entrevista a paula cancio

"La segunda puerta la abres tú"

En Argentina, quizás lo primero que se supo de ella fue que era la pareja de Miguel Ángel Solá (68). En La Leona, estuvo nominada al Martín Fierro Revelación, y este año actuó en El Marginal 100 días para enamorarse. Ahora se prueba como villana para Disney y sigue con la obra Doble o nada. 

Paula Cancio
La española se encuentra en Montevideo con la obra "Doble o nada".

El director de un diario debe dejar su cargo, pero antes de eso tiene que elegir su reemplazo. Hay dos candidatos, un hombre y una mujer. Tal el punto de partida de Doble o nada, la obra basada en un texto de la mexicana Sabina Berman que vuelve a traer a El Galpón a Miguel Ángel Solá y Paula Cancio (funciones hoy y mañana).

“Lo bueno de esta obra es que desde el texto no hay un bueno y un malo, son dos personas en una situación límite que van a luchar por sobrevivir a esa situación. El propio público es quien determina realmente quién es el bueno y quién es el malo, y muchas veces esa determinación viene dada por su historia personal. Por eso el público en esta obra es tan importante, es el cuarto actor y es fundamental”, cuenta Paula (33 años) en charla telefónica desde Buenos Aires. La española encarna a una de las aspirantes al puesto que quedará vacante, su competidor no se ve en la obra y Solá es el director que definirá a su sucesor.

La pareja ya había representado esta obra en Madrid, pero allí se la conoció como Testosterona. “La terminamos mucho antes de lo previsto porque nos tuvimos que venir a rodar La Leona a Buenos Aires y aquí ya la estaba representando otro elenco. Nuestra idea era venir con la obra. A partir de ahí, siempre nos quedó esa espina de volverla a hacer porque había resultado un éxito en Madrid y el feedback era increíble”, explica la actriz. Lo que hicieron entonces fue reacomodar el texto dándole gran importancia a la respuesta y reacciones del público. “Con lo que nosotros habíamos sentido del público español, con lo que había sucedido en Buenos Aires con la obra y el público argentino, y con el feedback que tenía la autora del público tanto en Estados Unidos como en México, empezamos a trabajar sobre el texto. En qué partes parecía que aflojaba un poco, en qué partes subía, dónde había que reforzar, cuál era la situación… eso nos llevó a este último texto que hoy se llama Doble o nada”.

“¿Qué influirá en esa decisión? ¿El sexo? ¿La ética? ¿La capacidad de dar, ocultar o malversar información? ¿La afinidad? ¿El chantaje?”, es lo que plantea la sinopsis de Doble o nada, una obra que, según cuenta Paula, ha sido fuertemente influida por el 8M y todas las reivindicaciones feministas que se han venido dando en los últimos tiempos.

“Es muy curioso porque, cuando la hicimos en España, si bien la fuerza del personaje de ella ya sobresalía, ahora, por la situación social que vivimos, es mucho mayor. De hecho, el personaje ha variado, de alguna forma ahora es un personaje que ya parte desde un poder propio de la mujer de hoy. De esa mujer que habla, de esa mujer que se atreve a decir. El personaje de Micky, cuando lo interpreté en España, era un personaje mucho más supeditado a la figura del hombre, desde que salía en escena. La forma de salir a escena era muy distinta”, destaca la actriz.

Y el cambio no llega solo desde el escenario, sino que también se manifiesta en la platea. “Pudimos ver con el público argentino que, a partir del 8M, hubo un cambio, un antes y un después del público. Antes se reían de cualquier situación del personaje que interpreta Miguel que, por momentos, es de un machismo increíble. Y el público se reía sin ningún tipo de pudor. Muchas veces era una sonrisa nerviosa, como de verte reflejado en momentos, darte cuenta y decir ‘¡qué barbaridad!’. Pero a partir del 8M la gente se cuestiona más si en ese lugar es políticamente correcto o adecuado reírse. Eso es increíble. A partir de esa fecha hubo como una conciencia social de ‘esto no es una broma’, ‘esto no es un capricho de tres mujeres que salen con sus pancartas’; no, esto es un tema serio, y aquí estamos involucrados todos, hombres y mujeres”, subraya Paula.

Vale destacar que el público también incide en el desarrollo mismo de la obra. Si bien no se rompe la cuarta pared, lo que llega de los espectadores puede modificar el encare que los actores le están dando a la trama. “El público tiene muchísima incidencia, no puedes imaginar hasta qué punto. Hasta el punto de determinar un cambio en nosotros sobre el escenario. Evidentemente tenemos que contar una historia, pero la forma en que la contamos puede cambiar de forma mágica. Ves una función con un público de jueves y el sábado es la misma historia pero desde puntos muy distintos, y eso es por las sensaciones con el público”, apunta la española.

Pisando fuerte.

Desde que están en pareja, Paula Cancio y Miguel Ángel Solá van y vienen entre España y Argentina. Son una “familia nómade”, como la define ella, en la que los proyectos laborales les van marcando el lugar de residencia. El retorno a Buenos Aires lo definió La Leona, la tira televisiva protagonizada por Nancy Dupláa y Pablo Echarri a la que fueron convocados para trabajar como pareja. Paula hacía de amante del personaje de Miguel y ese papel le valió estar nominada al Martín Fierro Revelación.

“Fue una sorpresa, vamos, en ningún momento podía ni soñarlo”, confiesa la actriz. “Ya el premio era el propio trabajo en sí. Ese trabajo con ese elenco, que era un sueño. Obvio que cuando llegó la nominación, ese reconocimiento por parte de personas que no me conocían de nada, fue ya un premio en sí mismo. A todos los actores, a cualquier persona le gusta ganar premios, porque se está reconociendo un trabajo”, apunta sobre el galardón que finalmente se llevó su compañera de elenco en la tira, Andrea Rincón, en tanto Miguel Ángel Solá ganó como Actor de Reparto.

Paula no era nueva en esto de la actuación, ya contaba con una vasta experiencia en series de televisión españolas y un par de películas de cine. Pero claro, en Argentina era más una desconocida, por eso resultaba lógico que sus primeros proyectos en la vecina orilla los emprendiera de la mano de Solá. “La verdad que ha sido todo un proceso muy bonito. Me enorgullece porque ha sido pasito a pasito, como hormiguita, de a pequeños escalones… No vino de pronto un boom que me llevara a otro lugar. No, fue de trabajo. Llegué de la mano de Miguel, gracias a él se me abrieron puertas que hubieran sido largas de abrirse si hubiera venido sola. Suponía para mí todo un reto porque sabía que quizás la forma de acceder a las primeras puertas había sido sencilla, pero había un punto de mira ante el ojo ajeno, el porqué estaba ahí. De mí dependía la continuidad que tuviera o no. Porque esto es así, la primera puerta se abre, la segunda o la abres tú o se te cierra de golpe”, reflexiona.

Y supo cómo abrir la segunda puerta, incluso lo hizo sin que su pareja lo supiera. Su representante le contó que se estaba haciendo un casting para la segunda temporada de El Marginal, se presentó y se fue a España confiada de que la había ido muy bien. Lo sintió así. Meses después estaba interpretando a Camila, la esposa del médico preso que encarnó Esteban Lamothe. Ya para su segundo trabajo con la productora Underground la elección fue directa, sin prueba mediante. La llamaron para ser Clara, la astróloga que quiere tener un hijo con Diego (Luciano Castro) en 100 días para enamorarse.

“Para mí supuso un agradecimiento y un reto que me puso mucho la pila”, dice sobre estos personajes. “Un agradecimiento por supuesto a lo que ha sido Argentina, que me ha acogido con los brazos abiertos y me ha permitido que me dieran unas oportunidades maravillosas en producciones como El Marginal, 100 días para enamorarse, ahora en Disney. La verdad que son lugares en los que he trabajado muy a gusto con gente profesional, que me está enseñando cada día cosas muy grandes y, sobre todo, con personajes tan distintos. Eso para una actriz es lo más”.

Cuando menciona a Disney, se refiere a la serie juvenil Once, de Disney Channel, para la que fue convocada como la villana de la tercera temporada y que se encuentra rodando actualmente. “Estoy disfrutándolo no te imaginas cómo (risas). Los personajes de villana me encantan, porque puedes jugar a sacar lo peor. Todos tenemos una sombra. Yo me considero una persona sana, psicológicamente tengo una contención, pero si me miro dentro está esa sombra. La tengo bastante reconocida. Entonces estos personajes te animan a poder sacarla. Además, cuando es para Disney debe estar claro que eres la villana, o sea, no sirve ‘bueno, voy a hacer esto y luego voy a dar una sorpresa’; desde el minuto uno, el niño y el joven tienen que saber que tú eres mala. El juego es muchísimo más grande”, señala y cuenta que está aprendiendo mucho porque trabaja con chicos de distintas nacionalidades. “Te da una diversidad cultural maravillosa, estoy aprendiendo cosas típicas de México, de Colombia, de Brasil… Son actores divinos, estoy muy muy contenta”.

Si bien no llegaba a la categoría de malvada de Disney, su personaje en 100 días para enamorarse no caía muy simpático. “Realmente no era mala, pero rompía la pareja más popular, la de Luciano Castro y Nancy Dupláa”, se defiende. “No te puedes imaginar las lindezas que me decían por las redes sociales (risas). En ese sentido tengo suerte de que la gente es educada conmigo, me decían ‘esto se lo decimos al personaje, a ti te queremos mucho’ (risas). Era una vividora que se había metido entre ceja y ceja tener un hijo con Diego e iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance para lograrlo. Pero creo que no había maldad en ella, peleaba por su bienestar y su deseo”.

Ese análisis que hace Paula de su personaje es algo que le surge por su formación en psicología, carrera en la que se licenció y que confiesa le sirve mucho en su profesión de actriz. “Es un arma que utilizo continuamente. Me enseñó algo que aplico a los personajes y a la vida en general, pero especialmente a los personajes, que es no juzgar. Trato de no juzgar, de hacer ese esfuerzo. Obviamente somos animales que tenemos que sobrevivir y así nos hemos ido adaptando. El hecho de juzgar te permite meter en un casillero de ‘peligro’ a todo lo que pueda hacer daño, por lo tanto es muy fácil hacer el juicio. La carrera de psicología me dio esa arma de tratar de entender a los personajes, no califico el bueno o el malo. Trato de entenderlo, sus circunstancias, por qué se comporta así, y eso me parece que le da mucho más juego, más brillo y más matices. A mí me ayudó mucho a ver que las personas no somos blancos o negros, hay una variedad y una paleta infinita de colores”.

En la intimidad.

Paula y Miguel se conocieron en España, a la salida de un teatro. Los presentaron, él consiguió su correo electrónico y a partir de allí empezó a escribirle. Así la conquistó. “Fue una forma epistolar de conocernos”, bromea la española. Cuando quedaron en verse cara a cara, ya no se separaron más y hoy tienen una hija, Adriana, de cuatro años.

Son una pareja de perfil bajo, incluso en España pocos saben que están juntos. “En Madrid teníamos carreras muy independientes. Luego sí, hicimos Testosterona. Pero tampoco éramos muy dados a dar notas en cuanto a hablar de lo personal, así que nuestra pareja es mucho más conocida en Argentina que en España”, explica quien nunca se sintió intimidada por los más de treinta años que le lleva su compañero. “No me preocupa para nada, yo me enamoré de una persona y esa persona tenía esa edad, tenía dos hijas, vivía unas circunstancias personales. Nunca me importó, siempre lo vi más como una mirada del afuera. Ese afuera es el que pone el punto de atención ahí, yo nunca lo hice”.

También elige el perfil bajo para las redes sociales, aunque a veces se permite publicar algo de su vida personal. “De vez en cuando me gusta postear algo de mi hija, si bien nunca muestro su cara. Protejo su imagen, será ella la que decida si mañana quiere salir en una red social, yo no le voy a imponer eso”, dice y agrega que las redes sí le resultan muy útiles para comunicarse con el público, siempre en su justo término. “Me parece que son una herramienta que, bien utilizada, es maravillosa. No me enganchan de una forma que viva mirando likes y contando seguidores, la verdad que no, pero sí me gusta tener interacción con ellas porque creo que es una forma de acercarme al público muy rápida, además de ser un vehículo maravilloso para extender los trabajos que haces”.

Volviendo al terreno personal, hoy Paula se siente muy feliz con la familia que ha formado y cree que no tendría más hijos… pero nunca se sabe. “Esa es mi idea hoy, mañana de pronto puede venir otro. Yo estoy feliz con mi hija, y lo digo con la voz bien grande y bien orgullosa. Si hubiera tenido que escribir las características ideales de una hija, sería mi hija Adriana, las tiene todas y más, muchas más. Me enseña tanto, me aporta tanto y estoy tan feliz con ella que la verdad que mi experiencia maternal está totalmente saciada. Mi experiencia es maravillosa, la amo con locura, es lo mejor que me pasó en la vida, el mejor personaje que me dio la vida”.
Reconoce que en esa respuesta tiene mucho que ver que ama mucho trabajar, y está claro que los deberes de madre demandan su tiempo y dedicación. “Me gusta ser una madre presente y sé lo que supone eso con un trabajo como el nuestro. Con una hija me apaño, con más de uno no sé si podría dándoles la atención que quiero darles. Por el momento, así estamos perfectos”, afirma.

Entre todo ese trabajo que absorbe su tiempo se encuentra la espera del estreno de Eso que nos enamora, una pequeña película que coprotagoniza con Benjamín Rojas, dirigida por Federico Mordkowicz. “Fue muy hecha a pulmón, muy orientada al público juvenil, muy teen, muy naïf. Significó abrirme a un campo bastante distinto”, cuenta quien se pone en la piel de una fotógrafa, un papel para el que tenía el mejor de los espejos: sus dos padres son fotógrafos y fueron editores jefes de Fotografía en el diario El País de Madrid. “Me ayudó a ver cómo agarrar una cámara”, dice al tiempo que se define como muy mala fotógrafa. “Malísima… Soy buena fotógrafa con el móvil y con mi hija. Pero con una cámara te corto por arriba, por abajo… no es mi fuerte. Sé mirar fotos, ahí sí que tengo un ojo bastante entrenado y suelo acertar. Cuando digo ‘es una buena foto’, de repente vienen mis padres y dicen ‘ah, pues sí’”.

Lo suyo sin duda es la actuación, profesión con la que siempre espera provocar algo en el público. Doble o nada es especialmente ideal en ese sentido “Es una obra de teatro que te hace cuestionarte muchas cosas. Es de esas que sales y sigues hablando de la obra, vas a cenar y sigues hablando de la obra, y a la mañana siguiente te levantas y dices ‘es que yo creo que aquí…’ (risas). ¡Es así realmente! Sales distinto a cómo entras. Para mí, una obra de teatro que te aporte eso, es lo máximo. Yo quiero salir distinta a cómo entré cuando voy a ver un espectáculo de cualquier tipo, que me haga preguntas cuando termina. Eso me encanta”.

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