ENTREVISTA

Sebastián Calderón: Irreverente

Armaba puestas en escena desde niño con el único fin de no bañarse. Aún no se le pasaba por la cabeza ser actor cuando abría la canilla, mojaba la toalla y la alfombra sin meterse abajo del agua.

Sebastián Calderón. Foto: Francisco Flores
Sebastián Calderón. Foto: Francisco Flores

Todos eran actos fallidos porque la madre de Sebastián Calderón siempre lo descubría. Le encontró el gustito a la interpretación gracias a Diego Artucio, profesor de Historia del Arte y del taller de actuación en el Colegio Sagrada Familia. Él le transmitió “el nervio para vivir de forma feliz el teatro”. Mirar de reojo a su primo, el dramaturgo y director Gabriel Calderón, también influyó. Aquí una nota para conocerlo más a fondo.

La hora y media de viaje a Bella Vista se hacía interminable para Sebastián Calderón. Imaginaba que compraría una casa en una isla de mar dulce y así se le acortaba el trayecto. Hacía sumas de cuatro cifras antes de entrar a la escuela y se sabía todas las marcas de autos. Lucía Calderón recuerda con exactitud esas historias donde su hermano menor era protagonista; en la memoria de él están difusas y no logra recrearlas.

El dramaturgo, actor y director tiene 25 años, y armaba puestas en escena en el baño de su casa desde la niñez. Su madre lo mandaba a la ducha pero él no pasaba por abajo del agua. Abría la canilla, mojaba la toalla y la alfombra para disimular, pero se olvidaba de un detalle: el olor y los pies sucios lo delataban. "Cuando vi que mi plan maestro no funcionaba tuve que cambiarlo por uno más certero: bañarme de verdad".

Empezó a desarrollar sus "primeras obsesiones artísticas" en Murga Joven. Los resultados de A fruta y huevo eran pésimos pero se rodeó de un grupo humano maravilloso y puso mucho pienso en las letras que luego sus compañeros cantaban.

Su caligrafía es espantosa y dice conocer la razón. Es diestro de nacimiento, pero aprendió a escribir con su madre, zurda ella, y de tanto imitarla su mano hábil pasó a ser la izquierda. La computadora vino a solucionar la inentendible letra. La plataforma Fotolog fue el primer lugar donde se probó como narrador. Redactaba extensas columnas cómicas y estaba pendiente de las visitas. Ese juego adolescente le generaba libertad y disfrute.

Cursó bachillerato artístico pero no tenía claro a qué se dedicaría. Evaluó la opción de hacer algo vinculado al humor o al periodismo deportivo, pero el taller de teatro que dictó Diego Artucio en el colegio Sagrada Familia le cambió la cabeza. "No aprendí tal o cual estilo, pero me transmitió el nervio necesario para vivir de forma feliz el teatro. Le debo más de lo que pienso sobre la vocación".

Sebastián fundó el colectivo Kinderspiel junto a cuatro amigos dramaturgos (José Pagano, Diego Contenti y Diego Ayubi) con quienes trabaja en cooperación. El nombre significa "juego de niños" en alemán. Sebastián hizo varias campañas para cambiarlo pero "ganó por cansancio" porque no apareció ningún otro título que conformara a los otros tres.

Tienen en cartel el monólogo Terrorismo emocional dirigido por Diego Contenti; repusieron Subterránea (Bruno Contenti), los sábados en Tazú Bar, protagonizada por Sebastián Calderón. Pagano estrenará El Barco y está prevista una gira por Santa Fe, Vicente López y Bahía con Otros problemas de humanidad, con dirección y dramaturgia de Calderón. Luego del Mundial, volverá Lo Contrario a Tractatus, que también es de Calderón.

Genética C.

Ingresó a la EMAD con la voluntad de actuar y consciente de que había algo en el teatro que le inquietaba. En cierto momento dejó de sentirse "lleno ejerciendo solo el rol de actor" y al mirar para el costado se le abrieron puertas. "Tener una referencia tan cercana de alguien que operaba como director y dramaturgo (su primo Gabriel Calderón) me permitió entender que podía ingresar por otro lado al campo del teatro". Las obras que leía de su primo le gustaban y en la etapa inicial lo estimuló mucho. Sebastián le contó que quería escribir y le preguntó cómo podía arrancar. "Leete esto, fijate qué te gusta y después tomá la decisión", le dijo. Sebastián leía muy poco así que pasó por la casa de Gabriel y levantó más de veinte libros; algunos siguen en su repisa y no se los devolverá jamás. "Me hizo un pantallazo de todo lo que había por leer y en función de mis intereses me aconsejó".

A la rama de los Calderón le debe otra pasión: el deporte. Su abuelo Ramón fue un dirigente bien rústico de Atenas, su padre y su tío jugaron en el cuadro de basquetbol de Palermo, y las idas a la cancha eran un clásico en su niñez. Cuando los padres de Sebastián y Lucía se separaron, el paseo con los abuelos era almorzar todos los domingos en la parrillada del club de pesca donde solo pedían molleja, e ir a la cancha de Atenas para alentar al cuadro desde la tribuna contraria.

Sebastián recuerda a su abuela como "una señora muy acalorada" que sufría mucho cuando Ramón armaba líos "con la impunidad del viejo". Su abuelo era calentón, mañoso y de veterano adquirió una costumbre para no pasar desapercibido: "Cuando un juez cobraba un fallo en contra de Atenas y la tribuna salía a putearlo, él esperaba en silencio, pero cuando todos se callaban y tenía al árbitro cerca le gritaba, burro, y retumbaba en toda la tribuna".

Canchas.

Es hincha de Peñarol y juega al fútbol desde los cinco años en la Liga Universitaria con sus amigos de AEBU. Bruno Travieso, actor de Lo Contrario, lo define como un "DT del teatro" por su arenga constante. Sebastián no se percibe tan así. "Hay directores mucho más pasionales que yo. Soy frío en la transmisión pero me considero muy sensible, atento, perceptivo e intento limpiar el espacio de creación: quito los secretismo para que sea lo más sincero y puro".

No concibe las obras como un partido de fútbol pero entiende los elencos como equipos. "Es difícil no sonar demagogo y sé que es un lugar común pero también una certeza en esto: el poder del colectivo es más grande que la figura individual. La obra no es la persona".

Sus dirigidos le reconocen muletillas: "La obra necesita esto", "a la obra le hace bien esto, no le hace bien lo otro", suele repetir. Le gusta provocar en sus propuesta, pero lo encara con tal seguridad que el equipo se anima a "darle para adelante". Los actores de Otros problemas de humanidad comienzan tarareando muy mal una canción en inglés y hacen un baile muy estrafalario. El elenco titubeó cuando escuchó la idea: no querían pasar semejante vergüenza ni que la carrera se les arruinara en treinta segundos. Desarrolló una estética tan irreverente que en la interna empezaron a llamarlo "teatro paloma". Pero estaba tan convencido que la escena funcionó.

—Defender la ridiculez con seguridad hace que el que esté observando algo que parece tan bizarro empiece a creer en eso y se vuelva una forma de proponer otro mundo posible.

Sus compañeros lo definen como un director irreverente y defensor de lo indie. Él percibe sus obsesiones artísticas de igual modo pero todavía no se ve director: "Es un espacio donde no he estudiado, entonces aplico intuiciones que vienen de mi experiencia como actor y dramaturgo, donde sí tengo una base más sólida por los talleres que tomé".

Siente gran goce si las preguntas existenciales, las emociones fuertes y el ingreso a una zona sublime se dan a través del ridículo. Bruno Travieso recuerda que le pidió que construyera el rol de Abelardo para Lo Contrario desde la extrañeza máxima. Sebastián le mencionó el recuerdo de un grito desgarrador que hacía su tío Carlos mientras se bañaba en la casa de Bella Vista, lo imitó y con mucha naturalidad le lanzó, "quiero traer ese ruido".

—Creo que si estudiara y leyera más le podría ofrecer una referencia más sólida. Bruno nunca vio a mi tío Carlos y no tiene ni idea qué significa. En un momento del proceso conecté con ese grito que me desorientó cuando lo escuché en mi niñez y se lo ejemplifiqué, algo que intento no hacer porque los actores solucionan mejor solos. Dar un ejemplo ayudar pero podés limitar las ideas del intérprete.

Temporadas.

Es docente de teatro en escuelas, dicta talleres en cárceles de mujeres, y otros de dramaturgia en Tractatus y en su casa. Pero no se olvida que en su adolescencia trabajó como duende de Papá Noel en zafras navideñas (del 1° al 23 de diciembre). Los trajes eran horribles y como era para una famosa marca de refrescos le daban bebida gratis las ocho horas pero "al tercer día no querías más". Lo hacía con amigos y el objetivo era juntar unos pesos que se volcaban en su totalidad al veraneo en Rocha.

Lleva dos temporadas estivales repitiendo esa experiencia adolescente pero con una cabeza más adulta: se fue a Pueblo Garzón y trabajó en el hotel de Francis Mallmann en el pase, un rol que, según cuenta, solo existe en los restaurantes de alta gama y consiste en ser intermediario entre la cocina de autor y los mozos. Se fue con el deseo de redondear el texto de Lo Contrario ya que no terminaba de encontrarle la vuelta después de cinco años de proceso.

En los ratos que tenía libres aprovechaba la tranquilidad del lugar para escribir sin cesar. "Volví el 15 de febrero con la obra pronta y con los actores siempre en mi cabeza".

—El humor y el absurdo aparecen de principio a fin en Lo Contrario, ¿te resulta fácil usar ese recurso?

—Fue la forma en que organicé la idea desde los diálogos. Para mantener el interés de la situación apelé a mecanismos de humor conocidos, que existen. Igual me gustaría que la próxima obra no tenga tanto humor para no vetar otras posibilidades más oscuras o de extrañeza, pero en esta asumí que tenía que contar desde el humor.

—Los conductores del programa Lo Contrario tienen menos de 30 oyentes, ¿te inspiraste en el programa Manteca al techo que tenías en una radio digital con tu grupo de amigos de AEBU?

—Es un homenaje a Manteca al techo. Era mi equipo de fútbol haciendo un producto artístico: la síntesis perfecta. Teníamos fieles escuchas y estábamos llenos de buenas intenciones pero no teníamos tiempo de producción ni experiencia. No te podían escuchar más de 100 personas porque se caía la transmisión on line. Teníamos un espacio donde se recomendaban series, quisimos traer bandas en vivo, pero eran dos horas y terminábamos hablando de fútbol, que era de lo que podíamos opinar todos.

La radio es un artefacto y medio recurrente en sus dramaturgias. En Otros problemas de humanidad también recurrió a ella en una escena cortita. Dice que la usó a modo de "homenaje a la obra fracasada", ya que todavía no había podido terminar de escribir Lo Contrario, pieza que le llevó cinco años porque no contaba con las herramientas suficientes para hacerlo.

El ciclo Manteca al techo duró seis meses, pero Sebastián se quedó con gusto a poco. Manejó la idea de hacer un programa radial desde el bar de su amigo y colega José Pagano pero no prosperó. Este año surgió una posibilidad de sumarse a un proyecto en el dial pero lo descartó por falta de tiempo. "Decidí que quiero pisar el acelerador sobre la actuación para no descuidarla porque el cuerpo se oxida, y de acá a fin de año voy a dedicar mucho tiempo a los ensayos".

La radio tendrá que esperar porque en 2019 planea irse un año a Europa. Considera que es el momento ideal porque hoy no tiene compromisos que lo aten. Todavía no definió el destino pero lo más probable es que se instale en Alemania para mezclar el turismo con talleres y cursos. "Quiero vivir un enfriamiento teatral porque vengo generando mucho y disfruto menos de lo que podría hacerlo si bajara la pelota. Tengo una obra escrita y actores en la cabeza pero no tengo la necesidad ahora. Quiero juntar ganas de hacer de vuelta".

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