida entre los afectos.

Florencia Bertotti
Este año decidió hacer "100 metros cuadrados", su primera obra de teatro para adultos.

Habla mucho de tirarse a la pileta. Tanto al recordar su primer trabajo en publicidad o a los 12 años en la telenovela Dulce Ana, como al mencionar su experiencia más reciente, haciendo teatro para adultos. Es que si bien Florencia Bertotti está a poco de cumplir 25 años en la actuación, recién este año se animó a un proyecto teatral en el que no hay niños involucrados ni un éxito televisivo detrás. En 100 metros cuadrados, interpreta a Sara, quien entabla una relación con la septuagenaria Lola (María Valenzuela) cuando llega al departamento de esta última con intención de comprarlo, lo que derivará en un pacto.

“La verdad que para mí fue un cambio de todo. Fue tirarme a una pileta que no sabía si me iba a gustar. Intuía que iba a haber algo que me gustara, pero no lo sabía. Siempre sentí que el teatro no me iba a gustar porque era como muchas veces lo mismo, sentía que las repeticiones me iban a cansar, y la verdad que estaba equivocada. Me encantó, me sorprendió gratamente, descubrí que me gusta cada noche hacer una función distinta a la otra porque, más allá de que el texto es el mismo y es todo lo mismo, en algún punto varía mucho según el día, la energía, si llueve, si el público es más expresivo, menos expresivo... Lo estoy recontradisfrutando”, confiesa la actriz en diálogo telefónico con Sábado Show.

La obra se estrenó en mayo y hasta fin de año se exhibirá en el Multiteatro (Buenos Aires). Se trata de una pieza escrita por el español Juan Carlos Rubio adaptada por Manuel Gónzalez Gil, director de la obra, y la propia Florencia. “Empezamos a ponerle cosas que nos parecía que podían sumarle, más allá de contemporaneizarla y de situarla en Argentina. Le pusimos una cuota de humor en algunos lugares, cambiamos el personaje de Stefano (De Gregorio), que era un hombre mucho más grande. Para mí fue un espacio nuevo. Yo siempre me metí y me meto en todo, tengo alma de productora creativa, y siempre venía haciéndolo, pero nunca había adaptado una obra. Es un camino que recorrí con Manuel y fue un placer”, dice.

El vínculo que se establece entre Sara y Lola en la historia le recordó a Florencia una relación que tuvo muy en sus comienzos. “Tenía 12 años y hacía la novela Dulce Ana, en la que había un personaje que era como el ama de llaves, que lo interpretaba Cira Caggiano. Era mucho más grande que yo y para mí fue una relación como ésta; me guió mucho, me acompañó mucho, me orientó. Pese a ser de generaciones diferentes, teníamos mucha empatía, mucho encuentro. Fue una amistad que hasta el día de hoy se sigue manteniendo”, recuerda con cariño.

Luego vino la respuesta del público, que sorprendió gratamente a la actriz. “Hay una especie de emoción mezclada con risa, carcajada, durante toda la función, que se agradece. Lo que más nos sorprende es que es un viaje lindo para hacer. Hombres de sesenta, de cincuenta o de treinta terminan como ilusionados, emocionados y muy divertidos. Y creo que a las mujeres también les pasa lo mismo. Al principio sentimos que era un espacio más de la mujer, y nos empezó a pasar que el público fue variando y creciendo en rango de edad. Venían muchos matrimonios mayores y morían de risa, y aplaudían hombres y mujeres. Cada persona se puede identificar con un personaje o con otro, con una realidad o con la otra. También te deja un mensaje, te quedás pensando, y eso me parece que en esta época es un buen disparador para reflexionar acerca de qué estás haciendo con tu vida hoy, a dónde la estás direccionando, si estás haciendo lo que te gusta, lo que te hace feliz. Ese es el mensaje más fuerte que tiene la obra”, destaca.

Florencia lo vincula de inmediato con su propia filosofía de vida. “Siento que es muy parecido al mensaje que tengo en mi vida personal. La única certeza que tenemos es hoy, lo único que podemos defender es hoy y hay que tratar de hoy estar en el lugar en el que uno quiere estar. Por lo menos empezar a cambiar esas cosas que a uno no le gustan para poder estar como uno quiere estar hoy, o lo más cercano posible. Dejar de ir atrás de una zanahoria imaginaria de que en otro momento va a haber algo mejor o alguien ‘va a venir a’. No, nosotros somos los responsables de nuestro destino, nos merecemos todo lo que nos proponemos”, afirma con convicción.

Letra y música

Compuso la cortina musical de las tiras de TV, Las Estrellas, Guapas y Simona, entre muchas otras canciones.

Inquieta.

Al no verla tan seguido ante cámaras –lo último que hizo en TV fue en 2016 (Silencios de familia)-, el público no puede imaginar lo mucho que hace Florencia. Es de esas artistas que le gusta estar involucrada en todo, ya sea esté actuando en sus proyectos o simplemente haciéndolos andar desde otro rol. Por ejemplo, el año pasado fue la directora artística de la versión teatral de Simona, tarea en la que trabajó en estrecha colaboración con el uruguayo Agustín Casanova, que integraba el elenco encabezado por Ángela Torres.

“Fue un desafío enorme porque era un proyecto que venía de la tele, y había que idear cómo adaptarlo al teatro y a las canciones. El proceso fue completamente creativo y disfrutable porque fue armarlo desde cero, pensar en el libro, juntarme con el autor, con los diseñadores de pantalla… A mí todos los procesos creativos me encantan, me gustan tanto como actuar, es un espacio que voy descubriendo cada vez y voy tomando confianza. Poder hacerlo me completa en otros espacios en los que yo no sabía que tenía un gusto o una búsqueda, y lo voy aprendiendo con el tiempo. No es que trato, es más fuerte que yo, me cuesta mucho ir a hacer solamente un rol. Me parece que todo es complementario y en todo me quiero meter”, apunta entre risas.

Es algo que le pasa desde siempre y para eso le han servido mucho experiencias como Floricienta, un éxito televisivo que también tuvo igual suerte en el teatro. Allí estaba el respaldo de Cris Morena, pero luego probó suerte en solitario, como productora y actriz de otra tira, Niní, que también llegó al teatro y que tuvo su versión en Italia. “Todas las cosas que fui haciendo me fueron constituyendo y construyendo, y dejando un espacio de aprendizaje y de cosas para repetir o para no repetir, para desarrollar o para profundizar. En la obra de teatro de Niní, había un montón de cosas de las que me ocupaba, pero también estaba actuando. Entonces es más difícil cuando actuás, producís, componés, tenés que dar el visto bueno a cada área, vestuario, pantalla, todo… es mucho trabajo y uno tiene que terminar delegando. Como era mi primera experiencia, quería que me acompañaran para no mandarme un moco sola. Después uno va adquiriendo tranquilidad, confianza, y te vas dando cuenta de cuáles son tus puntos más débiles, tus puntos más fuertes. Está bueno ir conociéndose para ir potenciándose e ir ajustando las clavijas”, explica.

El cine también le atrae, pero no tanto como la tele. “No me gusta tanto la repetición exhaustiva de cada cosa. Ahora, igual se filma con un poco más de fluidez”, acota quien estuviera nominada al Cóndor de Plata por El faro, pero también destacara en comedias como Igualita a mí, con Adrián Suar.

Pero en materia de premios, el recuerdo mayor se lo lleva Valeria Marquesi, la hermana de Martín (Mariano Martínez) y Pablo (Nicolás Cabré) en la exitosísima tira Son amores. “Valeria fue un antes y un después. Cuando empecé con ese personaje, tenía poco texto en los primeros libros, y fue creciendo, creciendo, creciendo. Adrián (Suar) me fue dando un espacio cada vez más grande en esa tira. La hermana tuvo vida propia, después hicimos el teatro y con ese personaje me gané mi primer Martín Fierro (luego llegaría un segundo) y mi primer Premio Clarín para Actriz Protagonista. Para mí fue una sorpresa y un placer enorme. La tengo siempre en mi corazón porque fue un personaje que amé hacer”.

Compositora.

No es novedad, pero puede que muchos no sepan que Florencia compone canciones. Ya sea porque se las piden para una tira, ya sea porque se le ocurren tocando la guitarra en su casa o en la ducha.

“Muchas veces me pasa que me llama, por ejemplo, Adrián Suar y me dice ‘voy a hacer tal tira’. Me da los dos primeros libros, yo los leo y escribo una canción a pedido para la cortina musical. La desarrollo con Willy Lorenzo, con quien trabajo muchas de mis canciones. Pero a veces me pasa que hago un montón de canciones para mí, para amigos, porque me gustan. Son mías y las tengo ahí, en el tintero”, cuenta quien ha sido responsable de la cortina de Guapas, Las Estrellas y Simona, una canción para Silencios de familia, varias canciones para el disco de Simona, otras tantas para la obra de teatro, canciones para Esperanza mía, una para Lali Espósito y otra para Ángela Torres. “Esa era una canción que yo le había escrito a mi marido y había quedado ahí. Cuando me pidieron una canción de amor para Ángela en la obra, la adapté un poquito, se la pasé a Adrián y le encantó. Hay de todo en la carpeta de canciones”, dice.

Con un uruguayo.

En 2018, fue la directora artística de Simona en teatro,
en estrecha colaboración con Agustín Casanova.

Amores.

Suar es de esas personas con las que ama trabajar y con la que se lleva muy bien. “Me da mucho espacio, trabajamos muy bien, nos juntamos cada tanto a pensar qué cosas hay para hacer. Encontré un espacio de trabajo y de desarrollo que agradezco mucho, es muy generoso. A mí me encanta probar y él confía mucho. Lo que pasó con el show de Simona para mí fue de una confianza total y ciega en mi capacidad, y eso lo agradecí muchísimo”, destaca.

Precisamente con Suar y Julieta Díaz protagonizó su último trabajo en la pantalla chica, Silencios de familia, una ficción en la que era la tercera en discordia, pero alejada de esos clichés de la “amante malvada” o la “amante víctima”. Por este personaje estuvo nominada al Martín Fierro como Actriz de Unitario y/o Miniserie y al premio TATO como Actriz Protagónica de Comedia.

“No extraño la televisión, estoy haciendo siempre tantas cosas que me gustan, que es como que no me falta nada. Es un medio que me encanta, que disfruto, nací ahí, crecí ahí, me es fácil, es dinámica, me acomodo perfecto y es como que estoy acostumbrada. Es algo que transito con mucha liviandad y divertimento. Es verdad que los horarios son muy intensos, pero como medio me encanta. No la extraño, pero sí me gusta mucho”, apunta y por ahora no confirma que este año se dé el regreso con Separadas, otra ficción que prepara Polka para la que se manejan los nombres de Celeste Cid, Marcela Kloosterboer, Gimena Accardi, Agustina Cherri, Julieta Nair Calvo y Julieta Zylberberg.

“Yo estoy haciendo teatro y no sé hasta cuándo va a seguir, y las dos cosas superpuestas para mí es un imposible. No puedo domésticamente, maternalmente, hago agua. Tengo que ver si me puedo sumar o no, en base a eso será la decisión final”, explica la mamá de Romeo (10 años), el hijo que tuvo con Guido Kaczka.

Precisamente su pequeño es el que la hizo dudar muchas veces de aceptar hacer teatro, por la complejidad de los horarios. Pero este año su actual pareja, el actor Federico Amador, la animó a tirarse a esa pileta y le aseguró su completo respaldo en la casa.

“Somos muy compañeros, nos acompañamos y nos apoyamos en lo que el otro manifiesta que lo hace feliz y quiere abordar, ahí estamos el uno para el otro. Somos, en ese sentido, muy generosos los dos con nuestro tiempo y con nuestra voluntad para ayudar y para estar ahí para lo que el otro necesita. Si no lo tuviera a mi lado, seguramente no podría abordar la cantidad de cosas que abordo, y él lo mismo. Estamos muy en sintonía”, dice con orgullo del hombre con el que comparte su vida desde hace nueve años y con el que le gustaría tener un hijo. “Nos encantaría en algún momento, cuando estemos más libres de trabajo”, aclara.

Uno de sus pasatiempos predilectos es irse todos los fines de semana a un campo que tienen entre San Pedro y Baradero, acompañados por los hijos de Federico, Vito (12 años) y Ciro (9). “Ahora con el teatro no lo estoy pudiendo hacer, o sea que estoy como en crisis. Era religioso, por ese motivo nunca había hecho teatro. La verdad que lo extraño, es nuestro cable a tierra y estoy desesperada por volver”, confiesa. “Tenemos animales, huerta. Camino, leo, paseamos, hacemos fueguito, fogata, buscamos madera… de todo, es como un espacio de ocio y de conexión con la naturaleza, con nosotros mismos, con el silencio, con los espacios de cada uno, con el viento en la cara…”.

Más proyectos.

Actuar, producir, dirigir, componer… muchas facetas, pero la cosa no termina ahí. Florencia tiene desde hace seis años su propia marca de ropa infantil, Pancha Buenos Aires. “Empezó como un camino paralelo porque quería estar un poco más en casa, y tener la libertad de no depender de los medios y de los trabajos que fueran surgiendo. Aparte tenía ganas de incursionar en el ámbito textil y dije ‘es ahora o nunca’. Me tiré a la pileta y al principio me costó un montón, me mandé miles de mocos, errores, equivocaciones, malos cortes, malas confecciones. Diseñaba yo, después incorporé una diseñadora que trabaja conmigo full-time. Vendemos online al Interior, queremos llegar a Uruguay, nos encantaría”, dice quien cuenta que suele venir a Carmelo, Colonia o Montevideo.

“Cuando puedo me escapo un poco. Me encanta el ritmo, todo… en Uruguay es un placer. Le escapo un poco a Punta del Este en el verano, soy más de ir contra la corriente, pero me parece divino, es encantador”, acota.

Alejarse del mundo cuando puede no la hace estar ajena a los movimientos femeninos que vienen marcando este presente. “Participo desde mis redes, desde la crianza de mi hijo, desde las cosas que puedo hacer para mejorar a la gente que está en mi entorno. Tengo la certeza de que todos, sean hombres o mujeres, podemos hacer lo que queremos, y nos merecemos vivir en libertad y con plenitud. Creo en eso y es lo que manifiesto”, concluye con firmeza una mujer para la que siempre aparecen piletas a las que no teme zambullirse.

100 metros cuadrados

El departamento que le ofrecen a Sara (Florencia Bertotti) reúne todas las características que desea, pero presenta un pequeño “inconveniente”: la dueña, Lola (María Valenzuela), de más de 70 años, vivirá en él hasta el día de su muerte. Sara decide comprarlo y esperar… Pero ya sabemos que los acontecimientos no se desarrollan siempre tal y cómo uno los había planeado…

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