"Tengo alma de policía"

Santiago Bernaola o la historia de un superhéroe desempleado

Experiodista y expolicía, no tiene trabajo pero sigue informando (y luchando) contra el crimen. La historia de un cronista policial que tuvo su pasaje por los canales 10 y 4 y que no logra reinsentarse en los medios. Y tampoco pude cumplir su sueño de regresar a la policía. 

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Santiago Bernaola

Santiago Bernaola dormía en una de estas noches templadas de invierno retrasado. Había una luna redonda que entraba por la ventana. Sintió ruidos y al levantarse vio a un ladrón en la planta baja de la casa. Bernaola se tiró encima del delincuente y comenzó una lucha intensa mano a mano, sin armas y en la que el dueño de casa logró maniatar al ladrón, no sin llevarse un corte en la nariz.

Bernaola llamó a la policía (digitó *911) pero no lo atendieron. Entonces grabó con el celular al delincuente que a cara ensangrentada respondía a un especie de interrogatorio. El hombre dijo a cámara su nombre, reconoció que tenía cuatro antecedentes penales y se comprometió a no volver a esa casa. Dicho esto, Bernaola le abrió la puerta y lo dejó ir.

El video lo publicó el 25 de mayo en su cuenta de Facebook, donde acumuló más de 50.000 reproducciones y representa la última polémica de Santiago Bernaola.

¿Estuvo bien en exponer públicamente el rostro del delincuente?, o antes inclusive: ¿fue adecuada su reacción de golpear al ladrón?

En realidad, hay que decir que la vida entera de Santiago Bernaola, 43 años, periodista y expolicía, transita al filo de esos dilemas tan cotidianos en la agenda de la inseguridad. Para algunos, su valentía es propia de un superhéroe ciudadano y su karma ha sido vivir en el Uruguay de hoy. Una especie de Superman (que en su ficción era periodista también) encorsetado por los alcances de la figura de la legítima defensa y abrumado por la paridad legal (¿o superioridad?) de los derechos aplicados a los villanos.

Para otros, Bernaola excede o por lo menos confunde, los límites. Siendo periodista (ejerció más de 20 años en Señal 1 y los canales 10 y 4), apresó a decenas de delincuentes en las calles de Montevideo. Los grababa robando y una vez que salían, los detenía y retenía hasta la llegada de los uniformados. El informe completo salía en el noticiero correspondiente, omitiendo, claro, que el periodista había sido el captor.

¿Era o es ese un comportamiento apropiado para un periodista real?

Santiago Bernaola sabe que habita en esos bordes y actúa en consecuencia, una vez que analiza con frialdad los hechos. Ahora, por ejemplo, se declara arrepentido de haber subido el video del ladrón de su casa.

"No sé qué me pasó. No tendría que haberlo hecho. Últimamente, muchos tenemos esa mala costumbre de todo lo que nos pasa lo volcamos a las redes sociales", dice.

También se arrepiente de una frase que dijo en Monte Carlo TV, su último trabajo en los medios. En un móvil en vivo a propósito del robo a la oficina del Correo de Pocitos, donde murió un policía (un amigo suyo) y un rapiñero, dijo que "por suerte" había fallecido un delincuente en el episodio. Ese comentario, más la queja que hizo en Facebook por la suspensión que le aplicaron, desencadenó su despido.

Fue hace dos años y medio. Desde entonces, ha querido volver a los medios pero las puertas que tocó no se abrieron. "Siento que el periodismo me abortó", asegura.

Con cinco hijos de diferentes exparejas, a Bernaola se le está complicando el alquiler y comer todos los días. "Soy un muerto de hambre. Ponelo así porque no me da vergüenza definirme de ese modo. En este momento vivo como puedo y me ha faltado el pan en la mesa".

Bernaola vive en una casa muy pequeña y muy humilde en una zona espesa de Carrasco Norte. No tiene trabajo estable y hace "changas" en el rubro seguridad cuidando ocasionalmente a una familia de Carrasco. En este tiempo también trabajó como sereno y de peón en mudanzas. Fue un fugaz vocero del reaccionario Partido Uruguayo en una etapa que Bernaola califica como "un trabajo" igual a cualquier otro.

Hasta ahora, a lo único que se ha negado es a un puesto de guardia de seguridad en un shopping o comercio.

Por dos razones. Uno: "No resistiría que alguien me reconociera y se ría: vos eras el de Canal 4 o Canal 10". Y dos: "No me permitiría terminar como (César) Casavieja (expolicía y experiodista también) que era guardia de seguridad de un supermercado y murió baleado por delincuentes".

Pero lo que más desea en la vida es volver a la policía. Después de prestar servicio por 22 años, cierto día apresó a un delincuente que había arrebatado a una mujer y lo hizo con tanta pasión que terminó procesado por lesiones y abuso de autoridad. En concreto, le quebró el maxilar al ladrón y eso, en el mundo real, le costó cinco meses de cárcel y la baja de la fuerza pública.

Ahora intenta regresar pero se ha encontrado con muchas trabas. "Si bien yo estoy sobreseído de aquella causa, me dicen que por la edad no sería posible o que el reingreso lleva un trámite largo, que lo tiene que analizar el Ministerio del Interior. Ojalá algún día vuelva. Yo soy policía de alma".

Un hobbie.

Santiago Bernaola no está en los medios ni en la fuerza pública, pero a su modo sigue siendo periodista y sigue siendo policía. El único problema es que no cobra por ello.

El cronista usa ahora las redes sociales y el blog "El gato informa" (tal su apodo) para mantener a su público (dice que tiene un núcleo duro de seguidores) informado de los hechos de sangre de la jornada. En su celular (cortado para hacer llamadas) sigue recibiendo las noticias que viejos amigos policías le pasan.

"Un policía fue víctima de rapiña en las inmediaciones del estadio de Danubio"... O "Gracias al trabajo de vecinos y Policías fue detenido el degenerado de Toledo"... se puede leer al azar en un perfil de Facebook con una decena de intervenciones diarias por el estilo.

"Es un hobbie", define, aunque las cosas se están complicando. El periodista no tiene servicio de Internet y acude a las plazas públicas con red Ceibal para conectarse y publicar.

Se ríe porque más allá de la precariedad, dice que sigue siendo imbatible en materia de primicias frente a sus colegas. "Siempre me entero antes y a veces, cuando pasa algo urgente, me desespero por agarrar wi-fi", asegura.

Tal habilidad informativa es la principal carta de Bernaola para un eventual regreso. Tiene esperanzas de que en un futuro la información policial vuelva a un "pico" y con ello, regrese a los medios.

Hoy, los noticieros no están tan teñidos de sangre como años atrás. A lo mejor influenciados por el discurso del gobierno que han criticado una eventual sobredimensión de las crónica roja o concediendo prioridad a lo político o deportivo, los informativos de hoy no suelen abrir con la información policial ni darle mayor desarrollo.

"Pero todo es cíclico y el que manda es el rating", acota Bernaola. Los noticieros siempre darán las noticias que quiera ver la mayor cantidad de gente. Y la sangre, se sabe, tiene ese doloroso encanto.

Una pasión.

Cierta noche, Bernaola volvía con sus hijos chicos a su casa. Vivía en una edificio en la calle Andes. Vio que en la vereda de en frente dos delincuentes estaban forzando la puerta de un auto. En su cuerpo comenzaron a desencadenarse síntomas que conoce muy bien: aceleración de latidos y respiración y una adrenalina que siente como en el cuello, que le eriza los pelos. Llamó al 911 y denunció pero el patrullero tardaba y tardaba...

No aguantó más. Encerró a los niños en el hall del edificio, les ordenó que se quedaran ahí y que no miraran. En la calle enfrentó a los delincuentes. Uno escapó y el otro sacó un cuchillo para luchar con Bernaola. Pero el periodista-policía-padre lo tomó del brazo y le quebró la muñeca al ladrón que al cabo salió corriendo a los gritos.

Media hora después llegó el patrullero y todo había sucedido. El auto estaba en su lugar, su dueño ni se enteró, los ladrones estarían vaya a saber dónde y Bernaola no sabía qué hacer para contener el llanto de dos niños que todo habían visto.

"Es lamentable, pero yo no puedo mantenerme al margen", dice Bernaola. Por lo demás, añade que todo ciudadano tiene derecho a practicar el llamado "arresto civil".

A diferencia de muchos, cada vez que ve una situación de inseguridad, Bernaola siente el impulso de intervenir. Y a mayores cifras de inseguridad, Bernaola anda cada día con los pelos más erizados.

"Tengo miedo como todo el mundo, pero puede más la adrenalina y lo que yo llamo el instinto policial. Lo llevo en la sangre".

Además, Santiago Bernaola dice tener un sexto sentido para detectar rostros sospechosos en las calles. "Todas las veces que trabajando en la calle en los canales seguimos a alguien, no le erramos. A las pocas cuadras entró a robar".

De abuelo y de padre policías, Bernaola trabajó 22 años en la policía, en especial en la desaparecida Radio Patrulla. Atendió partos, arrestó a los miembros de la famosa "Polibanda", participó en tiroteos donde murieron delincuentes, sin tener la certeza de si fueron de su arma las balas mortales. Recibió también dos tiros: uno en pierna y otro en un brazo.

Hoy, en su casa en medio de la espesura de Carrasco norte, no tiene arma porque considera que no la necesita. "Yo no soy violento. Yo respondo con violencia cuando veo una situación de delincuencia. Fuera de eso, soy una persona normal completamente.

—¿Crees que tienes un problema?, ¿alguna patología?

—No, no, no. Creo que esa es mi vida. Nací para esto.

—¿Alguno de tus hijos es o quiere ser policía?

—No y no lo quisiera tampoco. Hoy el policía es un tipo mal visto. La gente no le tiene respeto. Antes era considera como un protector, como un héroe. Ese es el policía que yo quise ser.

SABER MÁS

En un duro momento.

Santiago Bernaola tiene 43 años. Empezó en la crónica roja en la desaparecida Señal 1. Trabajó luego en Canal 10 y pasó a Canal 4, donde fue despedido en 2013. Desde entonces ejerce el periodismo policial desde su Facebook en el blog El gato informa. No tiene trabajo estable. "No entiendo a quien dice que roba para comer. Yo no he tenido y no se me dio por robar".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)